Palabra y obra

Dylan Thomas, almost one hundred years later
Dylan Thomas, cien años después
23 de Agosto de 2014


Óscar Jairo González Hernández, profesor de Comunicación y Lenguajes Audiovisuales, de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Medellín, analizó la obra de Dylan Thomas.


Foto: Cortesía 

Dylan Marlais Thomas (Swansea, Gales, 27 de octubre de 1914 – Nueva York, 9 de noviembre de 1953).

Ricardo Moncada Esquivel


Especial para EL MUNDO


¿Cuál es la importancia de la obra de Dylan Thomas en el panorama de la poesía?


“Yo tendría que iniciar diciéndome qué sentido tiene la importancia o no de una poesía que como la de Dylan, tiende y se tensiona de una manera totalmente lúcida, por su poder de determinación y de decisión incesante e incandescente hacia una relación concreta, con unas inclinaciones obsesivas que solo son de Dylan Thomas, quien las conoce y desencadena en sí mismo”. 


“No es pues,  lo que tiene importancia, sino que se realiza en aquello que no la tiene. Y por eso mismo tener importancia en la poesía es también no tenerla, esa es su contradicción, porque él es “consciente” en su inconsciente que no es eso lo que interesa a la poesía, porque la poesía no es el poeta, como se muestra en su obra poética y narrativa, donde hay y se mantiene asida al hierro como el imán, una poética en constante incitación y movimiento de experiencia límite”.  


“El poeta no es necesario para que la poesía pueda nombrarse, porque su poesía es de la muerte y de la luz que ilumina la noche de la muerte. La poesía ha de ser importante para él y no para los otros. Considero que la poesía de Dylan es importante para él y eso debería llenarnos de un temblor incontenible y provocar un sacudimiento de lo inexorable en nuestra lectura de su poesía, en la que muerte y luz son los símbolos que la poseen y la sumen en lo inquietante. Cuando se dice importancia, se quiere medir a un poeta y un poeta no se puede medir por su importancia. Y menos dentro de un panorama de la poesía galesa o inglesa, o la que sea. Dylan es un poeta y el lector ha de saber que está frente a un poeta, con o sin importancia dentro de las clasificaciones poéticas, donde él más que nada, no podría clasificarse nunca”. 


“No hay clasificación ni calificación para el poeta. Menos importancia o no. Es como intentar medir la calidad y la cualidad del sueño de un poeta, para de ahí deducir su importancia. No hay poetas importantes, hay poetas y Dylan lo es totalmente.  Quizá hoy se lea más a Auden, Heany, Marianne Moore o Sylvia Plath, pero  eso no quiere decir que ellos sean poetas más importantes; son poetas y eso debería decirlo todo, pero las clasificaciones que hoy todavía se hacen, de los poetas y su importancia quiere y busca la manera de hacerlos poetas importantes, no sabemos para qué lectores”. 


“Recordemos que siempre hay un lector que lee contra y otro que escribe sin necesidad de considerar la importancia o no de un poeta; y eso sin que hasta el momento, no ser importante ya de una vez indique que no se es poeta. Ya nadie lee a  Eliot, Pound, Wallace Stevens o Gary Snyder,  y eran  poetas muy importantes, pero que ya hoy nadie lee, ni a ellos ni a nadie. El hecho de que no haya muchos lectores y no sé cómo se mide la cantidad de lectores que tiene un poeta, de Dylan, no quiere decir que no sea  "importante".  Habría que buscar en Wilde eso de la importancia, a ver qué encontramos. Es una ironía”. 


-¿Cómo se ha reflejado su influencia en las generaciones posteriores?


“Y si estoy diciendo que la importancia no es aquí lo esencial, de  la misma manera y con el mismo sentido crítico, tendría que decir que ocurre lo mismo con la influencia. Y probar si existe o no en una generación posterior, resulta en consecuencia una tentación profética, que no estaría en condiciones de hacer.  Decir que Dylan ha influenciado o no a un poeta  concreto, no sería más que la exhibición obscena de un "absurdo". Tendría que haber un poeta que nos lo procediera a decir, e inclusive al decirlo, uno podría demostrar que no hay tal influencia de Dylan en su poesía. El poeta posterior, si es que hay un poeta posterior y uno anterior, tendría que  decirlo”. 


