Columnistas

Fiscal intrigante
Autor: Rubén Darío Barrientos
23 de Octubre de 2014


Ha denunciado el portal La Silla Vacía, que el fiscal general, Eduardo Montealegre, intrigó para que nombraran un candidato de sus entrañas a la Superintendencia de Sociedades.

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Ha denunciado el portal La Silla Vacía, que el fiscal general, Eduardo Montealegre, intrigó para que nombraran un candidato de sus entrañas a la Superintendencia de Sociedades. El ministro del Interior lo acolitó en sus desbordados intereses, pero finalmente Néstor Humberto Martínez –el superministro–, los derrotó. Vamos con el nombre: estamos hablando del abogado David Sotomonte, candidato a pie juntillas del fiscal Montealegre para la Superintendencia, hijo de un profesor íntimo amigo de éste y de origen  externadista. Finalmente, Juampa designó a Francisco Reyes Villamizar, experto en sociedades, javeriano y padre de la S.A.S., una persona idónea y con propiedad para ejercer el cargo. 


Pero es que el “prontuario” del fiscal en materia de maquinaciones para acomodar funcionarios, se pasó ya de la raya. Con razón, la revista Semana tituló: “El fiscal general, ¿demasiado poderoso?”(26 de julio de 2014). Y con sobrados argumentos, tres columnistas no se quedaron silentes, para referirse sin tapujos al inefable Montealegre: a) Cecilia Orozco (“su afán electorero, es otro maleficio en que cayó”); b) María Elvira Samper (“pugna por ganar poder en la Rama Judicial y en la Contraloría”) y c) María Isabel Rueda (“hasta lo seducen las ilusiones presidenciales’). Y, de contera, Rafael Guarín, articulista de semana.com, escribió: “Nada más grave ha pasado en los últimos 50 años en la democracia en Colombia, con un fiscal que interfiere la elección presidencial y que santifica y excomulga candidatos”.


No olvida el país, que el fiscal Montealegre hizo nombrar a Juan Pablo Duque, como secretario general de la comisión de acusaciones del Congreso, convirtiéndose en el enlace entre la fiscalía y el legislador. ¿Resultado? Se frenó la investigación contra Montealegre, abierta por el embate de la entonces contralora, Sandra Morelli, con relación a los $ 4.000 millones de honorarios que encajó el fiscal, en otrora, provenientes de asesoría legal a Saludcoop (su antiguo cliente) y de Carlos Palacino. Duque fue la gran ficha de un fiscal militante y lobista. Pero tampoco hay amnesia frente a una intriga de Montealegre, para un escaño en la Corte Suprema de Justicia. ¿Recuerdan que allí también quería acomodar al mismísimo Sotomonte? Sin embargo, también fracasó en ese embeleco. 


No obstante el fiscal debe ser un funcionario reservado e independiente, Semana ha definido muy bien a Montealegre, argumentando que “su perfil es el de un hombre con tentáculos en todo el aparato del estado”. Las reyertas con Álvaro Uribe, Sandra Morelli, Alfonso Gómez Méndez, Claudia López y Alejandro Ordóñez, amén de las arremetidas contra el Congreso, lo exhiben como un tipo revanchista, sanguíneo, incontrolable y poco aplacado. Más que política fiscal, lo que hay es un fiscal político. Hace un mes, la incisiva senadora Claudia López dijo que Montealegre, “arrodilla al gobierno”. En fin, estamos ante un fiscal intrigante, que le jugó impúdicamente a la reelección de Juampa, ambicioso, que quiere ser candidato presidencial, que hace nombrar magistrados, que interviene para designar contralor, con un dossier que está sacando barriga, rosquero para conceder entrevistas y que genera tensiones con mucha gente.


Yo me hago nuevamente estas preguntas: ¿Qué diablos busca Montealegre haciendo nombrar un abogado de sus afectos y de su corazón, como Superintendente de Sociedades?  ¿Cuál es el área de influencia de esta entidad con sus tentáculos? En suma, las actuaciones del fiscal tienen el marbete de la militancia y de ser instrumentos de campaña. Se adentran en lo maniobrero y maquinador. ¡Qué miedo!