Columnistas

El Modelo Medellín
Autor: Guillermo Maya Muñoz
3 de Noviembre de 2014


El pasado 14 de octubre se realizó en la UPB el foro ¿Existe el modelo Medellín?, organizado por el profesor y columnista de EL MUNDO Jorge Alberto Velásquez.

El pasado 14 de octubre se realizó en la UPB el foro ¿Existe el modelo Medellín?, organizado por el profesor y columnista de EL MUNDO  Jorge Alberto Velásquez. Los foristas fueron Federico Gutiérrez Zuluaga, candidato a la alcaldía de Medellín; Francisco Zapata Builes, Área Metropolitana, y este servidor. Aquí se presentan algunas, advierto, de las ideas presentadas en el foro.


Sergio Fajardo, imitando a Mockus pero sin su audacia histriónica, de quien ya fue formula vicepresidencial en 2010, con el movimiento Compromiso Ciudadano, bajo los lemas de la antipolítica y  anticorrupción, participó en las elecciones para la alcaldía de Medellín del 2000. Perdió. Pero, logró llegar a la alcaldía en 2004-2007, dando inicio al “Modelo Medellín”, con el respaldo de ProAntioquia, centro de pensamiento de los “cacaos’” de Medellín que ponían la fuerza del capital, organizaciones no gubernamentales, como Región y otras, que ponían el análisis social y los activistas, algunas celebridades, que ofician de relacionistas públicos y validadores del “modelo”, y los arribistas de profesión.


Fajardo, miembro de una familia ligada a los negocios inmobiliarios y de construcción, no era conocido en Medellín, en donde no tenía arraigo, porque su vida estudiantil y profesional se desarrolló en la encumbrada y elitista Universidad de los Andes, Bogotá. 


Fajardo decidió incursionar en la política, empezando a opinar sobre los problemas locales desde su columna en El Colombiano; y con sus dos programas de televisión  logró abrirse un espacio en la política local, conquistando la aceptación de las clases medias  ansiosas de mayor seguridad y tranquilidad.


Su perfil ideológico lo describe el lema: “no soy ni uribista ni antiuribista”. Desde el punto de vista pedagógico muy mala lección para los jóvenes, que deben tener convicciones, pero que al malabarismo fajardista le ha funcionado: No se mete en discusiones ideológicas, hace obras. El discurso político es atemperado y racional, casi académico y su programa con objetivos sociales convocan la población: educación, movilidad, gasto social, seguridad, anticorrupción, etc.


En Medellín no es fácil ser mal alcalde con el inmenso presupuesto que tiene la ciudad de más de 3 billones de pesos anuales, que salen de las transferencias de EPM, cerca de un billón de pesos anuales, las altas tarifas en servicios públicos, y las tarifas catastrales más altas del país. Igualmente, Medellín tiene una tecnocracia eficiente, copada por el fajardismo, pero también con grandes gabelas como sucedió en UNE.


Además, EPM ha sido usada para promover los grandes grupos económicos, que proveen de gerentes y miembros en la junta directiva de EPM, empresas en sociedad, data centers, renting de carros de basura, energía, comunicaciones, etc. Por otro lado, la reforma empresarial de EPM de 2005, en comunicaciones, sentó las bases legales para la fusión que llevó a cabo Aníbal Gaviria entre UNE y la extranjera Millicom, y que estaba cantada, después de que Fajardo regaló a Ola en 2006 a los mismos suecos.


Aunque “en Medellín no se pierde un solo peso”, los dineros desperdiciados por los tres últimos alcaldes son inmensos: ¿Recuerdan de Fajardo las pirámides de la Oriental?  ¿El cambio de logo de EPM por una empresa de publicidad catalana?  ¿La compra de Orbitel que valía mucho menos de los 80 millones de dólares (mdd) que pagaron por ella? , etc. (Véase: “El Poblado: El cobro por valorización duele”, EL MUNDO, 20 de octubre de 2014).


En cuanto a la educación, la estrategia de “la más educada” supedita la movilidad social al esfuerzo individual, en medio de la adversidad para los menos afortunados, mientras el aparato productivo no responde con trabajos y salarios adecuados.  Educación sin industria, sin trabajo, callejón sin salida. Economía del precariado informal. Si es importante estudiar, más lo es trabajar, no para pararse en una esquina o emigrar.


Se usa y se abusa de los estudiantes, en múltiples concursos,  para la promoción mediática, de la imagen presidencial de Fajardo. No se pierde ni un campeonato de pisingaña, si hay cámaras. Pobres resultados en educación, bajas calificaciones nacionales e internacionales. Mucho cemento, ladrillo y “carreta”, pero se caen las fachadas de las bibliotecas.


El desarrollo urbano de la ciudad ha estado determinado por los intereses inmobiliarios capturando la renta y plusvalía urbana, mientras la institucionalidad municipal es testigo mudo. Los alcaldes acomodan estos intereses en los Planes de Ordenamiento Territorial. Fajardo dejó construir en El Poblado, en cotas altas edificaciones de altura que rompen toda las reglas geológicas, sin un adecuado amoblamientos barrial, aceras, calles, etc.


La vigilancia y control urbano se deja en manos privadas (curadurías) con resultados negativos para la ciudad. Construcción de VIPs en barrios de clases medias y altas, exentas de IVA e importantes exigencias urbanísticas, que en el caso del Poblado van a tener consecuencias funestas en movilidad, parqueo en vías, etc. Autorización de construcciones sin los requisitos constructivos mínimos y de normas de sismoresistencia con resultados trágicos: Space. Los alcaldes se hacen los locos con sus responsabilidades en estas materias. 


Se perdió el centro de Medellín, irrecuperable socialmente. No vieron la prostitución infantil y juvenil sino después de que un periodista peruano la reveló al mundo. El próximo POT se concentra en la recuperación del centro y las márgenes del rio, después de que lo están comprando barato, con extorsiones.  El Parque del Rio, ni es ambiental, ni mejora la movilidad, es para valorizar el desarrollo inmobiliario de la zona.


Después de Fajardo viene Alonso Salazar (2008-2011), y el liberal Aníbal Gaviria (2012-2015) en alianza con los dos anteriores, haciendo un gobierno mixto en burocracia e ideas. Pero en general, se podría decir que el “modelo Medellín” es elitista neoliberal, asistencialista, combina populismo mediático televisivo con manipulación del imaginario paisa, capturando premios internacionales de dudosa significación y prestigio.