Columnistas

La mala educaci髇
Autor: Omaira Mart韓ez Cardona
28 de Octubre de 2014


Actualmente son cada vez menos quienes asumen la cortes韆 y la buena educaci髇 como una actitud de las personas civilizadas e inteligentes para dar ejemplo a los necios y mal educados.

Actualmente son cada vez menos quienes asumen la cortesía y la buena educación como una actitud  de las personas civilizadas e inteligentes para dar ejemplo a los necios y mal educados.


En esta era digital algunos añoramos muchas cosas, entre ellas, las normas de cortesía, aquellas que aprendimos con el Manual de Carreño y que no era nada distinto a unas sugerencias básicas entonces llamadas de “urbanidad”  de cómo comportarse en las relaciones con los demás, en la mesa, en lugares públicos y en eventos especiales. No se trata de seguir apegados a protocolos y formalismos excesivos, es un asunto de ética y consideración en las relaciones interpersonales. Se trata de servir y hacer sentir a los demás lo mejor posible como a todos nos agrada que nos hagan sentir.


Saludar, ceder el paso, dar las gracias, sonreír, confirmar un mensaje, devolver una llamada, responder a un llamado así sea para decir que no,  son señales de buena educación. No se conoce aún ningún estudio que haya concluido que ya no se usa ser amable, galante y cortés así sea a través de un teléfono móvil o un correo electrónico, todo lo contrario, algunas investigaciones han comprobado que sonreír varias veces y asumir cada día con una actitud entusiasta, contribuye a una vida saludable.


El que las nuevas tecnologías nos posibiliten maneras de información más inmediatas no es excusa para la mala educación. Que una persona sea educada se fundamenta  también en las tradiciones, en la cultura y en la forma cómo en su familia le compartieron ciertas maneras de relacionarse.


Culturalmente nos hemos caracterizado por ser hospitalarios, solidarios y bien educados, pero estas características deben trascender lo cultural y convertirse en hábitos de comportamiento con los otros y no acabarse de extinguir como al parecer le está pasando no solo a las nuevas generaciones adictas a los dispositivos móviles sino también a muchos mayores que ya no practican ni la más mínima norma de cortesía.


Los teléfonos se crearon como medios de comunicación para acortar distancias y para comunicarse de manera rápida, por eso ahora los móviles son vitales y se han convertido en la herramienta más útil de trabajo y deben aprovecharse para algo más que lucirlos o por esnobismo para que otros vean que se está a la moda con el móvil de última tecnología, peor aún, cuando se tiene un celular solo para tomarse fotos, escuchar música y chatear. Nos ufanamos de decir que estamos muy conectados, pero en la mayoría de los casos, no se aprovechan todas las posibilidades de ofrecen los dispositivos para hacer un uso adecuado de ellos. Esa gran mayoría es la que ya no entiende el valor de las relaciones directas y la cortesía, las ven como una pérdida de tiempo. Una cosa es estar conectado que como bien se define este término, es la acción de establecer contacto mediante un sistema mecánico o electrónico y otra muy distinta es comunicarse que es poner en común mucho más que un mensaje.


Es necesario y sería saludable para fortalecer la tolerancia y el respeto, recuperar esas recomendaciones de “buena educación” y cortesía que tanta falta están haciendo en el mundo actual y cada quien analice si quiere seguir haciendo parte de los que no responden una llamada o no recuerdan confirmar un mensaje. Si la descortesía se contagia, el mejor antídoto es lo contrario, ser cortés y recordar lo mal que se siente cuando al que no le responden, no le confirman, no lo saludan o no le ceden el paso es a usted.