Columnistas

La Universidad de Antioquia, es de todos
Autor: Iván Guzmán López
26 de Agosto de 2014


El jueves 21 de agosto de 2014, vía correo electrónico, recibí de la Gerencia de Comunicaciones, Dirección de información y prensa de la Gobernación de Antioquia, un comunicado bajo el título de: “Universitarios defendieron Biblioteca de la Universidad de Antioquia de acto violento”.

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El jueves 21 de agosto de 2014, vía correo electrónico, recibí de la Gerencia de Comunicaciones, Dirección de información y prensa de la Gobernación de Antioquia, un comunicado bajo el título de: “Universitarios defendieron Biblioteca de la Universidad de Antioquia de acto violento”. El texto dice así, en alguno de sus apartes: “Este jueves, un grupo de encapuchados ingresó en la Biblioteca Central de la Universidad de Antioquia para atentar contra los torniquetes que fueron instalados, con el objetivo de mejorar los servicios y la infraestructura operativa. Los encapuchados acordonaron una parte del primer piso de la Biblioteca, pegaron afiches y entregaron volantes, pero cuando procedían a dañar los torniquetes algunas personas manifestaron su rechazo, argumentado que no compartían la acción que estaban a punto de cometer”. 


Muchos de mis amigos, y en especial mis lectores, saben que no he podido digerir ese cuento de “la más educada”, porque no he visto en ello una política coherente, cohesionada, intencionada, y construida de cara a las comunidades antioqueña y educativa. Prueba de ello, es que tantos años después de formulada la dicha “política”, con recursos que van más allá del 50% de los presupuestos departamental  y municipal, en su momento, con la “voluntad” política de diputados y concejales, hoy somos uno de los departamentos peor calificados en pruebas educativas del orden nacional (de las internacionales, no quiero ni acordarme), encuentro (en mis frecuentes visitas a municipios y pláticas con educadores) que el adobe y los computadores no llenan las expectativas y, por el contrario, el desencanto del maestro y la necesidad de ellos en muchas localidades, es evidente. “La más educada”, siempre me ha parecido más un programa de “propaganda política”, bien orquestado y financiado, vaya usted  a saber con qué intención final. Pero, en esta circunstancia; en el caso de la Universidad de Antioquia, y especialmente referido al dicho asunto de atentar contra la Biblioteca, estoy plenamente de acuerdo con la gobernación de Antioquia y mucho más, cómo no, con la rectoría de la Universidad.


La Universidad es el patrimonio del departamento, más aún, de las clases que padecen sin misericordia al departamento y a la ciudad más inequitativos de Colombia, y que, definitivamente, no pueden montarse al tren del negocio de la educación privada. Nuestra Universidad, merece y necesita la defensa de la sociedad antioqueña y colombiana. Atentar contra la Universidad, es un “contranatura”; es una úlcera que no sana, que dura para toda la vida: imagino que todavía el exministro de Minas y Energía Amilkar Acosta Medina, lucha con la isquemia de su alma, al recordar que, en su “gloriosa época de comandante del Moir”, prendieron fuego al corazón de la Universidad, valga decir, a su Bloque Administrativo. Además, miro con cierta sorna y mucha tristeza, el que cantidad de funcionarios que ahora viven y engordan a rabiar bajo la corbata de la más educada (los mismos que por la época de estudiantes predicaban con vehemencia y en algunas oportunidades, con virulencia, que la revolución era “inaplazable”), hoy hacen muy poco por buscar mejores condiciones de vida para la población y nada por el bienestar de la Universidad y sus estudiantes.


Volviendo al comunicado, este cierra con un rotundo: “La administración central de la Universidad y la Gobernación de Antioquia, manifiestan de nuevo su rechazo ante estos hechos, y se unen a la voz de quienes  defendieron a la Biblioteca de la Universidad como lugar sagrado”. Quienes amamos a la Universidad; quienes amamos a los libros y en especial a las Bibliotecas, sentimos, efectivamente, que la Biblioteca es el alma de la Universidad. Atentar contra el Alma, no es revolucionario, no es racional, no es normal, es la máxima degradación. Es repetir, con voz afiebrada y veintejuliera, la consigna de Millán Astray, antes de asesinar al poeta granadino Federico García Lorca: “¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!”.


Puntada final: ante los ataques dirigidos al Metro y, más infame aún, al doctor Ramiro Márquez Ramírez, el gerente, recordé a Miguel de Cervantes Saavedra y su Quijote: dice Sancho: “Señor: están ladrando los perros”. Y responde don Quijote: “Es señal de que estamos cabalgando, mi querido Sancho”.