Columnistas

La virtud de la probidad
Autor: Danny García Callejas
15 de Octubre de 2014


Defender los principios es una tarea difícil en sociedades en las que abundan la ilegalidad, la trampa y la obsesión por tomar ventaja de cada situación e individuo.

danny.garcia@udea.edu.co


Defender los principios es una tarea difícil en sociedades en las que abundan la ilegalidad, la trampa y la obsesión por tomar ventaja de cada situación e individuo. Así lo describe Ayi Kwei Armah en su novela de 1968 titulada The Beautyful Ones are not yet Born, refiriéndose a Ghana, luego de la independencia.


En esta obra, su protagonista decide rechazar un soborno y continuar con su trabajo humilde, así se perpetúe su situación de pobreza. Su pareja le reclama con furia generándole sentimientos de culpa y de duda. Pero, más doloroso es sentir que el país cae abatido en un sumidero de avaricia y desesperanza, obligando a que muchos se aparten y oculten ante esta realidad. Así le sucede al profesor, otro de los personajes de la obra.


Combatir la corrupción es un acto noble. Más aún es demostrar entereza ética negándose a caer en la decadencia y las sombras de la injusticia, pues la deshonestidad solo deja dolor, inequidad y tristeza. Esa realidad la vivimos en los países con alta tolerancia por lo ilegal. La más pequeña tentación puede ser el primer paso para condenar nuestra vida y la de la nación.


Desde comprar las respuestas para un examen hasta sobornar a un funcionario público o privado, o ignorar las normas buscando aventajar a los demás, son actos y prácticas corruptas que perjudican a las comunidades y a los países. De hecho, sociedades más corruptas son menos prósperas, más inequitativas e injustas.


Para disminuir la corrupción, lo primero es que cada ciudadano defienda los principios de la legalidad y de la justicia. Lo segundo, requiere que la sociedad actúe promoviendo: la educación como una forma de liberar la creatividad y el potencial humano; la distribución equitativa de los recursos, a través de sistemas impositivos justos —progresivos—; y la libertad de prensa y de expresión, como garantes de los derechos y voz de los oprimidos.


Lo tercero, es que le corresponde al Estado facilitar: la participación de la mujer y las minorías étnicas y raciales en las posiciones de poder en los sectores público y privado; el acceso a la información, en especial la concerniente a la asignación de recursos y de deliberaciones políticas; la creación de códigos de ética para funcionarios públicos y privados; la consolidación de las veedurías ciudadanas, partidos políticos y organizaciones no gubernamentales.


Estas acciones permiten recuperar la honestidad y la transparencia como valores fundamentales del quehacer humano en todos los ámbitos sociales. Desde las familias, las aulas y nuestros grupos de amigos, nos corresponde defender estos principios y los de inclusión y justicia para por fin recuperar la virtud de la probidad.


*Profesor, Departamento de Economía


Universidad de Antioquia