Columnistas

Pa駉s de agua tibia
Autor: Omaira Mart韓ez Cardona
30 de Septiembre de 2014


Ejercer la ciudadan韆 implica tambi閚 reconocerse en las dificultades, enfrentarlas y exigirse para superarlas.

oma66co@gmail.com


Ejercer la ciudadanía implica también reconocerse en las dificultades, enfrentarlas y exigirse para superarlas. Una vez más por pertenecer a una cultura acostumbrada a esperar a que las cosas sucedan para reaccionar, uno de los temas más sensibles para la imagen de la ciudad ha cobrado actualidad por el hecho de que un medio de comunicación internacional le dio un tratamiento sensacionalista.


Independiente del enfoque que se haya dado, debe reconocerse que la problemática de la explotación sexual en Medellín no es reciente y que tampoco como ciudadanos ha existido mucho compromiso para atender esta situación que es el reflejo, entre otros factores, de la inequidad social. Con tasas de natalidad que aunque han bajado, aún no lo suficiente, especialmente en embarazos no deseados y en adolescentes en estado de gestación, más las pocas oportunidades de ocupación para los jóvenes y la necesidad de niños y niñas que son obligados para sobrevivir  a explotarse sexualmente,  incluso por sus mismos padres;  las acciones para contener el problema debieron darse a conocer hace tiempo. Si bien en la constante rendición de cuentas, la administración presenta la inversión que ha hecho con distintas actividades y programas para combatir la situación, falta proactividad. 


Ser menos reaccionarios tratando de minimizar la dificultad con “paños de agua tibia” y ser más proactivos para que cuando digan algo ya se esté preparado para afrontarlo, es una característica de las sociedades que se han fortalecido a partir de las lecciones aprendidas en épocas difíciles y nuestra ciudad no debería ser la excepción, después de haber sido estigmatizada por mucho tiempo, ha sabido superar en gran parte el nefasto legado de las mafias para mostrar una imagen renovada y esperanzadora. De la misma manera como dice nuestra tradición oral: “¿para qué llorar sobre la leche derramada?”, lo mejor es que esta coyuntura sirva para pellizcarse, evaluar y actuar con determinación desde lo educativo para prevenir que es en lo que más se ha enfatizado y también desde lo normativo que es el aspecto donde más vacíos se evidencian. 


Sin necesidad de indagar por las estadísticas exactas, se sabe que son pocos los proxenetas procesados penalmente en el país porque también son escasas las denuncias por parte de las víctimas. Más que un negocio, el mercadeo sexual se ha convertido en otro carrusel del que la ciudadanía es cómplice. Muchos de los visitantes extranjeros a la ciudad lo hacen con el único interés de “proba y comparar” el servicio que ya algunos falsos operadores ofrecen en este negocio.


Más que desgastarse respondiendo a otra ofensa contra la imagen de la ciudad, hay que admitir que para que esta problemática no siga cogiendo ventaja y se convierta en un nuevo atractivo, no debe existir laxitud; muchos gobiernos aún de países con  niveles más bajos de educación y desarrollo, tienen políticas y normas más firmes y rigurosos en la penalización de acciones que exploten sexualmente a las personas y con mucho más énfasis, cuando se trata de menores.


En culturas de doble moral como la nuestra este tipo de problemáticas que están más relacionadas con la vida cotidiana de los barrios y los hogares de lo que la mayoría cree, tienden a evadirse como si no tuvieran nada que ver. Es necesario visibilizar más el tema para concertar acciones conjuntas en todos los frentes, desde lo educativo, lo administrativo y lo normativo porque aunque a muchos no les afecte directamente ahora, sí se trata de asumir la responsabilidad de propiciar un mejor futuro para nuestros niños, niñas y jóvenes y una mejor imagen para la ciudad a la que pertenecemos.