Columnistas

Sin sitio y sin querencia
Autor: L醶aro Tob髇 Vallejo
28 de Agosto de 2014


En la terminolog韆 taurina, se dice que el torero le da sitio al toro, con el fin que el animal no se ahogue y tome un aliento, y tambi閚 que el animal tiende a la querencia natural cuando insiste en regresar en la puerta de toriles...

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En la terminología taurina, se dice que el torero le da sitio al toro, con el fin que el animal no se ahogue y tome un aliento, y también que el animal tiende a la querencia natural cuando insiste en regresar en la puerta de toriles (lugar por donde sale al ruedo). 


Traigo esto dos términos de la fiesta brava para relacionarlos con el espectáculo de la justicia mediática, en donde sin lugar a dudas ya no se acude al escenario natural (querencia) de los tribunales para los jueces,  fiscales y defensores (aclaro que no los estoy asimilando a los bureles), en donde el debate de las tesis de culpabilidad (fiscales) o inocencia (defensores) se exponen a favor o en contra de un implicado (para nuestro caso el toro).


La justicia ha sido sacada de querencia, porque algunos habilidosos periodistas amarillistas, que se creen los jueces del país deciden que son los micrófonos , la televisión o los medios escritos el sitio en el cual se debe desarrollar el debate de un caso de impacto para la vida nacional, creando así una querencia ficticia.


Al ser expuesto el proceso sea por parte de los agentes del ente investigador, de los defensores o porque no del mismo implicado, en este nuevo lugar, se pretende que la ciudadanía en pleno ejerza una función para la cual, el Estado Social de Derecho no se la ha estipulado y es la de ser quienes asuman el rol de jurados y tomen partido en un asunto determinado. 


Lo anterior lo traigo a colación, porque en los últimos días esto se ha revivido con el ventilador de Andrés Sepúlveda, quién se ha dedicado a través de los medios escritos o audiovisuales, a hacer la exposición de motivos de las peores bajezas en la que se sometió la democracia colombiana en las pasadas elecciones presidenciales, a lo cual me referí en su debido momento en este mismo escenario a través de dos artículos, Democracia empañetada (23/05/2014) y Perdió la cultura política (26/06/2014).


Y es que el Ente Acusador ha perdido el sitio, al dejar hablar del proceso al señor Sepúlveda, y ha sofocado a la opinión pública en un momento en que los ánimos personalistas no se han calmado, en los que se percibe a un país qué está claramente dividido entre las dos corrientes políticas dominantes en el momento: el santismo y el uribismo, sin dejar a un lado a otros detractores de ambos lados que han encontrado en el foro natural del debate político, un espacio para los ataques personales, carentes de ideología y sindéresis para el debate legislativo y político para lo cual fueron elegidos por los colombianos.


La administración de justicia debe retomar a su escenario natural, los tribunales, mientras que los medios amarillistas deben dejar que la justicia así sea coja, muda y sorda llegue cuando tenga que llegar y sí es mucho el afán, que el Estado provea de los recursos investigativos suficientes para darle celeridad a la infinidad de procesos que están en los anaqueles de jueces y fiscales.