Columnistas

La nueva geopolítica alimentaria
Autor: Carlos Mauricio Jaramillo Galvis
1 de Octubre de 2014


La mayoría de las primeras civilizaciones que se asentaron sobre la Tierra soportaron un evento en común: colapsaron y desaparecieron. Sumerios, Nabateos, Olmecas, Mayas, Clovis, entre otras culturas...

La mayoría de las primeras civilizaciones que se asentaron sobre la  Tierra soportaron un evento en común: colapsaron y desaparecieron.  Sumerios, Nabateos, Olmecas, Mayas,  Clovis, entre otras culturas,  presenciaron  la disminución acelerada de sus cosechas como consecuencia de eventos propios del cambio climático,  el mal manejo de sus recursos naturales y  la salinización de los suelos.


Si oteamos el actual panorama ambiental de nuestro planeta y lo comparamos con lo sucedido hace miles de años con las civilizaciones citadas, es casi seguro que vamos en el mismo rumbo.  Las tendencias actuales de las diferentes  actividades económicas acercan lentamente a la civilización a un inminente colapso.


A la fecha, alimentos como los cereales (maíz, trigo, arroz, soya, etc.) vienen alcanzando precios inaccesibles para muchas comunidades como consecuencia de la disminución de los acuíferos, el incremento de las concentraciones del CO2, las temperaturas extremas, el uso de estos cereales  como  biocombustibles, el derretimiento de las capas de hielo, el cambio de nivel de los ríos y mares, la pérdida de tierras cultivables y, por supuesto, la especulación.


¿Cuál es la consecuencia de un escenario como el anterior?  Hambre.  Para el año 2015 se calcula que tendremos más de 1.200 millones de seres humanos hurgando entre las basuras en búsqueda de migajas de algún alimento, si es que las encuentra.  En otras palabras, los alimentos son  el eslabón más frágil que está poniendo en peligro a la civilización actual,  con el  agravante de que esta sigue creciendo de forma exponencial (cada año se cuenta con 79 millones de personas más que demandan alimentos), mientras que los recursos naturales evidencian un agotamiento irremediable a una velocidad ídem.  En otras palabras: si la población mundial sigue creciendo de esta forma, el hambre jamás podrá ser erradicado, máxime cuando los seres humanos tienen que competir con los automóviles  por los cereales.


Una situación como estas es la que vienen generando una nueva geopolítica basada en los alimentos, puesto que los países que tradicionalmente han importado grandes volúmenes de estos,  han comprendido que no pueden fiarse de lo que sucede en el mercado para satisfacer sus necesidades.  Es así como muchas naciones ricas vienen comprando o arrendando por muchos años grandes extensiones de tierra en otros países para suplir su demandan interna, pues sus poblaciones han superado el límite del uso de sus recursos hídricos y edáficos.  


Libia, por ejemplo, fue la primera nación en lograr un acuerdo con Ucrania para que le cediera 100.000 hectáreas de tierra para cultivar trigo, Indonesia ha entregado dos millones de hectáreas a los sauditas para cultivar arroz,  China compró los derechos sobre 2.8 millones de hectáreas en el Congo para producir aceite de palma y Corea del Sur se quedó con 690.00 hectáreas de tierra de Sudán para cultivar trigo.  Curioso es evidenciar  que mientras países como Sudán, Congo, Egipto  y muchos otros más venden o arrienda sus tierras, estos dependen del Programa Mundial de Alimentos para atender las necesidades de sus poblaciones que mueren de hambre.


Una condición como la anterior denota una situación  contrastante: cuando se adquiere tierras por parte de un país determinado, a su vez, esta misma nación está adquiriendo el agua del país con quien negoció, lo que impide que el recurso hídrico pueda ser utilizado por los ciudadanos del país vendedor o arrendador,  haciéndolo más dependiente de las importaciones con los concebidos peligros que ofrecen los mercados internacionales. 


 Por otra parte, afloran interrogantes necesarios de dilucidar ¿están informados los agricultores del país vendedor o arrendador de dichos acuerdos? ¿Qué tan transparentes pueden ser esas negociaciones que solo las adelantan miembros de los gobiernos comprometidos en estas? ¿Cómo afecta el empleo en los países comprometidos en la negociación? ¿La nación compradora o arrendataria llevará sus propios trabajadores? ¿Qué podría pasar si los precios de los alimentos aumentan en el país vendedor? ¿El país que invierte estaría dispuesto a sacar esos alimentos de las tierras que adquirió? ¿Cómo se garantiza la seguridad de esos alimentos, producidos en países que mueren de hambre?


El hambre y la inseguridad alimentaria vienen generando una nueva geopolítica donde están en juego el agua y la tierra de muchas naciones, especialmente  las  más pobres y con mayor densidad poblacional, lo que podría generar una gran hambruna y una inestabilidad política con resultados casi que evidentes, especialmente cuando todos conocemos las guerras desatadas por muchos países para asegurarse la consecución de recursos energéticos fósiles.


Advertidos estamos.


ÑAPA: Curioso lo que sucede en Medellín, pues mientras se convoca a un concurso para diseñar jardines donde los ganadores son premiados con herramientas y plantas, un concurso para diseñar una biblioteca que se cae a pedazos, el ganador fue premiado con cientos de  millones de pesos.