Columnistas

Una paloma y otra paloma
Autor: Alvaro T. L髉ez
28 de Octubre de 2014


Nadie tiene la facultad de perturbar la pac韋ica convivencia a la que aspiramos los ciudadanos, basados en el principio de la organizaci髇 del estado como fuerza superior situada por encima de todos los individuos para forjar y mantener...

 alvarolopez53@hotmail.com


Nadie tiene la facultad de perturbar la pacífica convivencia a la que aspiramos los ciudadanos, basados en el principio de la organización del estado como fuerza superior situada por encima de todos los individuos para forjar y mantener el bienestar general. Mucho menos la tienen los que hemos señalado para que dirijan la acción oficial, pues ellos deberían darnos ejemplo de sindéresis, probidad y buenos modales. El ser elegido o nombrado en los altos cargos de la Nación, no debe ser tomado como el otorgamiento de una patente de corso para cobrar ofensas personales ni, mucho menos, para actuar como reyezuelos que maltratan a los subalternos y violan las normas más fundamentales, generando violencia y corrupción donde todo debe ser equilibrio y verdad.


La oposición tiene que ser respetada y ejercida con respeto por los demás, por las ideas ajenas. Es bueno que el Gobierno no este solo en eso de concebir la buena marcha de la nación y de tomar decisiones. El unanimismo no es bueno. Es preciso que el Estado cuente con las voces de todos, siempre que esas voces se alcen para aportar pensamiento creador, nunca para ofender ni acallar lo dicen los otros. Los cien senadores colombianos, por ejemplo, son cien pensamientos diferentes, cien formaciones en distintas circunstancias, pero forman un solo cuerpo en el que las adopciones de posturas están regladas. No hay lugar ni licitud para los malos tratos, los gritos desentonados y las amenazas amordazantes.


Los funcionarios de los tres poderes y de los organismos de control están obligados a actuar con miras a la realidad y unidad de la Nación. Todos están obligados, por mandato constitucional y juramento, a trabajar por la salud de la Patria. Lo de estos días en el Congreso, no es de recibo. El trabajo de los senadores es muy distinto a la camorra pública y demostraciones pugilísticas. Al doctor Uribe Vélez hay que dejarlo hablar, que exprese sus pareceres sobre los asuntos del país, sobre los que debe tener suficientes conocimientos y experiencia. No se le puede tratar a los puños. Una de las cosas buenas, que son muchas, de la democracia es precisamente la libertad de expresión, sobre todo cuando se trata de debatir la estructura del Estado.


Cuando se supo la conformación del actual Congreso, el país entero tuvo la esperanza de volver a oír las sabias disertaciones de oradores hábiles e informados, de hace un tiempo. Daba para pensar bien, el talento conocido de muchos de los congresistas. Pero parece que estamos volviendo al desbarajuste de finales del frente Nacional, en el que era frecuente en el Capitolio, la lluvia de ceniceros cuando los puños no alcanzaban. Los colombianos, emulando al maestro Castro Saavedra, esperamos ver en los hombros del uno una paloma y en los hombros del otro, otra paloma. El ejemplo y los consejos deben venir de arriba. Que el uno tenga la grandeza de extender la mano, y el otro sepa que es su deber recibirla. Es lo menos que se puede esperar.