Palabra y obra

“I miss Gabo’s tenderness”
“Añoro la ternura de Gabo”
Autor: Daniel Grajales
11 de Octubre de 2014


El director de cine y escritor Miguel Littín habló de la influencia de Gabriel García Márquez en su trabajo y de cómo lo recuerda, cerca de que se conmemoren seis meses de su fallecimiento.


Foto: Cortesía 

Miguel Littín dijo que es un espectador del cine colombiano, a través de autores como Víctor Gaviria y Sergio Cabrera.

Twitter: @danielgrajalest


Cuando está en silencio, Miguel Littín prefiere cerrar los ojos para volver al pasado y recordar momentos felices, pero también para imaginar el futuro, que en su caso se traduce en “vivir, que es exactamente seguir haciendo cine, una de las cosas que hago con mayor felicidad”.


Si no entiende algo, repite dos veces: “¿Qué decís, qué decís?”, vuelve a cerrar los ojos, respira y responde. Cree que así se concentra más en las preguntas, ya que “para mí es necesario el silencio”.


Este cineasta y literato compartió anécdotas de su amistad con García Márquez, de su carrera cinematográfica, y habló de Allende en su laberinto, su última película, en la que cuenta “cómo fueron las últimas horas de Salvador Allende”, que será estrenada el próximo 13 de noviembre en Chile.


-Muchos directores han llevado al cine obras literarias de Gabriel García Márquez, ¿por qué cree que no han logrado el éxito esperado?


“Cuando hablamos de él como narrador literario, es su voz la que está contando una historia. Lo hace con una magia, con una destreza, con la genialidad del alquimista, que trasmuta la materia en espíritu, que es capaz de cambiar la piedra en oro. 


“Cuando él pasa a otro medio, al cine, está traspasando su voz, porque no lo hace directamente, lo hace a través de un director de cine, que tiene otra visión de la vida, otros recursos narrativos.  


“Ahora, lo que hace que una cosa sea buena o sea mala, que es la comparación que hace la gente, es que la gente si conoce la literatura de García Márquez, porque es el narrador más famoso de la lengua española”.


-García Márquez lo convirtió en el protagonista de una de sus obras, del libro La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile, ¿qué destaca de la manera en que contó su historia?


“Su humanidad, su interés, su destreza y su habilidad literaria. En lo que tiene relación conmigo, lo que debo destacar es su amistad, su gran humanidad, que fue lo que hizo que le contara mi historia.


“Cuando nosotros hablamos de esto, Gabo no me dijo que iba a escribir un libro. 


“Como éramos grandes amigos, un amigo que hasta hoy añoro, conversamos de todo, de mi viaje clandestino a Chile luchando por la democracia y por la dictadura. Después de que terminé el viaje, me preguntó cómo me había ido y yo se lo conté. Luego, surgió sorpresivamente el libro”.


-¿Con qué afirmaciones de García Márquez no estuvo de acuerdo y cómo se lo expresó?


“Alguien me llevó el manuscrito, yo me sorprendí mucho de que las conversaciones de nosotros dos estaban contadas en ese libro, en primera persona. Él ya era Nobel de Literatura, yo estaba sorprendido, a veces con mucha cautela, con mucho entusiasmo, otras con temor de algunas afirmaciones con las que yo no estaba de acuerdo, sobretodo de algunas observaciones acerca de mi vestimenta (risas).


“Le decía: -Yo no me visto así.


“Él respondía: -"Eso no importa"


“Y yo le alegaba que no lo estaba diciendo cualquiera, que si fuera otro no me importaría, pero que lo estaba diciendo él.


“Teníamos unas charlas muy naturales, muy fluidas sobre el tema”.


-En su película Actas de Marusia (1975) usted presenta realidades sociales y hechos políticos, ¿por qué decidió humanizar el relato, a través de la creación de personajes comunes y corrientes?


“Son realidades sociales, ideológicas, pero no políticas inmediatas, que están hechas por hombres, entonces hay que centrar el punto de vista en el hombre y la mujer, en sus conductas naturales, y tratar de comprender, profundizando en el humanismo.


Yo no conozco otra manera, todo lo que está hecho por el hombre hay que entenderlo a través del hombre”.  


-¿Cómo fue el proceso de creación de su nueva película Allende en su laberinto? 


“Fue un proceso muy azaroso, muy doloroso, muy difícil, muy complejo hasta hoy. 


“Tengo la gran angustia de saber qué va a pensar la gente de la película, la gente que está en el supermercado, en la farmacia, que va a la escuela, no pienso en la crítica, ni en la academia..


“Mi anhelo es que gran cantidad de gente la vea, que tenga su propia opinión, ya que esta historia ya no me pertenece, es de la humanidad, del continente”.


-Usted ha dicho que esta es una idea que tiene hace varias décadas, ¿por qué no había podido hacerla realidad?


“La vida de un cineasta en Latinoamérica es muy complicada. Somos cineastas independientes, no pertenecemos a estudios, no tenemos empresas, no tenemos nada, somos una mezcla de alquimista, de artesano, de obrero, de productores de sí mismos.


“Entonces, uno tiene que encontrar los recursos, ver si está en estado de ánimo para contar una historia, si tiene los elementos narrativos, la capacidad de concentración, si el momento histórico es oportuno. 


“En definitiva, cuando uno ha pasado los 60 años, tiene que evaluar también si está en condiciones físicas para poder ejecutar esos trabajos”. 


