Columnistas

In Memoriam…
Autor: Olga Elena Mattei
16 de Septiembre de 2014


La ausencia final del eximio Patriarca antioqueño, el doctor Guillermo Gaviria ha ocasionado una merecida catarata de comentarios de reconocimiento, admiración, y registro acerca de sus esfuerzos, su empuje, dedicación, logros, realizaciones, capacidades, méritos y virtudes.

La ausencia final del eximio Patriarca antioqueño, el doctor Guillermo Gaviria ha ocasionado una merecida catarata de comentarios de reconocimiento, admiración, y registro acerca de sus esfuerzos, su empuje, dedicación, logros, realizaciones, capacidades, méritos y virtudes. Por mi parte siento que yo no soy nadie importante como para discurrir sobre estas extraordinarias características de su personalidad y su trayectoria. Pero siento el deseo de participar expresamente en el duelo de todos los miembros de la comunidad que lo conocieron. 


En mi caso, mis memorias acerca de él comienzan cuando regresé (de 20 años de residencia en Nueva York) , en una tarde de la cual he conservado con respeto y simpatía el recuerdo de una anécdota, en un importante evento en el Paraninfo de la Universidad de Antioquía. Me tocó estar sentada a su lado, y para mí fue un honor y un orgullo que me saludara desde el primer momento con tanta cordialidad como si fuéramos viejos amigos, y que supiera quién era yo, cosa que yo ni merecía, ni podía creer. Y desde ese día no pude menos que admirarlo por su comportamiento tan sencillo, tan accesible, tan afable con todo el mundo. Y según progresaba en el conocimiento de quién era el, fui llenándome de admiración por su postura intelectual, sencilla pero fecunda, y por su inmenso empuje, siempre productivo...Y sobre todo por su cultura, la de un humanista humanitario; y por su erudición en tantas temáticas como la literatura, la astronomía, etc.; las varias lenguas que hablaba; las ciencias políticas, la historia nuestra, y la del desarrollo antioqueño;  sin mencionar lo que ya se ha dicho en los panegíricos que hemos estado leyendo sobre él.   


Y todos reconocimos siempre en él, paralela con su erudición y su sencillez,  su reciedumbre, su dedicación al trabajo como dirigente y empresario, y como innovador y emprendedor en cuestiones de beneficio para la comunidad, la ciudad, del departamento, y el país.


Aún si no lo hubiésemos conocido, podríamos adivinar la clase de gran hombre que fue, al conocer a sus hijos, a quienes, (en unión de la inefable persona que es Doña Adela, su esposa), educó con tal eficiencia, que logró entregar a la comunidad, como sabemos, el extraordinario número de personajes cultos, dedicados al servicio de la comunidad, emprendedores como su padre, responsables y  correctos, y, ante todos, ¡al valiente que se sacrificó heroicamente por la patria!


¡La misma patria con la que en estos días recordamos y reconocemos la grandeza de ese padre Patriarca y lamentamos su partida...!