Columnistas

Lo que nos cuesta la guerra
Autor: Abelardo Ospina López
10 de Septiembre de 2014


Un concepto o definición simple de una guerra, puede ser: “lo que tienen entre sí los habitantes de un mismo pueblo o, la que se desarrolla desde frentes móviles o fijos, en los que se hace uso de trincheras u obras para proteger a los soldados...

Un concepto o definición simple de una guerra, puede ser: “lo que tienen entre sí los habitantes de un mismo pueblo o, la que se desarrolla desde frentes móviles o fijos, en los que se hace  uso de trincheras u obras para proteger a los soldados del fuego contrario”. Guerrear, entonces, es resistir o contradecir, a veces, cueste lo que cueste.


En nuestra amada Colombia, hemos venido contradiciendo y resistiendo, casi en balde, un poco más de cincuenta años. Y aún hay gentes que no quieren o creen en la paz, aquella quieta tranquilidad y quietud de los estados, en contraposición a la guerra o la turbulencia”. También la es, el sosiego y buena correspondencia de unos con otros, especialmente en las familias, en contraposición a las disensiones, riñas o pleitos. 


En boletín de reciente data, leemos que “la guerra nos cuesta, o mejor, ” “el dinero en tiempo de paz nos representaría $ 21.5 billones de pesos que permitiría 1.- “afiliar a 25 millones de personas al Sistema de salud, en el régimen contributivo, 2 .-triplicar el presupuesto de las Universidades Públicas; 3 .-un plan de vivienda (el más ambicioso)en la historia del país y 4 .-, garantizar la Pensión a más de un millón de colombianos, con promedio de $ 1.100.000 pesos.


Pero pese al optimismo que vivimos por el proceso, siguen las preocupaciones frente a  problemas sociales ocasionados mediante el conflicto: según Informe Global Overview 2014, “los enfrentamientos son la causa principal para que las personas dejen sus hogares. Otros hechos como el reclutamiento de menores, la violencia sexual, las minas antipersonal, la extorsión y las agresiones a defensores de derechos humanos, han sido causales de desplazamiento forzado”. ¡Cómo iremos a sentir “la entrega de cadáveres de personas desaparecidas! La Ley 1408/2010 estipula la rendición de homenaje a las víctimas de la desaparición aludida y brindar atención a sus familias, en lo referente a gastos funerarios, alimentación y hospedaje, cuando van a reconocer los restos de sus seres queridos. Y hasta la fecha de hoy, “unas 30.000 personas han sufrido desaparición forzada” en el país. 


Y si no se logra el acuerdo buscado en La Habana, ¡cuántos billones más tiraremos “por la borda” de la estúpida violencia, el hambre, el desempleo y la menguada educación! 


Las generaciones habidas en el lapso citado, es bien posible que tengan lastimadas sus mentes y comportamientos por el rutinario ir y venir de mortíferas y sangrientas noticias, en campos y ciudades…


Compatriotas de “buenas intenciones y querendones de lo que nos resta de tierras y cultura”, los hay todavía, a granel, ¡Gracias a Dios!