Columnistas

POT, convivencia y calidad de vida
Autor: Jorge Alberto Vel醩quez Betancur
16 de Octubre de 2014


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¿En el POT dónde aparecen los ciudadanos con sus derechos fundamentales, entre ellos el del respeto a la dignidad de la vida humana? ¿Cómo se compagina el crecimiento de la ciudad con la calidad de vida, la convivencia y la comunicación? La ruralidad, los corregimientos y el respeto al paisaje como uno de los derechos urbanos no son la única carencia del Plan de Ordenamiento Territorial que debe discutir el Concejo. Sin respeto por lo rural y sin consideración alguna por el paisaje, la urbanización continuará su paso avasallante, como hasta ahora, y quizás cuando se rectifique sea muy tarde para recuperar el equilibrio perdido. Y sin comunicación, la convivencia será imposible. También como hasta ahora.


Si la reforma del POT pone todo su acento en la densificación, no hay nada nuevo. Una densificación sin control viene padeciendo la ciudad en las últimas décadas. Medellín es el reino dorado de los constructores, de espaldas a la calidad de vida. El Poblado, Laureles, Conquistadores, La América, La Floresta, Buenos Aires, son la clara muestra del crecimiento en altura sin respeto a las barreras naturales, a los retiros obligatorios, a la comunicación, a la mínima calidad de vida que merece una familia después de hacer la inversión de su vida. Las laderas oriental y occidental muestran un proceso de crecimiento horizontal de la ciudad sin un tratamiento equitativo en redes, vías y espacio público. 


La ciudad es víctima de una locura inmobiliaria que quiere ocupar con altos edificios todos los espacios posibles, sin respeto por el territorio, sin consideración con el ambiente y sin tener en cuenta las exigencias de la adecuada vida en comunidad: vías suficientes, parques, zonas verdes, áreas comunes necesarias. Desde la construcción sin control se fragua la fragmentación de la sociedad y se contribuye a la exclusión y a la discriminación. ¿Cómo puede poner punto final el POT a estas situaciones si lo social no tiene cabida? 


Por el contrario, los proyectos urbanos están expulsando a la gente de sus barrios tradicionales, como sucede con las obras de Metroplus, Parque del Bicentenario, tranvía de Ayacucho, Puente de la Madre Laura, valorización de El Poblado. Una noción de desarrollo urbano impuesta a rajatabla, a espaldas de la gente y contra la gente. El POT habla de derecho a la ciudad pero se reconoce que habrá desplazamiento de personas de sus barrios por la ejecución de proyectos de renovación urbana. Se habla de sostenibilidad, pero las obras emprendidas arrasan con los pocos árboles que quedan en la ciudad para regar concreto en nombre del progreso.


La convivencia se refiere a una vida cotidiana tranquila, compartida con los vecinos, en medio del respeto a los derechos básicos (civiles, políticos, sociales, económicos y culturales), con disfrute de servicios públicos domiciliarios que tienen redes suficientes y tarifas aceptables, con movilidad plena, con vías adecuadas, con el aprovechamiento de zonas verdes, sin contaminación ambiental y con respeto por el paisaje y con la disponibilidad de puntos de encuentro y reconocimiento que promuevan la comunicación en la ciudad. Si estos factores no son tenidos en cuenta en el POT, se desconoce una dimensión de la ciudad que puede aglutinar a las otras y sin la cual la ciudad es incompleta, mutilada.


Medellín ha sido gobernada desde la vanidad. Estamos llenos de diseños espectaculares pero de muy pocos avances sociales. Siempre se piensa en los premios, en los turistas, en los titulares de prensa, pero muy poco en la gente que habita los barrios y construye la ciudad de cada día. La integración de la ciudadanía se hace cada día desde el encuentro intercultural, desde el diálogo barrial, intersectorial, venciendo los límites de los estratos sociales y las fronteras territoriales. Esta es la ciudad que hay que construir.