Columnistas

M醩 que buenas intenciones
Autor: Omaira Mart韓ez Cardona
16 de Septiembre de 2014


Muy emotiva la nueva campa馻 del gobierno nacional para promover la paz. Se le abona la acogida y el respaldo de algunos personajes de los distintos sectores, desde deportistas hasta empresarios, ciudadanos de a pie y artistas.

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Muy emotiva la nueva campaña del gobierno nacional para promover la paz. Se le abona la acogida y el respaldo de algunos personajes de los distintos sectores, desde deportistas hasta empresarios, ciudadanos de a pie y artistas. En una semana se ha logrado poner a pensar al país en una pregunta que cada quien responderá según su experiencia y situación: ¿de qué soy capaz?, ¿de qué somos capaces?


Sin el interés de debatir sobre un tema tan sensible y complejo como el de la paz, la campaña y la pregunta que la genera deben servir de excusa para reflexionar sobre las expectativas y los imaginarios que se puedan crear para que tanta emotividad no se quede en buenas intenciones y en palabras que se dicen pero que poco se practican. El tema de la paz así como otros sobre tantas cosas que los ciudadanos están en capacidad de hacer, no pueden ser tratados solo como argumentos de promoción. Ya pocos  recuerdan la paloma de la paz que se pintaba en todas las calles terminando la última década del siglo XX o la manilla con el tricolor que cada ciudadano portaba para demostrar lo orgulloso que se sentía de ser colombiano.


Sin duda hay muchas cosas de las que somos capaces, pero en realidad es poco lo que se cumple y se hace. Para ser capaz de hacer o lograr algo, además de las capacidades y la intención, se requiere de voluntad, factibilidad y de acción. Por muy buenas intenciones que se tengan, si las condiciones para lograr algo no son las adecuadas o no hay voluntad de quienes deben intervenir para que las cosas se logren,  cualquier propósito se frustra. Ser capaz es un asunto de hechos, de acciones concretas que demuestren que sí es posible. 


Seguramente muchos ciudadanos aprovecharon ya para cuestionarse sobre sus capacidades y su reacción frente a ciertas situaciones o a lo mejor para descubrir sus límites o la falta de capacidad para asumir algunas circunstancias de la vida. 


Algunos estudiosos del comportamiento recomiendan mejor como metodología para potenciar las capacidades, responder a una pregunta orientadora desde la negación, sería como pensar y responder: ¿de qué no soy capaz? o ¿de qué no somos capaces? porque generalmente las opciones son menos, mientras que respondiendo desde la afirmación, las posibilidades son más y se tiende a incumplirlas. Es un buen ejercicio porque al evidenciar las capacidades minimizando la falta de capacidad para ciertas cosas, mejora la autoestima y por consiguiente la efectividad en el logro de propósitos que se tengan.


Aunque suena fácil no es tan sencillo, estos procesos colectivos de sensibilización,  y reflexión deben propiciar también la comprensión del contexto en que se vive y las circunstancias que lo rodean para ir más allá de la emoción y transformarla en acciones proactivas que no tengan que darse solo cuando a alguien se le ocurre presentar una campaña. Este tipo de ejercicios reflexivos deberían ser constantes en los ciudadanos que primero deben cuestionarse y responder desde su ámbito privado para después sí definir hasta dónde están en capacidad de comprometerse por los otros aún por encima del logro de sus intereses o propósitos individuales. Si se es capaz de anteponer al otro o a los demás antes que a sí mismo, se estará demostrando que sí somos capaces.