Editorial


Un símbolo
28 de Agosto de 2014


Asumimos el ejercicio ciudadano responsable que también la sociedad entera deberá practicar para defender el interés público representado en los recursos invertidos en el Parque Biblioteca.

Como fruto de cuidadosos estudios sobre la estructura del Parque Biblioteca España, a raíz de desprendimientos de placas de la fachada flotante, expertos de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional entregaron a la Alcaldía de Medellín el diagnóstico y los diseños que permitirán la reconstrucción de la parte exterior del edificio, intervención que exige remover y reinstalar las veinte mil placas que crean la imponente sensación de montañas rocosas que se yerguen en la ladera nororiental de Medellín. La impermeabilización de la estructura, el desmontaje y montaje de la fachada flotante y su adecuación a las nuevas normas de construcción, demandarán trabajar durante 16 meses, por lo menos, y realizar inversiones que hoy se estiman en $10.445 millones. 


Con esta entrega de diseños culminó el proceso de diagnóstico a la estructura, dirigido por el profesor Josef Farbiarz, de la Facultad de Minas. Según el informe técnico, “la estructura de fachadas construida no es adecuada para garantizar la integridad estructural del sistema de fachada ante las cargas reglamentarias de diseño”. El estudio concluyó que “la corrección de las deficiencias estructurales y de la alta permeabilidad del sistema a través de las fachadas requiere la remoción del sistema de enchape de las fachadas y de su estructura de soporte en acero armado en frío”.


El  24 de marzo de 2007, durante la inauguración del edificio que en su momento costó $15.152 millones y ante  los reyes Sofía y Juan Carlos, de España, el entonces alcalde, Sergio Fajardo, lo proclamó como “símbolo de la nueva Medellín”, urbe que buscaba conquistar la confianza de los habitantes en el Gobierno y que empezaba a proyectarse al país y al mundo como ciudad que había pasado “del miedo a la esperanza”, sustentada en los pilares de la transparencia en la gestión pública, representada en la consigna “no se pierde un peso”; la equidad, construida con proyectos de “urbanismo social”, como los parques biblioteca, entre otros, y la inversión en educación como factor de transformación, que conduciría a consolidar  esta sociedad como “la más educada”. 


Galardonada con premios nacionales e internacionales y convertida en atractivo turístico, la obra ha dado razones de orgullo a su diseñador, el arquitecto Giancarlo Mazzanti; a su gestor, el también arquitecto y exgerente de la EDU, Alejandro Echeverri Restrepo, y a su inspirador. También se ha empleado como signo ante el mundo de una ciudad que cambió. Conocidos el daño en las fachadas externas e interna, el arquitecto diseñador y los directivos de la firma constructora han ofrecido explicaciones, y los últimos han reiterado su disposición a atender el proceso judicial que la Alcaldía de Medellín anuncia que va a iniciar a fin de recuperar los muy significativos recursos públicos que deberá invertir en esta temprana reparación.


El pasado mes de febrero, cuando se hizo la entrega de la primera fase de los estudios, los directivos de la Facultad de Minas aclararon los límites de su responsabilidad en este proceso, señalando que “el alcance de la investigación no llega al señalamiento de responsables, ello le compete a otras instituciones, la labor de la Facultad consiste en emitir un concepto técnico”. Con la prudencia que su condición de académicos les impone, los expertos señalaron a quienes compete, la ciudadanía, los medios de comunicación, los órganos de control, el Estado, su obligación de intervenir para identificar responsabilidades y buscar la restitución del patrimonio público y los derechos colectivos vulnerados por la toma de decisiones que no atendieron el bien común. A la fecha, se han producido reclamos aislados de algunos dirigentes políticos, ningún acto público en ejercicio de deberes constitucionales y legales. 


En los mismos seis meses transcurridos tras la entrega de ese primer y concluyente estudio sobre descuidos serios en una obra tan icónica para la ciudad, los medios de comunicación regionales y nacionales, los ciudadanos y los órganos de control han realizado cuidadoso, y justo seguimiento, a las afectaciones al patrimonio de centenares de familias que adquirieron viviendas construidas por la firma CDO. Esta vigilancia mantiene viva la esperanza de que haya justicia para quienes resultaron afectados por fallas constructivas atribuibles a una firma privada. Y eso, aunque penoso para algunos, es un ejercicio ciudadano responsable. El mismo que asumimos y que la sociedad entera deberá practicar para defender el interés público representado en los recursos invertidos en el Parque Biblioteca y los que ahora se tendrán que gastar en una reparación imprevista, temprana y casi tan costosa como la construcción de la obra.