Columnistas

Adi髎 a un tit醤 propulsor de Antioquia
Autor: Sergio Esteban V閘ez
10 de Septiembre de 2014


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En estos días en que el periodismo, la industria, la política, la intelectualidad y la ingeniería de Antioquia despiden a uno de sus mayores prohombres, no puedo menos que unirme a las voces que lamentan el deceso de ese visionario integral que fue Guillermo Gaviria Echeverri.


Y visionario fue, desde todas las áreas en las que sobresalió, aprovechando aquella “inteligencia superior” que destaca el ex presidente Belisario Betancur siempre que se refiere al egregio patriarca que hoy nos deja.


Si el adalid del progreso de Urabá durante la primera mitad del siglo XX fue don Gonzalo Mejía, el de la segunda, la etapa definitiva para la consolidación del proceso, fue el doctor Guillermo Gaviria Echeverri. Talvez el último de aquellos pioneros paisas que, descuajando montes, secando pantanos y jalonando y moldeando la vocación económica de nuestras regiones, apuntalaron a Antioquia como el corazón empresarial e industrial de la patria, Guillermo Gaviria E. fue clave en el desarrollo no solamente de los sectores bananero, minero y lechero de nuestro departamento (¿qué decir del hecho de que, con fidelidad al modelo cooperativo, logró desbancar a las grandes multinacionales del sector lácteo?), sino también del de la ingeniería y del transporte. Hoy, cuando Medellín se precia de su aeropuerto internacional, son pocos los que agradecen el hecho de que el José María Córdova sea obra de Guillermo Gaviria E. Como director de la Aeronáutica Civil, defendió, contra viento y marea, los intereses de Antioquia, en aras de que nuestra tierra gozara de un aeropuerto digno de lo que ella le aporta a la nación entera.


Eterno adepto del ideario liberal más prístino, blandió con todo orgullo el trapo rojo, insistiendo siempre en las dimensiones del aporte del Liberalismo a la historia de Colombia. Su entrega a los objetivos socialdemócratas del Liberalismo fue evidente en su paso por el Senado de la República . Y esa misma asunción de los principios liberales la aplicó en el seno familiar. Escogió como esposa a la exquisita, bella y perfectamente bilingüe Adela Correa Uribe, mujer tan dulce como inteligente y de avanzada, con la cual conformó una pareja intelectual, original, un tanto iconoclasta, alejada de las frivolidades, que educó a sus hijos en un ambiente siempre abierto al diálogo, pero también al cordial disenso.


Lector infatigable, era erudito en lo mejor de la literatura universal, especialmente en Proust, a quien aprendió a degustar durante sus estudios en Francia.  Su pasión por las letras fue herencia de su madre, doña Sofía Echeverri, gran pedagoga y mujer culta, quien le insufló no solamente la adicción al conocimiento, sino también la sensibilidad social, la honestidad y la vocación de servicio que lo caracterizarían hasta el fin de sus días.


Estas dos vocaciones, la del intelectual y la del líder social, se unieron en el momento de asumir la dirección de EL MUNDO. El doctor Guillermo aseguró la supervivencia del periódico, en tiempos en los cuales algunos de los principales diarios del país, entre ellos El Espectador, hubieron de cerrar.


Desde EL MUNDO, defendió con vehemencia las libertades: las de pensamiento, las de prensa, las de credo religioso. Escribió en prosa de limpia claridad sobre el destino económico y político de Antioquia y de Colombia, impulsando reformas que dieran oportunidades a los marginados económica, social, religiosa y culturalmente. 


Especialmente cuidadoso a la hora de seleccionar a los columnistas del periódico, logró posicionar sus páginas de opinión entre las mejores de la prensa nacional. Clave de ello fue su respeto total a los criterios y opiniones de los columnistas, aunque estos fueran muchas veces en contravía de la línea editorial de la dirección. 


Implacable ante la injusticia, se enfrentó, cuando fue necesario, a grandes poderes del establecimiento político nacional. Y, lleno de dignidad y valentía, escribió también en contra de aquellos que han desangrado a nuestra patria. Por ello, sufrió atentados provenientes tanto del narcotráfico como del paramilitarismo.


Guillermo Gaviria Echeverri fue un trabajador incansable que nunca quiso jubilarse y un enamorado de Antioquia que, con su ejemplo, ha sido inspiración para las miles de personas, de tres generaciones, que han sido testigos de su energía, de su pujanza, de su determinación, de su estoicismo y, sobre todo, de su autoridad moral y su brillo intelectual. Fue una antorcha de ideas, que, con profunda carga humanista, buscó siempre materializar en Antioquia el ideal de un “olimpo liberal”. Fue una voz en el desierto que se apropió de causas esenciales para el mejoramiento de las condiciones de vida de los antioqueños, del progreso de la región y de la conectividad del continente. Fue un hombre único, que proclamó un modelo democrático de inversión social y de libertad, pero con orden y justicia. Profundamente latinoamericano, pero, definitivamente, universal. Fue un verdadero titán.