Columnistas

Municipio de El Poblado
Autor: Jorge Alberto Velásquez Betancur
18 de Septiembre de 2014


El Poblado es una comuna de Medellín que sirve como lugar de paso entre el sur y el norte del Valle del Aburrá y entre el suroccidente y el oriente del departamento.

El Poblado es una comuna de Medellín que sirve como lugar de paso entre el sur y el norte del Valle del Aburrá y entre el suroccidente y el oriente del departamento. Por sus calles estrechas se movilizan quienes viven en Sabaneta y Envigado y trabajan en el centro de Medellín o en los municipios del Norte del Valle; así mismo, quienes desde el norte del Área Metropolitana o desde el norte y el centro de Medellín trabajan en el sur del área. Y por la vía regional, que le sirve de límite con el río, pasa todo el tráfico pesado que viene del suroccidente del país y se desplaza hacia el centro y el norte de Colombia. 


Los habitantes de El Poblado pagan en calidad de vida las consecuencias de este tráfico masivo que produce contaminación ambiental y auditiva a gran escala. Y, de ñapa, ahora tendrán que sacar de su bolsillo 370 mil millones de pesos para que quienes utilizan sus calles de sur a norte y de occidente a oriente lo puedan seguir haciendo, a costa de los habitantes de El Poblado, quienes tienen que pagar cara la osadía de pretender vivir en un barrio exclusivo, como lo tildan los medios bogotanos y como creen que es desde las alcabalas de La Alpujarra.


En El Poblado viven cerca de 90 mil personas. Sus barrios son de estratos cinco y seis, pero la mayoría de las familias son de clase media: empleados y comerciantes que un día creyeron en el cuento de la movilidad social y se fueron para El Poblado en busca de un buen colegio para sus hijos y un lugar verde y apacible para la familia, aunque los constructores tenían otra idea con sus bellas zonas verdes y arboladas, presas de la especulación inmobiliaria. Hoy El Poblado es un feo remedo de Miami, con edificios de veinte pisos o más hasta en los bordes de las quebradas, sin zonas verdes, sin calles y sin posibilidades de ampliación, porque las autoridades de cada período no tuvieron los pantalones para hacer cumplir las normas y meter en cintura a los especuladores del suelo, quienes fueron los que se beneficiaron de la plusvalía de los terrenos y nos lo ciudadanos que luego les compraron, con altísimos sobrecostos, los apartamentos construidos en lomas y parajes insospechados, que desafían el sentido común y la ley de la gravedad.


En Medellín se despilfarra mucho dinero. Como lo anotaba el ingeniero Luis Gonzalo Mejía Cañas en El Colombiano el sábado pasado: “Las tres últimas alcaldías han buscado convertir la ciudad en una ciudad espectáculo como la llamó el arquitecto Alejandro Echeverri (El Colombiano 21/4/2014), con obras sobredimensionadas como el puente de la calle 4 sur o construidas con prisa y deficientes como la biblioteca España o innecesarias y alejadas de las más urgentes necesidades de la ciudad como el parque lineal del río”. Súmenle a esto las pirámides de la Avenida Gaitán (Oriental), la campaña para obtener la sede de los olímpicos de la juventud y los costos de la reforma burocrática de la Alcaldía. Como el dinero se gasta en propaganda, servicios personales y obras innecesarias, el plan vial que debió hacerse desde los años noventa ahora se programa pero con cargo a los habitantes de El Poblado, bajo el engañoso nombre de valorización. 


El maltrato habitual de las administraciones de Medellín hacia los habitantes de El Poblado y la necesidad de poner orden en el actual caos de la ciudad aconsejan un proceso de descentralización de recursos y funciones, que para el caso de Medellín solo puede dar efectivamente con la creación de municipios. El Poblado cumple con los requisitos exigidos por las leyes 136 de 1994, 177 de 994, 617 de 2000 y 1551 de 2012 para ser municipio: un área con identidad, más de 25 mil habitantes, capacidad de generar ingresos corrientes por más de 12 mil salarios mínimos y la conveniencia económica y social que determina su viabilidad. Es hora, entonces, de empezar a pensar en serio en esta posibilidad que abre la ley y a la que obligan las circunstancias administrativas. La conurbación existente hará posible que las relaciones humanas, sociales, comerciales y de otra índole que hoy se dan en el Valle del Aburrá no se afecten en nada. Todo se seguirá compartiendo como hasta ahora. De hecho, la gente no se percata cuando está en Envigado, en Itagüí o en Medellín, salvo por los impuestos.