Palabra y obra

The National Salon of Artists
El Salón Nacional
4 de Octubre de 2014


El artista plástico y gestor cultural Aníbal Vallejo, quien fue curador del Museo de Zea, actualmente Museo de Antioquia, presenta una serie de artículos, que serán publicados cada sábado en esta sección, en los cuales revisa la historia del arte local y nacional.


Foto: Cortesía 

Panorámica de sala de exposiciones del XXI Salón Nacional de Artistas.

Aníbal Vallejo Rendón


Especial para EL MUNDO


El origen de los salones data de mediados del siglo XVIII cuando la Academia Francesa le dio c aracterísticas de exposición anual y a pesar de que se realizaba en el Salón Cuadrado del Palacio del Louvre se empezó a llamar El Salón, como distintivo, dejando de lado el nombre del museo.  


Considerado como el evento plástico con más trayectoria en el país se inauguró en el año de 1940  por iniciativa de la directora del Museo Nacional Teresa Cuervo Borda durante la presidencia del doctor Eduardo Santos y  siendo Ministro de Educación Jorge Eliécer Gaitán. 


Se realizaba anualmente por convocatoria y exhibición que se hacía en Bogotá ya que el arte nacional se señalaba desde la capital. Con el tiempo (1973) llegó a ser itinerante, bienal, se suprimieron los premios, se hicieron convocatorias regionales y se fue abriendo a diversas manifestaciones. 


Los jurados y los premios


Denotan la injerencia de personas con disciplinas y actividades tan variadas como escritores, periodistas, diplomáticos, religiosos, funcionarios, artistas, arquitectos, abogados, filósofos, críticos, directores de museos, profesores, coleccionistas.


Así para el IX Salón en 1952 se invitó por primera vez un jurado extranjero. Nada raro porque para entonces el comentario artístico en los medios estaba a cargo de extranjeros de paso o que se habían radicado en el país, concretamente en Bogotá. Y así lo fue por mucho tiempo. Sus nombramientos se hacían por designación oficial, otras por votación entre los mismos participantes o por reglamentación que obligaba a conformarlos con un representante del Ministerio de Educación, uno de la Asociación de Escritores y Artistas de Colombia y un tercero de la Escuela Nacional de Bellas Artes.


Los cambios


A lo largo de la historia de su organización ha presentado numerosas variantes. Inicialmente los reglamentos fueron materia de resoluciones ministeriales como la número 791 del 17 de septiembre de 1940. Solo en el X Salón del año 1957 el jurado de admisión autorizó considerar las obras enviadas por artistas extranjeros no nacionalizados y residentes en el país, así como la de estudiantes inscritos en las escuelas de artes. 


Desde sus comienzos los jurados han sido los blancos preferidos de la crítica. Existieron dos jurados, de selección y de premiación. Este último alguna vez se llamó de recompensas (1957). Incluso hubo decisiones de sortear el premio por empate entre los jurados (1950), o establecer un gran jurado (1969), o asignar los premios por votación del público, o de los artistas participantes (1973). 


En 1972 con los salones regionales se eliminaron las menciones y los reconocimientos. En 1974 se decidió hacerlo cada dos años a partir de la convocatoria del XXVI Salón que fue en 1976y se dieron como estímulos lo que llamaron bolsas de trabajo. La mayoría de los premios fueron de adquisición y muy pocos artistas conservaron la obra distinguida.


Estas obras premiadas se encuentran en colecciones particulares, una reducida parte fue de Colcultura, otras de museos en varias ciudades y de la empresa Propal que patrocinó algunas convocatorias. 


Entre el artista y el público mediaba el criterio del jurado de selección cuya función principal era separar lo que consideraban como arte de lo que no se estimaba como tal. Así el salón era un gran aparato artístico al servicio de quienes efectuaban la selección y el resultado era apenas un reflejo de las ideas no siempre estéticas de éstos. 


Las protestas


En 1941en el II Salón la obra La Anunciación de Carlos Correa desató una polémica que llevó al retiro de la obra de la exhibición por la representación de una mujer desnuda embarazada frente a un vitral. El artista rechazó el tercer premio asignado a otra obra suya, un retrato. 


