Columnistas

La urgente reforma educativa
Autor: Iván Guzmán López
30 de Septiembre de 2014


Se acabó el tiempo en que muchos políticos (en especial algunos de esta última década, que se auto proclamaron como los adalides de la transparencia y de la nueva generación salvadora de Antioquia y Medellín)...

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Se acabó el tiempo en que muchos políticos (en especial algunos de esta última década, que se auto proclamaron como los adalides de la transparencia y de la nueva generación salvadora de Antioquia y Medellín), usaban el tema de la educación como caballo de batalla para captar votos de incautos, y no para hacer de Medellín, Antioquia y Colombia, una región y un país verdaderamente prósperos y equitativos. Sin duda, en el marco de la globalización y de la competitividad, en materia de educación, hemos tocado fondo, y ello lesionará profundamente nuestra economía en los próximos años. Esta es una realidad que el país económico, educativo y democrático, ya no puede esconder y mucho menos hacerle el quite.  


Recordemos que “el 21 de julio de 1994, diez de las mentes más brillantes del país le entregaron al presidente César Gaviria, un documento con el que buscaban hacer historia: el ‘Informe Conjunto’ de la denominada Misión de Sabios, que diez meses atrás el mismo jefe de Estado había reunido con el fin de revolucionar la educación y así impulsar el desarrollo del país”.  Olímpica e irresponsablemente, la clase dirigente y política colombiana de hace 20 años hizo mutis por el foro ante el atinado informe de la Misión, en cabeza del neurocientífico Rodolfo Llináz. En esa oportunidad, durante la ceremonia de entrega del dicho Informe, dijo Gabo: “Nuestra educación conformista y represiva parece concebida para que los niños se adapten por la fuerza a un país que no fue pensado para ellos, en lugar de poner al país al alcance de ellos para que lo transformen y engrandezcan”. Hoy, bajo el mismo panorama de las palabras de nuestro Nobel, desprovistas de metáforas macondianas y construidas de la más pura realidad educativa, es tarea insoslayable. 


Con concursitos y becas personales, entregadas con el pago de nuestros servicios públicos, es imposible ofrecer calidad educativa y pensar en un país educado, competitivo y verdaderamente democrático. Por tales circunstancias, me complace leer y estudiar el Informe de la Fundación Compartir sobre el estado actual de la educación en Colombia y las reformas necesarias para mejorar su calidad. Sin duda, un informe que no maquilla ni esconde la realidad (estrategia tonta que usan algunos mandatarios, sin vergüenza alguna, a partir de las estadísticas y las encuestas de “opinión”), tiene que ser el punto de partida para una verdadera reforma educativa, que se torne en política educativa y no en politiquería educativa, tal y como hoy ocurre.


Se calcula que el gobierno Santos, que se comprometió con dicha reforma educativa, debe aportar el 0,5% del PIB anual, es decir, 3,6 billones de pesos. Esperemos que no sea mera promesa de campaña, como parece ser en lo que se constituirá la devolución del pago de horas extras nocturnas a los trabajadores, la reforma a la salud, a la justicia, entre muchas otras. La verdadera mermelada que requiere el país, es para la torta educativa; sin ella (la educación), no hay futuro.


Puntada final: según Diego Molano, un eje fundamental en la política Vive Digital, es el énfasis en El Gobierno en Línea. “La idea es lograr un Estado más eficiente y transparente mediante el uso de las TIC, dice Molano”. Sucede que hace 2 años compré una vivienda en Santa Teresita; parece que el tal Gobierno en Línea no existe, porque nunca me llegó la factura del predial. Fui a catastro municipal y comprobé que me estaban mandando la factura “al lugar equivocado”; es decir, las dependencias de la Alcaldía no se hablan, contrario a lo que dice el magnate de las TIC. En Catastro me dijeron que corregían la dirección en mi factura; y que para corregir la de mi señora, necesitaban su cédula. Volví con la dicha cédula, y otro funcionario me dijo horondamente: “le informaron mal, ella debe llenar “este” formulario y firmarlo”. Regresé al otro día y otra empleada, sin rubor alguno, me dijo: “no le informaron bien”, tiene que traer una autorización de ella. El problema sigue vivo, después de 4 visitas mías y el tiempo de 4 funcionarios que “atendieron” a este ciudadano. ¡Este es el Gobierno en Línea!, ¡y estamos en la más educada!