Columnistas

Voto obligatorio y equidad
Autor: Jorge Mej韆 Martinez
29 de Octubre de 2014


Parece que la propuesta del voto obligatorio naufraga en el Congreso. Pero no sobra reiterar sus bondades con argumentos diferentes a su impacto en la oxigenaci髇 de la democracia, la pol韙ica y los partidos.

Parece que la propuesta del voto obligatorio naufraga en el Congreso. Pero no sobra reiterar sus bondades con argumentos diferentes a su impacto en la oxigenación de la democracia, la política y los partidos. Los enemigos de la desigualdad social, debieran mirar con detenimiento el tema. 


Un experto como Juan José Matta en El efecto del voto obligatorio sobre las políticas redistributivas (2009) explica que los esquemas de voto obligatorio promueven un mayor nivel de redistribución del ingreso. Asunto crucial en un país con las dimensiones de inequidad como tiene Colombia. El voto obligatorio no sólo provocaría un aumento de la participación política; también reduciría el llamado sesgo de clase social en la participación electoral, según el cual cuando el voto es voluntario, los pobres están sub representados en los escenarios de poder. 


Esta recomposición del electorado, considera Matta, generaría incentivos para que, en un contexto de competencia electoral, la oferta política converja hacia un mayor nivel de redistribución. Es posible demostrar que en los estratos altos de la población están los porcentajes más altos de participación electoral. Por tanto es fácil concluir que buena parte de los elegidos quedan endeudados con ese tipo de electores lo cual se puede reflejar en el direccionamiento de sus actos o gestiones ante las oficinas públicas, particularmente en la asignación de recursos del presupuesto público. El voto obligatorio podría socializar mucho más la atención que desde el Estado se hace de las necesidades de los sectores tradicionalmente desprotegidos de la sociedad.   


El politólogo norteamericano, Arend Lijphart, en un artículo titulado “Unequal Participation: Democracy’s Unresolved Dilemma”, publicado en la revista “The American Political Science Review” en 1997 sustentó la tesis de que el voto voluntario contribuye a la sub representación de los estratos sociales bajos de la sociedad, al tener éstos menor educación y por ende menos interés en participar de los procesos electorales, lo que generaría un efecto de elitización de la política, ya que al no procesar sus demandas, el sistema institucional termina reproduciendo las desigualdades sociales. En definitiva, el voto voluntario en las condiciones nuestras promueve la desigualdad y la abstención o baja participación electoral es una trampa de pobreza.


Es posible demostrar que cuando disminuye la participación electoral, las democracias quedan más expuestas a prácticas políticas deslegitimadoras de la institucionalidad. Realidades como el clientelismo, la elitización de la política, la compra venta de votos, o la conversión de los partidos en simples empresas electorales, contribuyen a la falta de gobernabilidad y legitimidad en los actos públicos de los gobiernos, en detrimento de los sectores más desfavorecidos de la población.