Columnistas

A defender la democracia liberal
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
12 de Octubre de 2014


La democracia colombiana está en alto riesgo de desaparecer. Las negociaciones con las Farc, sólo en la parte que se conoce, y sin tener en cuenta los puntos que deben ser precisados, instaura un modelo de propiedad colectiva de la tierra...

La democracia colombiana está en alto riesgo de desaparecer. Las negociaciones con las Farc, sólo en la parte que se conoce, y sin tener en cuenta los puntos que deben ser precisados, instaura un modelo de propiedad colectiva de la tierra que ha fracasado en todo el mundo, incluyendo Cuba y China, y deja casi sin juego a las empresas agrícolas que producen a escala. Una política para instaurar la economía de subsistencia y el atraso en el campo. A esto hay que sumarle la política minera y energética que apunta a su nacionalización.


En lo político, sin mencionar la impunidad que tiende a instaurarse, lo que está en juego es la estructura misma de nuestro sistema pluralista: las Farc tendrán el control de vastas zonas campesinas –con lo que podrán cercar las ciudades desde el campo, como dice el canon marxista- y conservarán las armas para “cuidar” a sus cuadros. 


El desmonte delas Fuerzas Armadas está en marcha: ya se ordenó el fin de las actividades de inteligencia contra las Farc; se está hablando abiertamente de “acondicionar” las Fuerzas Armadas para el postconflicto, reduciéndolas en número y en actividades de soberanía, porque las zonas de reserva campesina y las áreas agrarias que resulten de la repartición colectiva de la tierra serán autónomas,  tendrán su propio manejo y sus organizaciones de seguridad interna, reproducciones de las autodefensas campesinas que crearon las Farc en 1949. Para que las FF.MM hagan algo, ya el presidente está tratando de que operen en conflictos internacionales a órdenes de la ONU.


Paralelo a lo anterior, la politización de la justicia para golpear a los defensores de la democracia, como el expresidente Uribe, estaría en plena marcha. Del cartel de testigos conseguidos entre los delincuentes para aplastar a quienes tiene la desgracia de caer en manos del sistema judicial, se estaría pasando aceleradamente, a la “creación” de imputaciones, fabricando testigos ablandados en los calabozos para que a cambio de “delatar” a inocentes, se les condone la pena con la que los tienen amenazados. Método estaliniano aplicado con devoción por la inteligencia cubana y la asesoría de sus discípulos venezolanos, como hemos conocido en estos últimos tiempos.  El punto es que una justicia así, ya no está al servicio de los ciudadanos, como garante de la imparcialidad y la correcta aplicación de la ley, sino como arma de destrucción de la oposición. Como en Cuba y Venezuela. 


Sumémosle a esto la toma por medio del miedo, del legislativo, por parte del Fiscal y los magistrados de las altas cortes, para amedrentar a los congresistas, acusándolos nada menos que de la segunda toma del Palacio de Justicia, y llamando a la huelga y a la toma de las calles a jueces y fiscales, por el solo hecho de plantear un tribunal que juzgue al jefe del ente investigador  y  los mencionados togados, que en el caso de la Corte Suprema de Justicia, enjuicia a los congresistas. Y agreguémosle  la escenificación en el Congreso, montada desde la Casa de Nariño y desde La Habana, de un debate contra el presidente Uribe, violando la ley y calumniando la voz de la minoría. 


Y por si fuera poco, dueños de los grandes medios de comunicación, verdaderos yes-men, por un plato de lentejas se convierten en corifeos del régimen y en sepultureros de la voz de quienes muestran alguna inconformidad con lo que está sucediendo. Finalmente, uno queda pasmado de ver a algunos los grandes empresarios de este país, no miopes sino ciegos, cavando su propia fosa, apoyando todas las medidas que apuntan a suprimir o reducir a su mínima expresión,  la economía de mercado. 


Todo esto, con el apoyo y la complacencia de vecinos con regímenes totalitarios o en vías de serlo, refugio de las Farc y nuevos mejores amigos del presidente, y la indiferencia del gobierno de los Estados Unidos, para quien este país carece de importancia estratégica y no  les importa sacrificarlo, enredados como están en su incapacidad de hacer valer la libertad en otras regiones más cruciales del mundo, como Oriente Medio. 


El truco,  la amenaza, la persecución y el muro de silencio, ahogan el ejercicio político de la oposición, como en las dictaduras. La democracia liberal, esa que defiende a los ciudadanos de los abusos del estado y funciona sobre el principio del pluralismo, está naufragando en Colombia. Nuestro sistema es un bien del pueblo colombiano y un tesoro para la comunidad internacional que defiende la libertad y el pluralismo liberales. Hay que detener la avalancha. Debemos lograr que organizaciones, partidos y países que comparten estos valores con nosotros, vigilen lo que aquí ocurre y protejan a los luchadores por la libertad que hay en Colombia. Que haya veeduría internacional sobre las actuaciones de la Fiscalía y de las Cortes, que los partidos hermanos se solidaricen, que se acabe el aislamiento y el silencio. En buena hora a Jaime Jaramillo Panesso se le ocurrió una estrategia como esta.