Editorial

El foro de víctimas de las Farc
27 de Octubre de 2014


Aspiramos a que la construcción de esa voz colectiva abra camino a que los organizadores de las visitas de víctimas a la Mesa de conversaciones reconozcan que las nuevas delegaciones deben expresar las conclusiones de este Foro.

Convocados por catorce congresistas de cinco partidos, se reúnen hoy en Bogotá mil quinientas personas que comparten entre sí, y con los organizadores, la condición de víctimas de las Farc, así como el temor a la re-victimización y cierto pesimismo frente a que sus derechos sean garantizados en el proceso de conversaciones de La Habana. Así parezca ambicioso, el foro invita a reconocer lo que en común tienen ciudadanos que no se han identificado como iguales, a pesar de tener fuertes razones; a construir una voz común para presentarla ante el país y el mundo, y a demandar que esa voz, y no personerías individuales que terminan sometidas a humillaciones o llevadas a entregar perdones no pedidos, sea admitida como legítima representante de las víctimas de la guerrilla, en la mesa de negociaciones de La Habana.


El foro Colombia abraza a las víctimas de las Farc reúne, por vez primera, a las víctimas de una guerrilla que ha dejado su huella trágica desde que, sin haberse oficializado como tal, perpetró la masacre de marzo de 1965, en Inzá, que dejó 17 personas muertas, entre ellas dos religiosas, el alcalde, un policía, el tesorero municipal, así como varios campesinos que iban al mercado. A pesar de que la victimización ha cumplido casi cincuenta años y que las víctimas están en todos los grupos sociales, las edades, los oficios y las etnias del país, hay poca conciencia sobre la necesidad de reconocerlas. En ese sentido, y puesto que ver y escuchar es el primer paso para entender, esperamos que el encuentro de a la opinión pública claridad sobre las responsabilidades de las Farc en el conflicto y razones para acompañar las demandas de los directos afectados en el conflicto.


Además de reconocerlas en su identidad entre sí, y con el resto de colombianos que comparten su historia e identidades, el foro pretende construir la voz común de las víctimas ante la Mesa de conversaciones y el país. Sobre esta perspectiva, la representante Clara Rojas, convocante, declaró que “será un espacio para que las personas víctimas de las Farc expresen sus ideas y lleguen a unos acuerdos mínimos comunes”. Por su parte, la senadora Sofía Gaviria, impulsora de la iniciativa, explicó que el consenso debe representar “una posición colectiva que se lleve al proceso de paz como una participación que represente al genérico de las víctimas de las Farc”. Reconocemos en esta preocupación la que habíamos presentado en estas columnas sobre la mínima representación dada a las víctimas de las Farc ante una mesa de conversaciones que debería tenerlas, junto a las víctimas de crímenes de Estado en actos contra esa guerrilla, como propósito central de la búsqueda de sus acuerdos.


Dada la trascendencia del Foro y el apoyo que obtuvo de la ONU, distintas entidades del Gobierno Nacional, la Procuraduría y la Defensoría del Pueblo, así como de organizaciones civiles, confiamos en que las víctimas de este conflicto pasen a ser el centro del punto “Derechos de las víctimas”, que no solo está pendiente sino que cada vez más es ocultado por escándalos y decisiones inesperadas. A pesar de evidencias en contrario, aspiramos a que la construcción de esa voz colectiva abra camino a que los organizadores de las visitas de víctimas a la Mesa de conversaciones reconozcan que las nuevas delegaciones deben expresar las conclusiones de este Foro y que ellos deben ser garantes de que esas demandas sean reconocidas como centro de los acuerdos pendientes. 


Además del foro que hoy se reúne gracias a la fuerza de los catorce congresistas víctimas de las Farc que hace un par de meses comenzaron a trabajar para constituir un proyecto común de cara a las negociaciones de La Habana y a la esperanza de reconciliación, las víctimas han recibido noticias que les dan esperanza. Tras visitar en La Haya con la fiscal de la Corte Penal Internacional, Fatou Bessouda, el fiscal Eduardo Montealegre reconoció que, muy a su pesar, la responsable de velar porque los países signatarios cumplan con el Estatuto de Roma ha confirmado la visión de su predecesor, Luis Moreno Ocampo, en el sentido de que “el Estatuto de Roma impone no solo el deber de investigar y perseguir, sino también de castigar a los perpetradores de los más graves crímenes con penas privativas de la libertad”. Su postura, que es inamovible, es una voz de aliento para las víctimas que siguen esperando signos convincentes de que el proceso en curso solo culminará en acuerdo si se garantizan plenamente los derechos de verdad, justicia, reparación y no repetición.