Columnistas

Y de las vacas, ¿qué?
Autor: Anibal Vallejo Rendón
4 de Noviembre de 2014


Entre los 20 sectores del programa de transformación productiva del ministerio de Comercio industria y turismo cuatro provienen de la explotación animal: cuero, acuícola, carne bovina y lácteo...

Entre los 20 sectores del programa de transformación productiva del ministerio de Comercio industria y turismo cuatro provienen de la explotación animal: cuero, acuícola, carne bovina y lácteo. Las cifras publicadas en el periódico EL MUNDO (28 de octubre de 2014) son muy dicientes de lo que este último sector significa en la economía. Y se habló de capacitación, visión empresarial, apalancamiento y modernización. ¿Y de las vacas, qué? Nada. Ya lo dijo J.M.Coetze, el premio nobel de literatura refiriéndose a las fuerzas del mercado que llevan a los granjeros a actuar con crueldad: “ Puede que no esté lejos el día en que de nuevo tratemos a nuestros compañeros animales de una manera más ética, y los consumidores podemos hacer mucho para que ese día llegue antes”.  


Los sistemas intensivos de producción animal contrarían los procesos naturales. Las vacas tienen una vida afectiva intensa: establecen relaciones con otras y si se les deja, pasan la mayor parte del tiempo juntas. Se lamen y se asean mutuamente. Como también pueden establecer relaciones de enemistad. La gran mayoría de las vacas lecheras permanecen confinadas, muy pocas pueden pisar la hierba (aquellas que producen leche ecológica). En comparación a años anteriores la tendencia actual es el aumento considerable de producción de leche. La ingeniería genética diseñó la somatotropina bovina, una hormona de crecimiento, la cual está prohibida en Canadá y la Unión Europea. En Estados Unidos su empleo es habitual. Aumenta la producción de leche y su aplicación puede causar malestar y provocar mastitis. Las vacas son fecundadas artificialmente, año tras año. Empiezan a producir leche después de parir y como el negocio es vender la leche y no los terneros, estos terminan sacrificados para la producción de comida para perros y gatos. Los  más fuertes se destinan para engorde.   Al criar la vaca empieza a lamer al ternero, pero estos son retirados pronto. La vaca empieza a mugir y a dar vueltas en su encierro, se desespera buscando la cría. A la gente no le gusta admitir que los animales tengan sentimientos. Los terneros que no son sacrificados  son alimentados con mezclas de leche en polvo, almidón, grasas, azúcar, antibióticos y aditivos hasta que están listos para ser llevados al matadero. En condiciones naturales una vaca vive cerca de 20 años, las lecheras se suelen matar entre los 5 y 7 años porque no pueden mantener un ritmo de producción de leche antinatural.


Comer de manera ética exige saber cómo se produce lo que comemos. La capacidad de sufrir nos acerca a los animales. Qué bueno sabría la leche si las vacas se beneficiaran de las buenas prácticas ganaderas de las que ahora tanto se habla. Si estuvieran libres, si pudieran pastar en los potreros, si se aparearan naturalmente, no se forzaran sus gestaciones, si amamantaran sus terneros, si retozaran en el abrevadero y sus mugidos no fueran el lamento al arrebatarles sus crías. El papa Benedicto XVI declaró que “el dominio del ser humano sobre los animales no justifica las granjas industriales”.