Editorial

Una visi髇 de largo plazo
30 de Octubre de 2014


La propuesta de ciudad compacta no puede generar temor, pues m醩 preocupante ser韆 seguir presionando un crecimiento en laderas que genera riesgos para la seguridad y la vida.

El proceso de formulación del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) para Medellín concluyó exitosamente cerca de la medianoche del lunes, cuando 17 concejales de la ciudad dieron su voto afirmativo a la iniciativa recogida en el Proyecto de Acuerdo 268 de 2014. Después de dos años de intenso trabajo liderado por el Departamento Administrativo de Planeación Municipal, con el concurso del Consejo Territorial de Planeación, el Consejo Asesor, el Consejo Consultivo, las autoridades ambientales, los gremios, las universidades, las organizaciones sociales y la ciudadanía en general, la capital antioqueña cuenta ya con una carta de navegación que durante los próximos doce años marcará la ruta para la construcción de una ciudad que privilegie la vida, la sostenibilidad y la innovación. Sin embargo, como lo señalábamos hace una semana en nuestro editorial El POT, un pacto que toma forma, el mayor reto del proceso de revisión de la norma es lograr que lo aprobado no se quede en el papel, como ya ocurrió en el pasado, una tarea que parte desde la institucionalidad y que también requiere de una veeduría responsable por parte de la ciudadanía.


En el desarrollo de esa tarea, lo primero a considerar es que el POT aprobado el lunes no hace borrón y cuenta nueva con respecto al que regía a la ciudad desde 2006 y que, a su vez, era una revisión de mediano plazo sobre el primer Plan de Ordenamiento aprobado para Medellín en 1999, en cumplimiento de la Ley 388 de 1997. Toda la normatividad previa fue el insumo para el diagnóstico y la formulación de la nueva carta, que es una revisión de largo plazo, pues en esencia un Plan de Ordenamiento Territorial debe recoger e interpretar la realidad presente de la ciudad en materia de dinámicas urbanas y económicas en relación con el país y la región. El resultado es la visión de una Medellín compacta, en armonía con el medio ambiente y articulada a la región metropolitana, atributos que ya se venían trabajando desde los planes anteriores, a los que se suman los de una ciudad innovadora, respetuosa del peatón y generosa en espacios públicos, en la que se privilegie el uso de los sistemas de transporte masivo y la coexistencia armónica de la industria y el desarrollo inmobiliario.


Esa nueva visión de ciudad, que sólo recibió el voto negativo de tres de los 20 concejales habilitados para votar, debe ser entendida en el contexto de una realidad evidente y es la existencia de un área dotada de infraestructura, con servicios y oportunidades para la renovación urbana, como lo es el sistema río. Medellín tiene una inversión acumulada en esa zona a través de décadas de consolidación de la plataforma urbana, donde la baja densidad ofrece grandes oportunidades para el crecimiento urbano. Si está claro, incluso desde el POT de 1999, que la ciudad no debe expandirse más hacia los bordes, la propuesta de ciudad compacta no puede generar temor, pues más preocupante sería seguir presionando un crecimiento en laderas que afecta el sistema ecológico, que genera riesgos para la seguridad y la vida de las personas, que deteriora el paisaje y que al generar grandes costos para dotar de vías y de servicios públicos esas zonas, perpetúa entornos de inequidad.


No es cierto, como se ha querido hacer ver, que esta apuesta sea la declaratoria de expulsión para la industria. En primer lugar, la dinámica de desindustrialización de Medellín y el Valle de Aburrá empezó en la década de los 70 a causa del desarrollo de los mercados internacionales, la pérdida de conectividad de Medellín con los puertos y las limitaciones de la infraestructura para la conectividad regional. En segundo lugar, la oferta y las características del empleo en la ciudad, están orientadas al sector servicios. Y en tercer lugar, el conflicto entre una ciudad urbanizada versus actividades económicas, que también es de vieja data, se ha agravado con los problemas crecientes de movilidad originados en el crecimiento y la demanda del parque automotor. Lograr la coexistencia de las zonas urbanas con actividades industriales es posible gracias a los avances de la ciudad en cuanto a la política de clúster, las estrategias de estímulo a la innovación y el desarrollo productivo, la tradición de investigación y trabajo sobre producción más limpia y a los protocolos productivos y ambientales existentes.


La estructura del POT tiene una propuesta de crecimiento hacia adentro que, entre otros aspectos, considera las grandes áreas industriales como potenciales renovaciones urbanas, pero también considera protocolos de derecho de permanencia que les garantiza a las grandes industrias que puedan armonizar sus sistemas a la demanda de los entornos, tal como ocurre en Ciudad del Río en la actualidad. De manera pues que la plena coexistencia de la industria con el tejido urbano y de renovación urbana, el incentivo del uso del sistema de transporte masivo, la generación de nuevos espacios públicos, ciclorrutas y andenes, están señalados para ser los grandes logros del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial en su afán por alcanzar la sostenibilidad.