Columnistas

¿Perdón, y olvido?
Autor: Mariluz Uribe
3 de Noviembre de 2014


Para que pensemos en lo que sucede en nuestro privilegiado y des-amado país, resumo un trozo del filósofo estoico romano Séneca, tomado de su obra “De la Clemencia”. Séneca desaconsejaba el perdón como opuesto a la justicia. Pero aconsejaba...

Para que pensemos en lo que sucede en nuestro privilegiado y des-amado país, resumo un trozo del filósofo estoico romano Séneca, tomado de su obra “De la Clemencia”. Séneca desaconsejaba el perdón como opuesto a la justicia. Pero aconsejaba la clemencia:


- “Diré por qué no perdonar: Establezcamos qué es el perdón, para convencernos de que el sabio no puede concederlo. Perdón es remisión de un castigo merecido. ¿Por qué no debe concederse? ¿Por qué no se debe perdonar al que debería ser castigado?


Lo que quiere obtenerse por el perdón se consigue por un camino mucho más honroso: ¡el de tolerar, aconsejar y corregir! Se hace lo mismo que si se perdonara, pero no se perdona, porque perdonar es omitir algo que debería hacerse. Se reprenderá, pero no se castigará, a alguno atendiendo a su edad, que le permite enmendarse. A otro, a quien su crimen expone al odio público, se buscará salvar porque delinquió seducido o atontado. 


No habrá pues perdón, sino clemencia. Esta tiene libre albedrío: no juzga por fórmulas, sino por el bien y la equidad. Puede absolver y tasar los castigos como conviene.  No pretende anular la justicia, sino que sus sentencias se ciñan a lo más justo. Perdonar es no castigar lo que se juzga perdonable. Perdón es remisión del castigo debido. Pero la clemencia es más completa y honrosa que el perdón. El sabio omitirá gran número de castigos; conservará unos hombres de mente enferma, pero que pueden sanar. 


Imitará al diestro agricultor, que no cultiva sólo los árboles rectos y elevados, sino que enderezará los torcidos. Podará unos para que las ramas no detengan su crecimiento; abonará otros que languidecen en suelo empobrecido, y a los que están cubiertos por extraña sombra, les abrirá el cielo. Siguiendo estos ejemplos, el sabio examinará de qué manera debe tratarse cada espíritu para atraer al bien a los que se han pervertido”.


Aquí está pues para que pensemos, lo que decían esos sabios de antaño que podían pensar, no había carros, ni “ciclas”, ni motos, ni teléfono, computador ni adláteres; celulares, colgando de los cuales la gente “vive”, maneja, come, baila, duerme y hasta… Aunque los menos doblegados al modernismo nos preguntemos “¿Cómo hará?” 


Pero ya hemos perdido el contacto con él, con ella. Qué bueno para los que aún pensamos y resolvemos solos, si queremos ser libres e independientes. Sugiero leamos en libro, escribamos con pluma en papel. Así de pronto, motu proprio, podremos resolver qué hacer.


Castigo automático no, pensado, así la cosa tome su tiempo, llegará. ¿Clemencia automática? Más difícil todavía, hay que leer sobre ello y escribir a ver si hemos entendido. ¿Olvido? Nunca. Es imposible quitar lo que está grabado en nuestra mente, allí quedará así suframos de alguna demencia, olvidaremos los anteojos, qué vino era, cómo se llamaba el que amaneció en la casa, pero lo que hemos sufrido no se olvida. “Lo escrito, escrito está”. Lo dijo Pilatos cuando lo criticaron por haber escrito “Iesvs Nazarenvs Rex Ivdaeorvm” INRI en la cruz.


Y lo sufrido ahí está. El olvido no existe. El cerebro está para pensar, pero hay unos lóbulos, en la parte occipital de la cabeza, que fueron casualmente encontrados y estudiados por un sabio médico canadiense que al tocar con un instrumento cierto conjunto de neuronas, logró que su paciente recitara su vida desde la lejana niñez, los modos de experimentar vida, los asesinatos sufridos en su alma, ¡todo! 


Al envejecer se olvidará como se llamaba el marido pero se recordará la noche que llegó con el carro estrellado y la cara y la camisa llenas de besos rojos.


¿Perdón y olvido? Ja, ja.