Al año siguiente, ese mismo desnudo obtuvo el primer premio y a los cuatro días fue retirado por nuevo escándalo. Entonces le asignaron el primer premio a la otra obra que presentó. En Colombia se presentó nunca una polémica como esa. Según lo manifestó uno de los jurados (Luis B Ramos) quien dio la orden de que no se exhibiera fue el  ministro de educación Guillermo Nannetti. “Un cuadro espantoso e indecoroso… Colombia es un país católico… la sociedad debiera protestar seriamente contra esto…” dijo la columnista de El Espectador Emilia Pardo Umaña. 


Habían empezado muy pronto las polémicas con las convocatorias del evento. Las que seguirían alternando con distintas circunstancias. Premios declarados desiertos en escultura en 1941. Quejas de participantes por adulteraciones y abusos cometidos por la violación de los reglamentos. Protesta de Eladio Vélez quien escribió: “por qué escritores snob rechazan a los pintores profesionales para quienes se fundó el Salón. Que esos críticos carecen de la preparación que los hace aptos para desempeñar dichos puestos. 


Para evitar la intromisión de esa clase de críticos lo mejor sería suprimirlos a ellos como jueces así como también los premios”. El IX Salón de 1943 fue declarado desierto por el reducido número de obras seleccionadas y se autorizó llenar el espacio sobrante con obras de colecciones particulares.  


El dinero de los premios se destinó a comprar las obras de Carlos Reyes y Luis Alberto Acuña. En 1946 se clasificaron los premios de pintura en composición con figura humana, naturaleza muerta, retrato y paisaje. En escultura se dividió en composición con figura humana, cabezas o bustos y relieves y torsos. Algunos de estos desiertos, muchos con diplomas de honor.


Una de las muchas protestas generadas por la premiación fue la convocatoria de 1969 (XX Salón) cuando Álvaro Barrios cubrió con una tela sus obras rechazando el tercer premio. La Sociedad Colombiana de Artes Plásticas, por intermedio de sus directivos Carlos Granada y Juan Antonio Roda, le retiró el premio por las declaraciones que emitió sobre el fallo donde se refirió a un salón de saltimbanquis. 


El artista se quedó sin la placa de plata y sin el viaje por tres meses a México. Era frecuente que los seleccionados dijeran que por fin había un jurado honesto, cuando a su vez los rechazados cuestionaban la falta de criterio y de honestidad.  


Las inauguraciones


Por un lado los comentarios artísticos, por el otro los de los desfiles en que se convertían las inauguraciones. Cualquier cosa era permitida en materia de modas: pantalones de satín, un poco altos, solapas anchas, siluetas unisex, mini-mini, cabello largo en los hombres, prendas humildes mezcladas con vestidos estrafalarios que hacía muchos años no se veían. Escándalos propios de tales eventos.


Hoy se ha perdido la continuidad y hasta el distintivo del salón. Ya no es nacional sino inter.  Ya de las viejas convocatorias al menos nos queda el recuerdo de los nombres de los artistas y hasta de sus obras. Cómo olvidar La Anunciación, la Camera degli Spossi, Santa Bárbara, de artistas antioqueños. O Violencia, Sólo con su muerte, La terrible mujer castigadora, Marta Traba cuatro veces, Paisaje y carroña… Ya nadie se acuerda de las fechas de las convocatorias, ni de los premiados. Ni siquiera de las atractivas inauguraciones donde a los ministros de estado que asistían los confundían con algún artista o las obras premiadas con algún elemento estructural de la sala, y hasta la misma pieza participante con algún objeto olvidado en la adecuación del espacio. ¿Quién se acordará de “María Tomasa la resbalosa sufrió un desmayo cuando el temblor”?



¿Por qué Inter?

Desde el año 2008 se vienen integrando artistas de otros países al Salón Nacional. De ahí que ahora se haya integrado (Inter) a su nombre. 


La idea de compartir con artistas extranjeros permite cotejar las manifestaciones locales y las extranjeras. “Se ponen en diálogo con los artistas colombianos a fin de examinar si hay distancia o cercanía y cuáles son los posibles enlaces con otras comunidades y territorios”, dice Jaime Cerón, asesor de Artes Visuales del Ministerio de Cultura.


Particularmente su versión 43, que fue realizada en el 2013, en Medellín,  con la premisa de Saber Desconocer, era incluso coherente para los organizadores tener artistas internacionales, pues precisamente las formas de producción y de concepción del arte no son las mismas.