“Soy muy riguroso, estudio mucho. Una vez que recorro la carretera, el lugar donde voy a correr esa carrera, que conozco todos los pormenores posibles, dejo que fluya mi instinto, que el subconsciente sea más fuerte que el consciente y que corra narrativamente. Es una carrera desbocada, de un caballo, de un corcel que no tiene ni frontera ni frente”.


-¿El exilio fue un momento que le sirvió para reflexionar sobre su manera de hacer cine?


“No exactamente, son estados y situaciones distintas, diferentes. Hay horas del día en que las obsesiones son más fuertes, no es mecánico. 


“Cuando estaba en el exilio, yo buscaba con mucha desesperación un lugar que se pareciera a Chile, pero fui encontrando en cada amanecer, en cada noche, en cada día, su propia estética. Me enamoré de México, me di cuenta de que la Cordillera de los Andes no solo estaba enfrente de Santiago de Chile.


“Permanentemente quien se dedica al arte está en reflexión y acción. Hay una hora del día, en cualquier parte del mundo que esté, en la cual pienso sobre mí ser, sobre la existencia de Dios, o dejo que el subconsciente me invada y espero que me ilumine”. 


-¿Cómo veía García Márquez sus películas y de qué manera influyó en ellas?


“Gabo no se detenía en esas cosas. Hacía apreciaciones generales y muy generosas. Sin embargo, él escribió artículos en muchos diarios del mundo sobre mis películas, aunque no me preguntaba, ni contaba, sobre qué iba a escribir.


“Él fue muchas veces a las filmaciones en las que yo estaba, eso no se sabe mucho, pero fue a la gran mayoría.  


“También iba al estudio, el vio por primera vez Actas de Marusia. Fue la primera persona en verla, estaba delante de mí frente a la pantalla, se volteó, solo me miró y sin decir nada, yo sentí que con eso me dijo que estaba sorprendido. Los gestos dicen mucho, cuando conoces a un amigo.


“Gabo ayudó mucho en mi cine, cuando yo estaba en Cannes, esperando el premio, el me llamó por teléfono a preguntarme que había pasado, se sintió feliz”.


-¿Qué hay entonces de otros amigos suyos, como Pablo Neruda y Juan Rulfo, en su cine?


“Sin duda el aliento épico de Neruda está presente en Actas de Marusia, en La tierra prometida (1973), así como la capacidad de novelar de Gabo, hay todas las improntas que han significado una guía, un aprendizaje en mi vida. Juan Rulfo, también está. 


“Son universos de luces, iluminan, pero dan luces también a esos pequeños mundos”. 


-¿Ha pensado en hacerlos protagonistas de sus películas, como lo hizo con Salvador Allende?


“Esa sería la película ideal, con todos esos grandes personajes conversando, conviviendo, viviendo. No la tengo pensada hacer, pero sería una gran idea”.


-En próximos días se conmemorarán seis meses de la muerte de García Márquez, ¿qué extraña de él?


“Extraño las conversaciones con él, su presencia tan grata, tan tierna, esa manera de llenar la vida y los días de gran alegría, de gran esperanza. Gabo vivía entregándole alegría y felicidad a la gente que el quería, a sus amigos, y por ende a sus lectores. Nadie ha hecho feliz a tanta gente en este continente como Gabo, su presencia, su ternura, su amistad, son algo que uno añora mucho”. 



El autor

Miguel Ernesto Littín Cucumides nació en Palmilla, Chile, el 9 de agosto de 1942. 


Comenzó sus estudios básicos en el Instituto Regional Federico Errázuriz de Santa Cruz, y luego cursó Teatro en la Universidad de Chile. Después, trabajó como director de televisión en el canal de la misma institución de educación superior.


Luego de presentar su primera película, El Chacal de Nahueltoro (1969), Salvador Allende lo designó como Presidente del Directorio de la Empresa del Estado Chile Films. 


Durante el gobierno de la Unidad Popular, junto con sus labores ejecutivas, realizó documentales y el largometraje La tierra prometida (1973), la cual terminó lejos de su patria, ya que con el golpe militar y el establecimiento de la dictadura de Augusto Pinochet, se exilió en 1973, en México y posteriormente en España.


En 1976, este director de cine y escritor recibió dos Premio Ariel: Uno a la Mejor dirección y otro al Mejor guión, por su película Actas de Marusia (1975), con la que consiguió además una nominación en el Festival Internacional de Cine de Cannes como Mejor película. 


También, fue nominado con esta cinta a los Premios Oscar correspondientes, en la categoría Mejor película extranjera.


Aunque fue alcalde de su ciudad natal durante el período 1992-1994 y reelecto para el periodo 1996-2000, ha dicho que su gran pasión es el cine, el cual le ha dado gran reconocimiento.




Filmografía

1965


Por la tierra ajena


1969 


El Chacal de Nahueltoro


1971


Compañero Presidente (documental)


1973


La tierra prometida


1974


Actas de Marusia


1978


El recurso del método


1980


La viuda de Montiel


1981


Alsino y el cóndor


1986


Acta general de Chile (documental)


1989


Sandino


1994


Los náufragos


2000


Tierra del Fuego


2002


Crónicas palestinas (documental)


2002


El abanderado


2005


La última Luna


2009


Dawson. Isla 10


2014


Allende en su laberinto