Antioquia

The ideas behind the editorial pen
Las ideas detrás de la pluma del editorial
Autor: Sandra Milena Montoya
3 de Septiembre de 2014


Guillermo Gaviria Echeverri vivió tiempos convulsos para el periodismo escrito en Colombia. Veinte años que supo liderar gracias a su contundente manera de escribir, con propuestas e ideas liberales y de vanguardia.


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El editorial de un medio responde generalmente a la posición del periódico sobre una determinada situación de actualidad. El periodista debe conocer con profundidad el tema sobre el que se va a opinar a fin de que la opinión del periódico sea coherente y no contradiga su ideología.  Además debe contar con una vasta argumentación pues de lo contrario, se dañaría la credibilidad general de la publicación y el resultado sería un ensayo mal justificado.     


Con el título “Reafirmamos un compromiso”, fue publicado el siguiente fragmento del primer editorial que hiciera don Guillermo Gaviria al frente del periódico EL MUNDO cuando se convirtió en el socio mayoritario y asumió con él su posición editorial: “Ofende pues, a la memoria de los caídos y al dolor de su familia, hablar de ‘celebración’ del día del periodista.  Más nos vale que reflexionemos sobre lo que nos está pasando a los colombianos, porque, en verdad, un periodismo herido de muerte, perseguido, silenciado  y amordazado por toda clase de poderes y violencias es la más dramática prueba de que hay un desbarajuste social de gravísimas proporciones, como denunciaba recientemente y por enésima vez el expresidente Carlos Lleras Restrepo”.  Se veía como periodista y se solidarizaba con el gremio dadas las amenazas que en aquella época, iniciando 1991, se cernían sobre la profesión.


Este ingeniero no necesitó un título como comunicador social o periodista para opinar sobre los más diversos temas de trascendencia en la región, el país y el mundo. No lo hizo de cualquier manera, siempre se documentaba y estudiaba a profundidad cada uno de los aspectos de la realidad sobre la cual se iba a pronunciar.  Escribía con vehemencia, pasión y verticalidad eso sí, pero con argumentos.  Y aunque el paso del tiempo hace que los hechos adquieran madurez a la vez que la historia los añeja y adiciona con nueva información, es tan contundente como los editoriales mismos al señalar en 2004 que “no estoy arrepentido”, de ninguna de las líneas escritas sino que, incluso para el caso del fallido proceso de paz, creía que “su posición pudo haber sido más radical”.  “Evidentemente el tiempo da facetas que a veces pueden inclusive justificar un cambio. No serían evidentemente las mismas posiciones hoy frente a los hechos    de hace veinte o treinta años, pero sí el mismo criterio y la misma filosofía con que se tomaron esas posiciones”, llegó a afirmar don Guillermo.


Y en cuanto al proceso de paz, cuando las circunstancias se tornaron más crueles y difíciles pues comprometían la vida de sus seres más queridos y la suya propia, demostró gran entereza, valor y decisión para hablar del secuestro y sentar una posición determinante sobre su oposición al proceso en la administración de Pastrana, tal y como fue planteado. 


Así lo expresa Jairo León García Uribe, jefe de redacción de la época, “recuerdo, como jefe de redacción, un episodio que habla mucho de su personalidad.  Cuando las Farc anunciaron que iban a entregar las primeras pruebas de supervivencia de Guillermo Gaviria y de Gilberto Echeverri, como jefe de redacción le pregunté a él que como director qué pensaba del manejo que le debía dar el periódico  a esa información estando involucrado en ella un ser querido como su hijo Guillermo, gobernador de Antioquia.  Me sorprendió que él absolutamente tranquilo me contestara, “usted es el jefe de redacción.  Dele el manejo periodístico que el periódico deba darle”.  Me sorprendió”.  Como sorprendente era su increíble memoria, un elemento fundamental para hilar los hechos y conectar situaciones en el proceso de defensa de una tesis. 


“Un año y quince días después de su cruel e infame secuestro, ocurrido cuando estaban a punto de culminar la Marcha de la Noviolencia y la Reconciliación con el municipio de Caicedo, fueron asesinados junto a ocho valerosos soldados de la Patria que también se encontraban en poder del frente 34 de las Farc, en un crimen de lesa humanidad que clama la justicia de Dios y de los hombres.” Así, describió don Guillermo uno de los hechos más difíciles de su vida, la muerte de uno de sus hijos, el gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria y el del exministro Gilberto Echeverri, en manos del grupo guerrillero.  Como normalmente ocurría en sus editoriales era evidente la presencia de un juicio moral, pero él ya lo había anunciado en su primer editorial cuando citó la frase de Marguerite Duras: “No hay periodismo sin moral.  Todo periodista es un moralista”. Esto, sin embargo, no le restaba claridad y contundencia al momento de escribir.


