Columnistas

Lo urgente y lo importante
Autor: Manuel Manrique Castro
8 de Octubre de 2014


Como producto de una coincidencia aún no plenamente explicada, hace algunas semanas se desató en El Carmen de Bolívar una tempestad que recayó sobre la vacuna contra el virus del papiloma humano responsabilizándola de los extraños síntomas...

Como producto de una coincidencia aún no plenamente explicada, hace algunas semanas se desató en El Carmen de Bolívar una tempestad que recayó sobre la vacuna contra el virus del papiloma humano responsabilizándola de los extraños síntomas presentados por cerca de 600 niñas inmunizadas (entre 9 y 18 años) para prevenir el cáncer cervical. Sin mayor trámite los padres de familia concluyeron que los desmayos, calambres, dolores de cabeza y otra suerte de síntomas eran consecuencia de la vacuna y así se lo dijeron al ministro de Salud. 


El hecho capturó el interés del país.  La prensa hizo suya la duda sobre la posible conexión entre la vacuna y los síntomas que llevaban a las niñas al hospital.  Congresistas, funcionarios públicos, académicos, religiosos y gremios médicos se sumaron a la discusión.  


No solo el ministro de Salud y grupos de expertos llegaron hasta El Carmen de Bolívar, sino también congresistas como el senador Álvaro Uribe y en días pasados el procurador General de la Nación.  La Comisión Séptima del Congreso intervino también.  No faltaron los abogados que suelen ver en el dolor de las familias una posible fuente de ingresos.  


Poco efecto han tenido las explicaciones oficiales sobre las cualidades de la vacuna,  la seguridad y eficacia con que viene funcionando en más de 60 países, los 170 millones de niñas ya vacunadas de las cuales casi 3 millones en Colombia. Tampoco las razones de expertos sobre su eficacia cercana al 100% para prevenir el cáncer de cuello de útero que anualmente afecta a 6,900 mujeres colombianas y causa casi 2 mil muertes.  


Si nada de lo anterior cambió el parecer de los pobladores, menos aun la explicación del Presidente y ministro de Salud, cuando dijeron que estábamos ante una enfermedad psicogénica masiva, lo cual  fue interpretado por la población casi como una ofensa. Ni la población entendió el término ni quiso remotamente aceptar que sus hijas “estuvieran locas”,  menos aun que pueden haber causas emocionales capaces de incidir severamente en la fisiología humana. 


Un capítulo de movilización ciudadana y política en favor de la salud de niñas y adolescentes costeñas sin precedentes y digno de estudio, que ojalá fuera de la misma magnitud cuando se trata de otros temas como la maternidad precoz. 


Si el interés es por la salud de las niñas (y muy bueno que así sea) me pregunto, sin embargo, por qué el embarazo adolescente que convierte anualmente en madres a 150 mil niñas  y adolescentes, entre 10 y 19 años, poniéndolas ante múltiples riesgos,  no produce tal reacción colectiva nacional como la que invadió a Colombia y capturó el interés de todos los sectores sociales y,  con avidez preferente,  a los medios de comunicación.  Y eso que, para incidir en la reducción de embarazos adolescentes ya existe  legislación, recursos,   políticas públicas de alcance nacional y territorial y otros muchos esfuerzos públicos y privados.


Fuera de las probadas amenazas biológicas el embarazo precoz “pone en desequilibrio el bienestar integral y las expectativas de vida de las niñas”, como dice la estrategia nacional para prevenir el embarazo en la adolescencia, además de otras muchas consecuencias que las marcarán para siempre. 


Finalmente vendrán las explicaciones científicas que nos digan lo que pasó con las niñas de El Carmen de Bolívar y  los padres de familia sólo quedarán tranquilos cuando vean a sus hijas restablecidas.  Sin embargo, dos cosas de enorme trascendencia quedan por resolver: cómo asegurar que este episodio no le parta el espinazo al esfuerzo nacional por vacunar a 3 millones 500 mil niñas contra el VPH,  iniciado el 2013 y  cómo hacemos para desatar el mismo entusiasmo e interés por un asunto crucial como el de la maternidad precoz que tantos riesgos trae consigo.