Columnistas

Legislativo paralelo y preconstituyente
Autor: José Alvear Sanin
8 de Octubre de 2014


Las 63 farragosas y ambiguas páginas que recogen los puntos ya concedidos por el gobierno a las Farc dan la impresión de ser un programa social demócrata —discutible pero no letal— porque faltan las “salvedades” sin las cuales el Secretariado...

Las 63 farragosas y ambiguas páginas que recogen los puntos ya concedidos por el gobierno a las Farc dan la impresión de ser un programa social demócrata —discutible pero no letal— porque faltan las “salvedades” sin las cuales el Secretariado nunca firmará. 


No olvidemos que “nada está convenido hasta que todo esté acordado”. Ahora bien, se nos dijo que serían cinco los temas que se debatirían y que la negociación sería corta. Ni lo uno ni lo otro.


Nadie sabe cuántos temas se han tratado ni cuántos quedan por debatir. El politólogo cubano Tony López, por ejemplo, ha inventariado 28 temas nuevos de discusión. Además, cada nueva lectura del mamotreto de La Habana muestra nuevos asuntos para consideración. 


En cuanto al tiempo, nadie sabe cuántos meses puede tardar el gobierno en dar su brazo a torcer por completo…


En realidad, lo de La Habana se ha convertido en un cuerpo legislativo paralelo, donde hasta ahora, el gobierno se ha comprometido a crear docenas de nuevas agencias, fondos y bancos, mecanismos comunitarios de decisión, circunscripciones electorales no representativas y a adoptar numerosas políticas en contravía del modelo económico vigente.


La evacuación de tantísimas reformas excede la capacidad de cualquier congreso, aun teniendo en cuenta la aplanadora formada por las mayorías gobiernistas y el perverso mecanismo de las bancadas.


Todos recordamos la insistencia de las Farc en la convocatoria de una asamblea constituyente (mientras sea más cooptada que elegida, mejor), a la cual, hasta ahora, el gobierno se niega a acceder. A medida que se multiplican las exigencias de las Farc, al Ejecutivo se le hace más difícil someterse a ellas y, en consecuencia, se aleja la anhelada firma de la paz.


Entonces, la salida del proceso será entregar todo lo acordado, y también lo que falta, las “salvedades”, a un cuerpo soberano, incontrolable, mágico y expedito, es decir, a una asamblea constituyente. 


Nada suena más democrático que un cuerpo de esa laya. Y nada es más disociador, desde los états généraux, pasando por la Duma de Petrogrado, y hasta el Concilio Vaticano II, porque en el frenesí de las reformas todas las ideas novedosas, por descabelladas que ellas sean, logran apresurada aprobación, máxime si se tiene en cuenta el trasfondo político, la labor de los hidden persuaders, los aplausos de la galería mediática y la embriaguez de estar haciendo tabula rasa y escribiendo historia. 


Entre paréntesis, observo que en el mundo actual se requieren títulos hasta para preparar un desayuno, mientras cualquiera opina sobre filosofía, religión y derecho constitucional, sin la menor preparación en esos vitales asuntos, porque los 46 millones de constitucionalistas que habitan a Colombia “son capaces” de aceptar semejante salida para la crisis provocada, sin necesidad, con la apertura de la caja de Pandora de La Habana. 


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En La Habana, con la segunda tanda de víctimas no se presentaron tropiezos. Algunos sí, en la tercera, porque se les coló el general Mendieta, cuyos once años enjaulado no le han conferido el “orgullo de ser víctima” que según el nuevo Mingobierno exhiben otras. Sin embargo, la liturgia nueva era, con blancos pétales y cánticos dizque aborígenes, salió muy linda…