Editorial

El 蚽dice de Prosperidad de las Ciudades
1 de Noviembre de 2014


Es significativo el menor peso del Coeficiente de Gini 杚ue mide la redistribuci髇 de la riqueza-, variable que en los a駉s noventa y la primera d閏ada de este siglo fue usada como medidor indiscutible de bienestar social.

En la celebración del Día Mundial de las Ciudades fue presentado el Índice de Prosperidad de las Ciudades Colombianas, construido por ONU Hábitat Colombia con apoyo de la Corporación Andina de Fomento, CAF; el Departamento de Prosperidad Social de la Presidencia de la República, y la Alcaldía de Bogotá. El estudio, del que apenas se conocen datos generales, evaluó 25 ciudades y se abstuvo de hacerlo con 33 de las que faltan datos, o sea capacidad de formular políticas públicas y medir sus resultados.


Colombia es el primer país que aplica para sus ciudades el Índice que ONU Hábitat divulgó por primera vez en el Estudio de las ciudades del mundo 2012-2013. En esa oportunidad, el organismo seleccionó 69 ciudades, no todas capitales, de los cinco continentes, para analizar sus indicadores según cinco variables que el organismo considera que permiten identificar si las políticas públicas y la planeación urbana contribuyen a generar bienestar para la sociedad. El instrumento, que se suma a otros mecanismos de evaluación implantados por organismos de la ONU, señala la importancia creciente de las urbes como centros para realizar el desarrollo material de la ciudadanía y generar sostenibilidad.


El Índice de Prosperidad de las Ciudades se construye con la combinación de cinco grandes variables, cada una elaborada a partir de indicadores cuantitativos que se construyen con datos entregados por los gobiernos municipales. La variable Productividad es la medida de las capacidades que una ciudad tiene para generar riqueza a través del trabajo. La de Infraestructura recoge el estado de las ciudades en sistemas de movilidad urbana, prestación de servicios públicos domiciliarios, redes de comunicaciones y espacios para la recreación y la cultura. Por su parte, la variable Calidad de Vida cuantifica la existencia de dispositivos para usar los espacios públicos para la cohesión social y la vida cívica, así como las garantías de seguridad física y bienestar material, en especial el acceso a la educación y la salud pública. El estudio recoge la variable Equidad e Inclusión Social, recogiendo las explicaciones sobre redistribución de la riqueza (Coeficiente Gini), así como las acciones en acceso a la vivienda, por la equidad de género, superación de la pobreza y atención a la población más desprotegida. Y la variable Sostenibilidad se construye con los datos de crecimiento sostenible, protección de las tierras rurales, reducción de pérdidas ambientales y no contaminación. 


Esta apretada síntesis revela la complejidad de un instrumento que deja ver que se están presentando importantes novedades en el pensamiento que predominó en los últimos tiempos en el seno de Naciones Unidas. Se destacan la prevalencia de la generación de oportunidades, la promoción de la vida ciudadana, el impulso a la sostenibilidad y el reconocimiento del disfrute de los derechos humanos y ciudadanos como muestras de bienestar humano y social. Aunque todavía es temprano para identificar resultados de este Índice, es significativo el menor peso del Coeficiente de Gini –que mide la redistribución de la riqueza-, variable que en los años noventa y la primera década de este siglo fue usada como medidor indiscutible de bienestar social, desconociendo variables exógenas como la migración o los impactos de la globalización y el impacto de inversiones públicas en superación de la pobreza, mejoramiento de las condiciones de vida, cobertura de servicios públicos y la creación de oportunidades individuales y sociales.


El primer Índice de Prosperidad Ciudadana se construyó sobre una muestra aleatoria de ciudades. En esa investigación, los expertos fijaron la unidad como el valor máximo a alcanzar por cada ciudad. Entonces, identificaron que Viena, con 0,925, y Nueva York, que alcanzó 0,825, son las ciudades con mayores capacidades de generar bienestar y que, las ciudades de Conakry, en Guinea, con 0,490, y Monrovia, en Liberia, con 0,313, tienen los peores resultados. El primer estudio incluyó cinco ciudades latinoamericanas, de las cuales Sao Pablo tuvo coeficiente de 0,757 mientras que el de La Paz fue de 0,551. Al aplicar el IPC en Colombia, los investigadores –en decisión que crea confusiones- prefirieron usar una escala de 100, en la que Bogotá tuvo 60,13 y Medellín 58,13, indicadores que contrastan con los de Riohacha (41,85) y Quibdó (36,65), resultados que confirman el gran impacto que tiene la gestión pública para consolidar ciudades con bienestar.