Editorial

Alerta y oportunidad
24 de Septiembre de 2014


Mal haría, en consecuencia, América Latina, que tanto ha luchado por su estabilidad democrática, al servir de avalista de una aspiración contraria a los ideales de sus libertadores.

La alerta que la semana pasada lanzaron diplomáticos latinoamericanos, que pidieron anonimato, sobre un acuerdo del Grupo Latinoamericano y del Caribe para que Venezuela ocupe por los próximos dos años una de las dos curules de la región en el Consejo de Seguridad de la ONU, fue recogida por los dos más reconocidos periódicos estadounidenses El New York Times y El Washington Post-, que en sus editoriales del sábado clamaron a las democracias del continente para que eviten una candidatura inconveniente e injusta. El llamado da la oportunidad de que la ONU, supliendo a la ineficaz OEA en este tema, asuma el necesario debate sobre la situación de las democracias de Venezuela y sus aliados del Alba, y luche por los derechos de las minorías perseguidas y los vecinos en riesgo.


Por su misma concepción, el Consejo de Seguridad es escenario y equilibrador de tensiones entre los países que representan riesgo de agravamiento de los conflictos y que son los miembros permanentes, o sea con derecho a veto; en consecuencia, el rol de los miembros no permanentes, que son elegidos para períodos de dos años por la asamblea general, es mediar las tensiones y garantizar el equilibrio. Mal podría un inestable gobernante, comprometido políticamente con las visiones más extremistas y abierto enemigo de Estados Unidos, ser la garantía de trabajo por ese equilibrio, hoy sumamente necesario dadas las pretensiones de Vladimir Putin por recuperar el poder que Rusia perdió con el derrumbe de la Unión Soviética, así para lograr sus pretensiones deba incendiar al mundo. Mal hace América Latina cuando se presta como avalista para una aspiración contraria a los ideales de libertad que han guiado su historia.


Si la curul de los miembros permanentes es una medida por el equilibrio, la que se otorga a los países no permanentes termina siendo un reconocimiento del mundo a la solidez de sus instituciones, la seriedad de sus gobernantes y la preocupación de las naciones por garantizar el respeto a la democracia y la vigencia universal de los derechos humanos. Para los periódicos que han alzado su voz contra este riesgo, el régimen chavista y su personero, Nicolás Maduro, no representan esas cualidades. 


Ambos editorialistas señalaron las razones por las cuales Venezuela no merece el respaldo del mundo a esta aspiración. El Washington Post señala que el gobierno Maduro “aumenta la persecución a varios de los más destacados líderes de oposición, incluyendo a Leopoldo López, el exalcalde de Caracas, que lidera uno de los más importantes grupos opositores al Gobierno”, crítica que comparte el periódico neoyorkino, que también lamenta que Maduro esté “privando a los venezolanos del derecho a cambiar el líder que llevó a un peligroso terreno”. Los llamados de ambos diarios han mirado a Colombia como una de las naciones afectadas por el Gobierno venezolano, pues dice el New York Times que “los abusos del Gobierno de Maduro son peligrosos para la región y, ciertamente, justifican las críticas que les hagan los líderes de Latinoamérica”. 


Los diplomáticos que se refirieron en voz baja a este riesgo y los editorialistas que recogieron su preocupación, le han sacado las castañas del fuego a la ahogada OEA y le han dado a nuestro gobierno una excusa válida para endurecer su postura frente al Gobierno que cerca a los ciudadanos, los empresarios y los medios de comunicación nacionales, como Venezuela lo ha hecho al albergar a la guerrilla en su frontera, confiscar y mantener la ocupación ilegítima de empresas nacionales y, ahora, bloquear a medios de comunicación defensores de la libertad de prensa y el derecho a la información, como NTN24 y RCN Mundo, abuso este por el que la Relatoría para la Libre Expresión exigió a Maduro terminar con “el uso de medios directos o indirectos para impedir la circulación de opiniones críticas o denuncias contra autoridades del Gobierno”, pronunciamiento que contrasta con las tibias preguntas formuladas por nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores.


La ocasión de liberarse de un yugo que cada vez pesa más sobre nuestra Cancillería llega servida por dos de los medios democráticos más acatados del mundo y fortalecida con la confirmación, en Nueva York, de los valores de “la democracia y el respeto a las instituciones”, que están en el centro de la Alianza del Pacífico, como dijo el presidente Ollanta Humala, al recordar el sueño republicano que unió a cuatro naciones que comparten el anhelo republicano como fundamento de su unión.