Columnistas

Extraordinarios, el Festival de música de Medellín y sus músicos intérpretes
Autor: Olga Elena Mattei
12 de Septiembre de 2014


Con inmensa angustia leí un perjudicial error al revisar, ya publicada, mi columna pasada sobre la gran producción del Réquiem de Verdi.

Con inmensa angustia leí un perjudicial error al revisar, ya publicada, mi columna pasada sobre la gran producción del Réquiem de Verdi. Como saben, tenemos un límite de caracteres, pero a veces nos perdonan que nos pasemos un poco,  si en la página hay espacio; si no lo hay,  hay que recortar. Yo, por cortesía con las directivas, señalo con otra letra o entre signos, lo que se puede cortar. En esa columna señalé una nota prescindible, sobre los tajantes calderones del Maestro, y la indisciplina de los coros del pasado. Tras la señal decía: “Hoy no: son coros preparados con excelencia por la Maestra Cecilia Espinosa y magníficamente manejados por el director Maestro Posada.”...¡Y le quitaron la señal...y además los dos puntos! Quedó: “Hoy NO son coros preparados con excelencia”..etc.. ¡Auuch!


¿Recuerdan aquel ejemplo de sintaxis el cual decía “Cristo resucitó: no está aquí”… O podría decir a cambio: ¡”¿Cristo resucitó? No: está aquí”! ? Pero comprendemos (¿todos?) la pérdida de los dos diminutos puntos, pues eso fue un día caótico en el periódico, el del sentido, hermosísimo, y multitudinario homenaje al gran patriarca doctor Guillermo Gaviria en su funeral de la Basílica de Medellín... Sobre cuya memoria escribiré en una próxima columna.


--


Con entrada libre, el onceavo concierto del formidable Séptimo Festival Internacional de Música de Medellín, se escuchó en el Teatro Suramericana. Estuvo a cargo del Cuarteto de cuerdas New World Symphony de EE.UU., compuesto por dos damas al violín, Laura Ha y Andrea Daigle, una viola, Anthony Parce, y la violonchelista Grace An; y hoy se presentaron con el  virtuoso maestro Sergio Posada al piano, y con la adición del contrabajo del excelente solista Ilko Rousev. 


El Cuarteto No.1 para piano de Johannes Brahms, fue la primera obra. Nuestro gran pianista internacional, recitalista y solista en numerosas orquestas europeas y del lejano oriente y de nuestro país, ganador de varios concursos mundiales, y  profesor de planta de la Universidad de Música de Viena, Austria, no se desempeña como el acompañante sino como el líder en la obra. Los melómanos hemos escuchado docenas de ensambles de cuerdas y piano, en los cuales el piano se convierte en un telón de fondo, tímido y  borroso, con un pálido acompañamiento. No es así con el maestro Posada, intenso, contundente, con su derecho al protagonismo y al liderazgo; y, según el pasaje, a veces discreto, pero siempre en equitativo diálogo interpretativo con las tres cuerdas. Él hace gala de su maestría. Su sonido es muy brillante y vibrante. Y las inflexiones de tempo, volumen y expresión que el maestro Posada imparte a su parte, están acordes con el estilo interpretativo de este Cuarteto de cuerdas. Este grupo es un conjunto vital, enérgico, y tan bien ensamblado que parecería que es una sola persona.


La noche se corona con el famosísimo Quinteto para piano La Trucha, de Franz Schübert. Qué drástica diferencia la de escuchar esta pieza en vivo, u oírla en grabaciones. Viendo cómo se ejecuta, uno puede comprender mejor por qué tiene tanta fama. Qué vitalidad, que entusiasta expresividad, llena de alegría festiva y jovial. La partitura es una de las mejores oportunidades que puede tener un grupo de cuerdas para expresarse con todo su ánimo y virtuosismo. Y el liderazgo del piano del Maestro Posada, es esencial. Su sonoridad es enfática, expresiva, elocuente. También, tanto el violín como el chelo, despliegan la necesaria vehemencia. Además, para esta pieza se unió al cuarteto, para formar el quinteto, el contrabajo Ilko Rusev. Y hubo cambio de intérprete entre las dos violinistas, pues una tocó en Brahms y la otra en Schübert.


La obra entera es un cofre de joyas, movimiento por movimiento, pasaje por pasaje. Los cambios de humor, de tónica emocional, de tempo, compás,  ritmos, improntas, y la prodigiosa abundancia de temas, la  ingeniosa proliferación de ideas y de formas en las variaciones del 4to movimiento, lo constituyen en una partitura de riqueza espectacular. En la dimensión de un  pequeño conjunto de cámara como es un quinteto, ha de sentirse en la cumbre de la exaltación del virtuosismo. Todo ello ha hecho de esta memorable pieza un tesoro de la literatura de Cámara, preferida por músicos, críticos, y melómanos desde su creación, durante sus dos siglos. Y nos, Medellín, ¡aplaudimos con fervor!