Columnistas

Dos valientes víctimas de las Farc
Autor: Bernardo Trujillo Calle
11 de Octubre de 2014


El general Luis Herlindo Mendieta y el gobernador del Meta, Alan Jara, dos personalidades distintas y dos temperamentos distintos que obedecen a su formación de militar y de político, respectivamente, acaban de regresar de una experiencia inolvidable

El general Luis Herlindo Mendieta y el gobernador del Meta, Alan Jara, dos personalidades distintas y dos temperamentos distintos que obedecen a su formación de militar y de político, respectivamente, acaban de regresar de una experiencia inolvidable. Mendieta no saludó de mano ni miró a la cara a los comandantes guerrilleros Iván Márquez y Pablo Catatumbo a quienes detesta en su fuero interno con toda razón, porque la segunda naturaleza que le imprimió la carrera militar lo hizo sicorrígido y menos condescendiente que Jara, cuyo talante de hombre de luchas políticas lo ha hecho un tanto jacarandoso, tranquilo y sin aquella rigidez mental de su compañero de viaje.  El gobernador Jara es un hombre dispuesto a mirar el mundo agitado de la política con ojos desprevenidos, a la manera de un político veterano. Allí están plasmados, digo yo, dos personajes bien diferentes en su modo de encarar la vida y asumir los choques de la guerra.


El aceptar la misión de viajar a La Habana, fue un compromiso personal de valor excepcional. Su caso no es comparable al de quienes han sido víctimas por  atropellos a terceros, así sean parientes cercanos. Los años -12 y 7- que permanecieron en la selva encadenados, los padecieron ellos en carne propia y esa humillación y dolor no es transferible a nadie. Bajo este entendimiento merece ser destacada su presencia ante los negociadores del conflicto y los verdugos y cualquiera actitud que en principio no condiga con el fin propuesto de entrar de lleno aceptando el proceso de reconciliación, perdonando y aceptando el perdón, debe ser mirada con particular discernimiento y, en el caso Mendieta, con más comprensión. Es que el general Mendieta tuvo que hacer caso omiso de la diatriba proveniente de sus propios compañeros de armas y de los que por razón de profundos odios conocidos, no miraron bien su valiente actitud.


Jara y Mendieta, como en su momento lo fue la hoy representante a la Cámara Clara Rojas, son exponentes de una nueva mentalidad amplia y generosa, sin la cual este monumental esfuerzo de la nación entera encaminada a hallar la paz definitiva, no sería posible. Las Farc, en su equivocada posición de rechazar la condición de víctima del general, tenido por ellas como un prisionero de guerra, ha dado testimonio de su tozuda insensatez. Esa teoría traída de los cabellos sin eco ni respuesta del Gobierno o la sociedad, es parte de la lógica guerrillera que delira todavía con su fallido intento de tomarse el poder por la fuerza de las armas.  Rezagos de su holgada época del Caguán, por la generosidad sin límites del expresidente Pastrana.


No obstante la inicial repulsa del general Mendieta para asimilar de buen genio  aquel encuentro con sus secuestradores, tuvo la entereza de decir que está dispuesto a cerrar sus heridas y a esperar el momento de escuchar la palabra perdón en boca de la guerrilla.


El gobernador Jara, como lo dije, es un político exitoso que viene dando un ejemplo inestimable de buen entendimiento con el proceso de paz. Tiene flexibilidad mental para captar la situación y se ha constituido en un protagonista de primer orden para el buen suceso de este proceso esperanzador. Su relato de la visita a La Habana revela nobleza en las palabras y plena confianza en los resultados finales. Habla sin reticencias y esa modestia y afán por dar a entender que ha elegido la orilla correcta en el problema de la paz o la guerra, lo destaca entre los mejores aliados del proceso. He querido referirme a estas dos víctimas por el común lazo de su secuestro que los une y muestra como valientes mensajeros de la concordia ciudadana.


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Presidente: exija rapidez en el estudio del proceso de paz. No deje que la demora sin justificación ofrezca argumentos a los adversarios para atacarla. Las Farc tienen que entenderlo, si es que están por algo. Sin ultimátum.


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Y haga valer sus palabras. No deje convertir la gran reforma en un zoológico de micos. Así proceden los francotiradores de las dos extremas políticas. Es tiempo de ponerlos en su sitio, no sea que ocurra lo mismo que con la Reforma Judicial pasada, echada a menos por los propios amigos del gobierno. Hay ministros muy competentes que pueden lograrlo si usted se los manda.