Columnistas

Los malos consejos de Krugman: primarización
Autor: Guillermo Maya Muñoz
6 de Octubre de 2014


Paul Krugman es un teórico de respeto, y sus trabajos en economía internacional le merecieron el premio Nobel de Economía (2008). Además, Krugman es columnista destacado del NY Times, en donde...

Paul Krugman es un teórico de respeto, y sus trabajos en economía internacional le merecieron el premio Nobel de Economía (2008).  Además, Krugman es columnista destacado del NY Times, en donde  se convirtió en el crítico más acérrimo de las políticas económicas de los dos gobiernos de George W. Bush, a quien llamo Robín Hood al revés,  le quitaba  a los pobres y le daba a los ricos. En EE.UU, La reducción de los impuestos, a los más ricos y a las corporaciones, se tradujo en una mayor concentración del ingreso, con más pobreza y salarios reales estancados. Un rasgo de la latinoamericanización de EEUU. 


Los bienes que intercambian los países Norte-Norte (EE.UU.-Europa-Japón) son en su mayoría manufacturas y son substitutivos. Lo americanos compran carros alemanes y los alemanes carros americanos. Este comercio es creciente y dinámico, los precios son determinados por los productores y “marcados”, lo que crea beneficios de monopolio u oligopolio en el comercio, mientras pagan buenos salarios y las productividades son altas. 


El comercio Norte-Sur (EEUU-Europa-Japón Vs el resto) es diferente: Autos contra café (en grano verde, ni tostado ni procesado).  Mientras el Norte produce bienes manufacturados de alta tecnología, el Sur produce materias primas agrícolas y minerales, y bienes manufacturados intensivos en trabajo, de rendimientos decrecientes (costos crecientes a medida que aumenta la producción) y que ya han agotado el cambio técnico. Este último comercio es complementario y menos dinámico. Los salarios que paga el Sur son bajos, la productividad es baja, y la pobreza abunda.


Hay que advertir que el Norte, gracias a múltiples y cuantiosos subsidios agrícolas, logra tener un comercio agrícola importante, en contramano de sus ventajas comparativas, mientras aboga por la eliminación de la política industrial, aranceles y subsidios,  en los países del Sur. 


En este sentido, Krugman señala que la producción en el Norte está determinada por actividades que exhiben rendimientos crecientes  (costos decrecientes), bajo estructuras de mercado monopólicas u oligopólicas. Por esta razón, las ganancias del comercio no están determinadas por las ventajas comparativas, sino por las ventajas dinámicas de los rendimientos crecientes, que conducen a una especialización comercial arbitraria, dando pie a la competencia intrasectorial en bienes similares/substitutivos.


Por otro lado, el comercio Norte-Sur, complementario, intersectorial, expresa las ventajas comparativas del libre comercio, y refuerza estructuras productivas especializadas, en pocos productos, con contenidos de bajo valor agregado y  de conocimientos,  con bienes que son menos dinámicos desde el punto de la demanda, con mercados competitivos, y estructuras de precios altamente variables.


Lo anterior quiere decir, que la ventaja productiva de los países descansa en moverse o desplazarse de actividades primarias a actividades manufactureras, más diversificadas. Es decir, en hacer un comercio substitutivo y no complementario. Los países emergentes exitosos lo hacen: China cada vez más produce bienes manufacturados, con alta intensidad en conocimientos y tecnología, mientras va abandonando actividades de baja productividad, que otros países asiáticos van retomando. Incluso, la elevación de los salarios en China ha vuelto a hacer rentables las maquilas en México, a quien Krugman llama, equivocadamente, país “manufacturero”.


Krugman a pesar de ser un crítico de la teoría ricardiana de las ventajas comparativas, en el Seminario Internacional ‘Nuevos Paradigmas en Competitividad’, el pasado marzo, en Perú, un país especializado en exportaciones primarias mineras, insiste en recomendar una especialización primaria a las economías latinoamericanas, y les dijo a los peruanos: “No se preocupen tanto por crear un país destinado a la manufactura. Ustedes ya tienen los recursos para ser exitosos” (JM Hurtado, semanaeconomica.com, abril, 2014). 


Y les recordó a los peruanos los éxitos de las economías primarias: “Por otro lado, tienes a Chile, que aún es una economía que exporta mucha materia prima, pero cuyas políticas económicas han hecho que sea un país de éxito. Lo que quiero decir es que no es primordial que un país sea exportador de productos manufacturados para que sea exitoso. Lo primordial es que tenga políticas económicas prudentes y bien llevadas” (JM. Hurtado).


Precisamente, lo curioso de Krugman es que aunque ha sido uno de los teóricos de la nuevas teorías del comercio, “que describen al mundo real mucho mejor que la teoría estándar (las ventajas comparativas ricardianas del libre comercio, de bienes complementarios), rehúsa aplicarlas en la política práctica” (Reinert).


Esta falta de coherencia, entre las conclusiones teóricas y las recomendaciones de política, por parte de Krugman, la llama Erik Reinert: “vicio krugmaniano”, en su excelente libro How Rich Countries Got Rich...and Why Poor Countries Stay Poor (2007), acusando a Krugman de hacer “malabares con los supuestos de la “ciencia” para lograr fines políticos”.


Krugman no está solo. Nuestros economistas “cosmopolitas” ortodoxos, más interesados en el intercambio comercial que en la producción, predican las conclusiones que se sacan de una serie de axiomas y supuestos irreales definidos a priori, una economía de tablero, que no tiene nada que ver con el mundo real, en donde los estados nacionales fuertes no están dispuestos a supeditar su soberanía a la pruebas matemáticas del teorema librecambista ricardiano, y que nuestros ministros de hacienda, y cámaras de comercio, reverencian como la más profunda sabiduría que nos haya legado la mente humana. 


PD: la Senadora Sofía Gaviria estaba en el foro “Los TLC, la industria y el empleo nacional”, convocado por Proindustria y las centrales sindicales, el pasado 2 de octubre, en Bogotá, tomado nota, muy atenta.