Columnistas

¡A pedrada limpia!
Autor: Mariluz Uribe
6 de Octubre de 2014


Me tiembla la mano pero tengo que escribir esto ya, para que se lo aprendan de memoria mis lectores, y ojalá lo guarden en el bolsillo, de pronto hasta les sirve de escudo.

Me tiembla la mano pero tengo que escribir esto ya, para que se lo aprendan de memoria mis lectores, y ojalá lo guarden en el bolsillo, de pronto hasta les sirve de escudo.


En la tarde del jueves, de ésta mi corta visita a la Ex Beya Viya, donde me vi con los compañeros  de EL MUNDO en la premiación de sus 35 años, aproveché para ponerme una cita con un viejo amigo, para conocer su nueva oficina.


Y aquí va lo que me tiene sin respiración y con un taco en la garganta, pues en esta visita a la Medellín que me vio nacer, cuando  las niñas andábamos solas por las calles, montábamos a caballo  por las carreteras, ¡íbamos a matinal, montábamos en tranvía, disfrutábamos el Circo España o acabábamos en el Junín y hasta en el “No te veré”!


Ah, pero  les contaba, les contaba que esperaba al caballero que me había invitado a conocer su nueva oficina, y yo allí sentada, rodeada de sus secretarias, esperaba, esperaba,  y él no llegaba y no llegaba, al punto que me recordó aquella famosa poesía de Guillermo Valencia: “...la miraba, la miraba, la miraba, y queriendo hablar no hablaba...”  


A esas me entero de que el caballero, queriendo llegar, no llegaba.... Porque en la Carrera 43A con la Calle 10 un “habitante de la calle” desadaptado y drogado, comenzó a tirar piedras tamaño gigante a los carros que por allí pasaban  -sin que nadie interviniera por supuesto-  quebró vidrios y hundió puertas a lo loco. 


Y tan de malas el caballero, que venía caminando, caminando, muy tranquilo por su acera, cuando pasó que el “indigente” había perdido ya su puntería, y sus tres siguientes lanzamientos  aterrizaron en la cadera, la espinilla ¡y la más grande de las piedras en el tobillo de mi amigo!


-”¡Oiga parce, a usted le dieron muy duro!” Y el buen samaritano que apareció y mi amigo, cojeando adolorido, se refugiaron en la Iglesia de El Poblado. Allí él se descalzó en frente de San José y se descubrió tamaño chichón en el tobillo… ¡Ahí sí quedó sin poder caminar! 


Por suerte después de un rato y un “Padrenuestro”  y una “Bendición”, pudo llegar rengo y pálido a la oficina.  Así, prácticamente sin tocar el tema, pasamos la tarde muy educadamente, con un buen tinto, con el socio, las secretarias  y una bolsa de hielo en el tobillo. 


Yo callada, desconociendo cada vez más la Medellín en que me crié, la ciudad que mis padres adoraban al punto de que no querían que me casara porque me iría a vivir a Bogotá, donde he visto, oído y me han pasado muchas  cosas, pero ésta de tirar piedra a medio día y sin razón, no me ha tocado.


 Sí la había leído en la Biblia, hasta David la practicaba, pero sólo subsistió hasta que Jesús  dijo: -”¡No más! Y el que esté libre de culpa, que tire la primera piedra”.  No sé si los tipos tiraron su piedra al suelo, se la embolsicaron, o se la tragaron que es lo que han debido hacer. Pero eso fue hace 1984 años, creí que algo nos habíamos educado, inclusive por conveniencia propia, pero como que no. Ahí les dejo para que pensemos, pues esto es aplicable a muchas cosas: La civilización retrocede.


Personalmente quiero recorrer la Avenida todo este fin de semana, a ver si me apedrean a mí también, que además creo me reconocen, sobre todo cuando ando por ahí investigando los lugares de donde viene el enloquecedor ruido nocturno con parranda en las aceras, (espacio público) que no deja dormir ni a la Bella Durmiente.


Ah, pero no puedo salir mañana sin llamar al amigo a ver si amaneció cojo o está enclinicado  o si tuvo la sangre fría de apuntar con su “Tablet” al agresor y fotografiarle aunque fuera el trasero. ¡Y publicaremos la foto, para que se cuiden!


Psicóloga PUJ y Filóloga U de A