El arte de investigar


“El doctor Gaviria era un investigador de muchas materias.  Hasta astronomía llegó a estudiar, convirtiéndose en una autoridad en el tema.   Así como era un experto en ingeniería civil, en minería de carbones, minería del cobre, cultivos agrícolas, especialmente en banano, además en producción lechera. Era un estudioso de la filosofía, de la historia.  Era un melómano extraordinario.  Uno siempre lo encontraba escuchando música clásica”, esgrime Giraldo.  En este sentido, reunía las más óptimas cualidades de un editorialista, uno que dignifica el periodismo en épocas oscuras y difíciles de relación con grupos armados, políticos corruptos y crisis económica.  Se destaca también en su pluma, el conocimiento del idioma, pues sin emplear términos rebuscados era una persona que denotaba un amplio vocabulario en su manera de escribir.  


Don Guillermo Gaviria era un apasionado por los temas legales y constitucionales. Incluso se daba el lujo de debatir sobre fallos de la Corte Constitucional que le parecía que estaban errados.  Escribía sobre temas espinosos sobre los que muchos no se atrevían a hablarlo que le generó algunas enemistades. Eso no quiere decir que ocasionalmente escribiera un editorial sobre temas “más ligeros”, por ejemplo, cuando a García Márquez se le ocurrió condenar la ortografía y decir que lo mejor era que suprimieran esa cosa para que la gente escribiera como quisiera. Así lo rememora Giraldo, “el doctor se escribió un editorial muy gracioso un poco haciendo mofa sobre qué podría pasar si la Real Academia de la Lengua Española, le aceptaba a García Márquez el reto de que suprimieran la ortografía”.  Estos eran temas con más humor o ironía, pero que también impactaban.


Finalmente, no podemos dejar pasar de largo la función como un gran visionario que cumple quien hace las veces de editorialista de un medio de comunicación.  En este sentido, don Guillermo siempre tuvo un sueño y así lo proyectó en varios de sus editoriales, que expresaban su interés para que los gobiernos de Colombia y Panamá se pusieran de acuerdo respecto a la materialización de la terminación de la Carretera Panamericana.  “La parte occidental de Panamá ha mantenido al Darién en un grado de subdesarrollo que es inexplicable, al que tristemente han contribuido grandes intereses económicos y se ha convertido en buena parte en el pretexto de esos grandes intereses político-económicos, que son los que ha predicado y han logrado dominar el debate.  Desafortunadamente en Colombia, hay quienes so capa de la religión ambientalista, han mantenido esa misma posición que esconde una profunda ignorancia del tema, porque la gente habla de la carretera Panamericana sin tener idea de lo que está hablando, diciendo y repitiendo”. 



La difícil tarea de argumentar

Arturo Giraldo, periodista, quien lo acompañó casi 21 años, y lo apoyaba con sus editoriales, lo recuerda como un “argumentador nato” que siempre se documentaba y estudiaba sobre los más variados temas, fueran estos del orden político, social, económico. Eran estas las principales áreas sobre las que él centraba su atención, preocupación y estudio permanente.   Incluso los que tenían que ver con la legislación y los asuntos jurídicos.  “Me quedaba anonadado cuando lo veía argumentando y yo tomando nota para ayudarle con sus editoriales, es claro que era un hombre muy ocupado, pues su única empresa no era el periódico sino que tenía muchísimas actividades. Él me llamó para que le colaborara en la parte formal, digamos, porque en el contenido y argumentación, que son los aspectos claves y la esencia de un editorial, él tenía todo el conocimiento”  relata Giraldo.  


Jorge Arango Mejía, exmagistrado de la Corte Constitucional, escribió todo un libro sobre el proceso 8.000.   “Estaba convencido de que mi profesión era la de abogacía y me consideraba un gran jurista por el respeto y conocimiento que sobre el funcionamiento de las instituciones denotaban mis escritos”, refería como anécdota en una entrevista el doctor Gaviria, “por eso, si tuviera que volver a defender la tesis de ese caso: volvería a decir lo mismo: que en Colombia cualquier ciudadano, desde el que vive debajo de un puente hasta el presidente de la República, el día que sea reo en un proceso penal, debe ser juzgado por su legítimo juez y tiene derecho a que se le siga el debido proceso”.  


Desafortunadamente por el auge de las nuevas tecnologías ya el editorial se ha ido reduciendo a su mínima expresión, a unas cuantas líneas en los grandes periódicos.  Artículos que no tienen ese poder argumentativo, no tienen tesis, antítesis suficientes, no tienen todo el proceso tan riguroso de las figuras retóricas. “Los artículos que el doctor Gaviria escribió y en los que le colaboré en la escritura cuando sus ocupaciones no le permitían a él mismo redactarlo, eran unos artículos de tipo doctrinario y conceptual en cualquier tema que a él le interesara debatir en el medio periodístico.  Él era un periodista nato de opinión”, afirma Giraldo, quien se convirtió en su mano derecha en el periódico EL MUNDO.