Columnistas

Ciudadanos de calle
Autor: Manuel Manrique Castro
10 de Septiembre de 2014


Est醤 en un t鷑el con escasa luz al otro extremo, son rostros inertes, hombres y mujeres cubiertos por indumentarias ra韉as. Cuando est醤 solos optan por echarse donde los coge el rayo del cansancio, una calle cualquiera o una peque馻 醨ea verde...

Están en un túnel con escasa luz al otro extremo, son rostros inertes, hombres y mujeres cubiertos por indumentarias raídas. Cuando están solos optan por echarse donde los coge el rayo del cansancio, una calle cualquiera o una pequeña área verde cuyo bullicio nada importa.  No pocos prefieren aglomerarse  debajo de los puentes o al borde del rio Medellín donde los acoge una ficticia sensación protectora, encuentran sustancias  para abstraerse de todo, consiguen algo de comida y son mercado pobre para el miserable comercio de estupefacientes.


Estos nómadas de las calles han hecho de La Candelaria y alrededores su campamento urbano preferido, allí van y vienen de espaldas al tiempo y  su futuro  es sólo el negro nubarrón de la degradación creciente. Distanciados, además y a veces definitivamente,  de la insustituible calidez de sus familias, sirven también de carne de cañón cuando las disputas entre los mafiosos se calientan.  


Los transeúntes  que los observan desde un vehículo o a pie,  se mueven entre la conmiseración, la mirada anestesiada o el disgusto porque afean el rostro de la ciudad y quisieran borrarlos de su vista.  La insensibilidad lleva a olvidar que detrás de esa apariencia hay  seres humanos viviendo interminables horas difíciles, aunque dichos jueces sublimen tal condición diciendo que eso es lo que quieren. 


Eran 3,381  según el censo de 2009  y una nueva medición hecha en febrero de este año por el Centro de Estudios de Opinión de  la Universidad de Antioquia,  a pedido de la Secretaría de Inclusión Social y Familia,  encontró que ahora son menos: 2,960; 85 por ciento hombres y el 15 por ciento mujeres, 84 por ciento entre 18 y 59 años.


La pregunta que surge al verlos es ¿tendrán hijos, serán casados? Más del 60 por ciento son solteros, la mitad de los hombres no ha tenido hijos y ocurre lo mismo con el 28 por ciento de las mujeres. Para unos y otros, sus actividades principales son el reciclaje y las ventas ambulantes; rebusque, mandados y  prostitución lo son en menor medida. 


Más de la mitad logra entre mil y diez mil pesos y el 42 por ciento entre 10 mil y 50 mil pesos diarios, el 30 por ciento para comer y el 48 por ciento para comprar droga.  El consumo de substancias y la ruptura con la familia son las razones principales que los empujan a la calle, a donde más del 74.5 por ciento llegó hace 5 años o más.  Al 70 por ciento,  la indiferencia, el maltrato y la inseguridad les disgusta. El 43.8 por ciento tiene primaria y 2 por ciento pasó por la universidad.   Marihuana (52%), bazuco (57%), alcohol (17.1%) y cocaína son el lastre que los fija a las catacumbas de la calle.  Hay un 17.5%  no consumidor. 


Hace años el municipio de Medellín  realiza considerables esfuerzos para cuidar de este sector de población ofreciéndole un minucioso sistema de atención que incluye salud,  alimentación, descanso, higiene en centros con buenas condiciones físicas  y reglas de convivencia internas que funcionan con acierto.  Lo hace también abriendo puertas de nuevas opciones para quienes logran salir de esa oscuridad  y se esfuerza por buscar  otras alternativas porque conoce más y mejor a estos habitantes cuyas opciones de una vida diferente se reducen, debido a que la gran mayoría de ellos se hunden cada vez más en las drogas mientras  llevan a cuestas cuadros emocionales complejos y severos, de muy difícil tratamiento en las condiciones actuales.  Presos de esta dualidad perversa podrían seguir indefinidamente en las calles y la Ciudad encargada de su atención.  Esa rutina los cuida pero con enorme dificultad los rescata sino fracasa en el intento.  


Se impone la búsqueda de caminos nuevos capaces de devolver la vida y la plena ciudadanía a esa población. Estas son las líneas gruesas del delicado reto que Medellín, moderna, innovadora, la que quiere ser hogar para la vida,  tiene entre manos.