Columnistas

Actos legislativos para la democracia
Autor: Alvaro T. L髉ez
30 de Septiembre de 2014


La reforma constitucional que propone el Gobierno al Congreso, como todo, tienes sus m醩 y sus menos. Pero nunca se debe perder de vista que se trata de una intenci髇 de caminar los caminos del perfeccionamiento de la democracia, y no de del de la represi髇 y de las normas impracticables u odiosamente dictatoriales.

alvarolopez53@hotmail.com


La reforma constitucional que propone el Gobierno al Congreso, como todo, tienes sus más y sus menos. Pero nunca se debe perder de vista que se trata de una intención de caminar los caminos del perfeccionamiento de la democracia, y no de del de la represión y de las normas impracticables u odiosamente dictatoriales. Si la actividad de reformar una constitución es política, pues entendamos, desde el más encumbrado parlamentario hasta el más humilde ciudadano, que la política es el arte de manejar los pueblos con el propósito único del bienestar general, que no es sino la búsqueda de la felicidad del pueblo. No puede seguir tomándose la política como la oportunidad que tienen los elegidos de fabricar sus propios pedestales en detrimento de los ciudadanos.


Los partidos políticos deben ser una prioridad en el proyecto de acto legislativo en comento, diseñando normas que los obliguen a tener contenido ideológico, a ser organizaciones vivas con aspiraciones que trasciendan el apetito burocrático de hoy, con pensamiento y posiciones sobre los problemas del país, su gente y su futuro. Es importante legislar sobre procesos y procedimientos para la designación de funcionarios de los altos cargos del Estado.  Es  trascendental lo de lo tomar posición sobre la reelección, pero llenando los vacíos con leyes coherentes y universalizando expresamente las medidas que se tomen. Eso evita la personalización de los cargos e institucionaliza la continuidad de los programas desde la concepción ideológica de los partidos, si realmente los hay.


En cuanto al derecho al sufragio como mecanismo primero de la democracia, si se vuelve obligatorio, ¿no estaríamos en  presencia de la más contradicción en un sistema en el que se supone la voluntad popular es sagrada y soberana? De hecho cada colombiano tiene la oportunidad de expresarse en las urnas de acuerdo con sus convicciones. Y una de esas formas de expresión es, precisamente la abstención. No es obligando sino convenciendo con hechos, como se logra la confianza ciudadana. Pero, está bien, que nos obliguen: como pretenderán hacer efectiva la obligatoriedad, tal vez excluyendo de algunos beneficios a los que no voten, o volviendo la abstención un delito o una contravención, o coartándonos con la fuerza pública.


Seguramente el voto obligatorio nos hará llegar a las urnas, pero no influirá en la cantidad de votos depositados por los candidatos; habrá más votos en blanco, más tarjetones no marcados,  pero eso no legitimará las representaciones que no representan nada, como es el caso de muchos. Claro que es bueno lo de las listas cerradas, pues acaba con el negocio de los avales y se constituye en un claro sendero hacia la institucionalización de los partidos, pero falta más fondo en la reforma propuesta. Y, aunque es mucho pedir en este estado de polarización de Colombia, lo ideal es que todos participen de las discusiones, no se trata de vencer a nadie, pues las ideas, sobre todo las buenas, no pueden ser derrotadas. Es tiempo de unirse por Colombia.