Columnistas

A POT muerto, POT puesto
Autor: Iván Guzmán López
4 de Noviembre de 2014


El entierro de quinta que recibió el viejo POT, debe tener felices a quienes gobernaron la ciudad en los últimos 15 años. Bajo esa “carta fundamental para Medellín” (como usualmente lo dicen quienes son autoridad en la ciudad, entre otras...

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El entierro de quinta que recibió el viejo POT, debe tener felices a quienes gobernaron la ciudad en los últimos 15 años. Bajo esa “carta fundamental para Medellín” (como usualmente lo dicen quienes son autoridad en la ciudad, entre otras cosas, más “por un arrebato del destino”,  que por capacidad propia), se ha cometido toda clase de bellaquerías, entre ellas el sembrado de “agujas”,  palomares y pajaretes,  en  barrios como El Poblado, Aranjuez, Castilla, Robledo, etcétera,  etcétera, etcétera, y hasta en antiguos rellenos sanitarios, en iguales o peores circunstancias que el Space. Era un POT sin control y sin dientes, que propició la pauperización urbanística y de usos amañados del suelo, calles, carreras, avenidas, y las pocas zonas peatonales que hoy existen. Asfixió el Centro con el cierre de vías fundamentales como Carabobo y Bolívar, y estrechó otras como San Juan y la Avenida del Ferrocarril, únicas arterias de la ciudad, al lado de la Avenida Jorge Eliécer Gaitán (La Oriental) afectada en grado sumo en su paisaje y movilidad con adefesios urbanísticos como las Pirámides de Fajardo (tan onerosas para la ciudad, pero tan rentables para otros), que hoy son ruina y vergüenza para una capital denominada “la más innovadora”. Y no cito elefantes como el de la 4 sur, para no alargar el asunto. Lo cierto es que el viejo POT (¿o la incapacidad del gobernante?), permitió que muchos barrios y comunas enteras, entre ellas la 10, (o el Centro, que llamamos), se convirtieran en parqueaderos callejeros, zonas de prostitución e invasión y venta de pornografía, piratería y contrabando, delincuencia organizada, y tráfico de toda suerte de drogas y alucinógenos. Era un POT sin dientes, sin autoridades coordinadas, que se pasaban la pelota del deber y del hacer (ojo: ¡ya hablo en pretérito!).


Afortunadamente, a POT muerto, POT puesto, y este nuevo, que el Concejo y el Alcalde saludaron como al nacimiento de un Mesías, promete “verdad, justicia y reparación”. Ya lo dijo Aura Marleny Arcila Giraldo, preclara dama del Cabildo (como diría Salom Becerra) y coordinadora de ponentes del nuevo POT: “Ya no queremos más casinos, ya no queremos en la ciudad más enlaces con el turismo sexual”. Y aseguró: “Este POT sí prestará atención a los mecanismos de gestión y control, no se trata sólo de anunciar la ciudad que soñamos, sino la que podemos  gestionar y controlar”. Como “a la gente hay que creerle” (según dijo uno de los tantos padres de la patria), cito las palabras de Jorge Pérez Jaramillo, director del Departamento Administrativo de Planeación, cuando dice: “Este será el POT de los ciudadanos, y para respetar cada una de sus propuestas y el trabajo de todos en el proyecto de acuerdo, después de la aprobación de este POT, comienza la puesta en marcha de estrategias para vigilar y analizar el cumplimiento de cada una de las normas”.  A su vez el alcalde, en consonancia con su muchacho,  dijo que: “el POT no se quedará en el papel, como el que firmaron en 1999, y para ello crearemos un pacto de ciudad con los habitantes de las comunas para que vigilen que el modelo se cumpla. Y a través de un proyecto de acuerdo, propondremos herramientas e instrumentos de control y gestión para ejecutarlo”.  


Si el nuevo POT, promete una ciudad para el peatón, gestión y control a componentes como amenaza y riesgo, servicios públicos, clasificación del suelo,  estructura ecológica, espacio público, movilidad, centralidades y usos urbanos, sistema habitacional, entre otras, ya no hay más escusas para no intervenir la inmundicia e inseguridad del Centro, para hacer pirámides, para cerrar vías, para cobrar valorización alcabalera y para otorgar licencias de construcción de agujas, pajaretes y Spaces. ¡No hay excusa! A no ser que existan otras razones…de peso.   


Puntada final: de nuevo la tragedia en Amagá. Nuevamente vimos a los gobernantes pidiendo investigaciones exhaustivas. Vimos al gobernador Fajardo con su séquito de verborreros consolando a las víctimas, mientras los noticieros de la televisión nos repiten que no se observaban los mandatos técnicos necesarios para evitar esta tragedia.  Nadie los hace cumplir, porque en Antioquia y en Colombia, vale más la plata que la vida.