Columnistas

A educar de verdad con calidad
Autor: Iván Guzmán López
21 de Octubre de 2014


Para Luisa Pizano, experta en educación de la Asociación Alianza Educativa y la Fundación Compartir, “la educación como herramienta de cambio sólo alcanza su poder transformador cuando está orientada a cultivar personas excelentes, que sean capaces de pensar críticamente y desplegar su autonomía moral”.

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Para Luisa Pizano, experta en educación de la Asociación Alianza Educativa y la Fundación Compartir, “la educación como herramienta de cambio sólo alcanza su poder transformador cuando está orientada a cultivar personas excelentes, que sean capaces de pensar críticamente y desplegar su autonomía moral”. Cuando dice “personas excelentes”, se refiere a “seres humanos sensibles y responsables de ellos mismos, de otros y del medio ambiente, que respetan y aceptan a los demás por sus opiniones diversas”; el “pensar críticamente” hace alusión al “desarrollo de la capacidad de tomar decisiones, de juzgar, de evaluar, de comparar y de contrastar”; la “autonomía moral”, dice la experta, “es la transformación más compleja de todas porque requiere adquirir simultáneamente la capacidad de pensamiento crítico. Para tener autonomía moral, la persona ha de poder distinguir lo que nos hace bien y lo que nos hace daño como individuos y como sociedad, desde una perspectiva amplia y generosa que trasciende los propios intereses”.


Surge entonces la pregunta: ¿la educación en Antioquia y Colombia, trabaja estas tres premisas? La respuesta honesta, sería ¡No!, rotundo. Aquí no estamos cultivando excelentes personas, desperdiciamos el pensamiento crítico y no importa la autonomía moral. Seguimos enfrascados en la vieja Concepción bancaria de la educación, que tanto denunciaba Paulo Freire en Brasil ¡hace 50 años!  Y preferimos concursitos que premian a los estudiantes bancarios, acumuladores de datos, y confundimos “conocimiento” con información o datos acumulados y memorísticos. No en vano, a esos concursitos los llamamos errónea y rimbombantemente  “Olimpiadas del conocimiento”. Aquí nos autoproclamamos como “Antioquia, la más educada”.  Y para colmo, pensamos que los edificios son un todo educativo y que los computadores “per se”, pueden reemplazar al profesor, con toda su carga significativa y pedagógica para el estudiante y la comunidad, haciendo viva así la triste pero real sentencia del escritor y poeta británico Arthur C. Clarke, cuando afirmaba que: “Cualquier  profesor que pueda ser reemplazado por una máquina, debería ser sustituido por una de ellas”.  


Lo dice la ministra Gina Parody (¡no lo digo yo!): “En este momento no podemos siquiera pensar en Colombia como la más educada, con 2 millones 700 mil analfabetas”. Sin contar con los millones que sólo saben química, física o matemáticas.  


Dos aportes reveladores y significativos del extravío educativo en que estamos: Fernando M. Reimers, profesor de política educativa e innovación en la Universidad de Harvard, argumenta que, para que las escuelas e instituciones educativas les den a los estudiantes las habilidades que necesitan para prosperar en este siglo, tienen que ocurrir dos cambios fundamentales. Uno, se debe promover el desarrollo de las mismas más allá del conocimiento en las distintas disciplinas académicas básicas; y dos, se debe estimular el desarrollo de formas de gestión basadas en el desarrollo de redes de grupos de construcción colectiva del conocimiento. Itero: no promovemos el desarrollo de nuestras instituciones educativas  (todas quedan vacías, abandonadas a los maleantes, los fines de semana) y no promovemos el conocimiento, pues, reitero, confundimos construcción de conocimiento, con memorización de contenidos, y para colmo premiamos y exaltamos a ese mínimo porcentaje que acumula datos y responde más rápido. 


Atendiendo a la globalización, el asunto de la calidad educativa es urgente. Por esto, a finales de la década de los 90, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, Ocde, hizo una consulta para definir las habilidades necesarias para vivir en democracia y en sociedades del conocimiento, dando origen a las pruebas Pisa, que se aplican desde el año 2000 y que hoy, 14 años después, nos tiene convertidos en el hazmerreir del mundo. Para gracia del espíritu, debo decir que América despierta en materia educativa, y es así como ya surgieron iniciativas valiosas, a saber: Mexicanos Primero, en Mexico; Educación 2020, en Chile; todos pela Educacao, en Brasil; Todos por la Educación, y el Pacto por la Educación, en Colombia, este último, un documento en línea que más de 14 mil colombianos firmamos con gusto.  En definitiva, señores, no más apuestas politiqueras y personalistas: ¡a educar de verdad con calidad!           


Puntada final: con frecuencia recibo denuncias de maestros con mala atención en salud, mal pagos, desencantados y sin estímulo alguno. Si queremos educación con calidad, empecemos por valorar a nuestros maestros, señores secretarios de educación.