“Es como quien observa una pintura  de X o Y, de un pintor X o Y,  y dice para sí: habría sido maravilloso que el pintor le hubiese quitado la manzana que el hombre tiene en el rostro. No habría nada más obtuso, que decir eso. Ya el cuadro está hecho y el artista no está ahí, para inmediatamente proceder a  hacer el cambio que en su interioridad crítica hace el espectador o el lector”. 


“La creación poética y pictórica no obedece esas órdenes, inversamente y de una manera inconsciente las exceden por un orden inmedible de una excitada conciencia sobre la realidad y el mundo.  Yo no creo que haya "muchos" lectores de Dylan, como tampoco "muchos" de Patti Smith, Berryman, o William  Carlos Williams, Denise Levertov o Robert Duncan, no lo sé.  Y es muy interesante no saberlo. No sé cuantos poetas han sido influenciados por Dylan, no se puede saber, habrá uno y ese bastará para saber de la "importancia" de Dylan”. 


“Como decía el poeta Emilio Adolfo Westphalen, un poema auténtico es impresivisible e irrepetible, lo mismo ocurre con el poeta. De tal modo que hallar un poeta, que  influencie a otro u a otros, es extraño, a no ser de que se forme uno mismo, donde todos habrán de hacer lo mismo, o sea, participar en un movimiento poético y político, porque si hay que continuar la observancia de unos principios, un determinado estilo o una temática, prescrita entonces si hay una influencia de unos y otros.  Las posturas poéticas y literarias de Dylan nunca habrán de propiciar eso. No hay fórmula a imitar, hay tensión por la forma como en  un Huidobro, Vallejo, Trakl o Benn”.


-Se dice que su estilo fue retomado incluso en otras manifestaciones como la música a través de agrupaciones como Pink Floyd, Jim Morrison, la llamada generación de las flores, el movimiento Beatnik y la psicodelia: ¿qué opina al respecto?


“Podría decirse que en toda poesía hay música. Es un cliché, pero se dice y eso hace entonces que nosotros no lo consideremos así.  La música no es la poesía y la poesía no es la música. Hay temperaturas  allí que no pueden mezclarse, con las que no se puede hacer simbiosis. Y eso es necesario saberlo y establecer unas condiciones del no.  Y eso porque hoy se quiere combinar todo con todo, no bastaría sino decir holismo y todo está resuelto. No es tan así. Lo contradictorio existe, la contradicción no se tiene por qué exterminar y excluir. Dylan era un contradictor, pero con la poesía”. 


“La única contradicción de las contradicciones es la poesía, decía Lezama Lima. O sea, que la contradicción se resuelve en y con la poesía. Eso es maravilloso realmente. Dylan lo hace de esa "manera". Hay que hacer poesía para exorcizar la muerte y hallar, en el  intersticio, en lo intermitente (Ionesco) la luminosa luz. El sueño no es más que un momento de la muerte, pero no es la muerte: (…)... Enfurécete ante la muerte de la luz, dice en uno de sus poemas”. 


“Entonces, decir que en Pink Floyd, Morrison, los Beatnik o la Psicodelia, hay temas de Dylan, es y no es verdad. Recordemos solamente al maravilloso Robert Zimmerman, cambiándose su nombre por Bob Dylan, por adhesión y fascinación por la obra de Dylan Thomas. Esa es una verdadera adhesión, la que resulta del exceso en el nombre. Otro nombre excede el mío, no el hombre, sino el nombre”. 


“Podría sí, haciendo una inversión de perspectiva que las "letras" de las canciones de estos músicos si se hallan en conexión, pero turbada y por eso mismo modificada con el contenido de la escritura poética de Dylan; siendo Morrison también un poeta blakiano. Dylan quien en su relato: "Las huertas", nos dice desde la visión misma: (…) "Tullida como Pisa, la noche se reclinaba contra los muros. Ninguna trompeta golpeará los muros del País de Gales hasta derribarlos antes del último chasquido musical. Señaló a su Herman, que se esfumaba en una sombra al lado del jardín, y la figura de cabeza oscura, con cuervos en los hombros, apareció al lado de Marlais (…)"”. 


“De Dylan Marlais Thomas. La música no es lo musical, no es la letra, sino el espíritu que ella tiene, que ella inspira en quién la compone y quién la escucha. Y sabe escuchar los sonidos del silencio en la soledad irreprimible de la contemplación del ‘chasquido musical’”.   


“En relación con su influencia o no en el movimiento Beatnik, en Kerouac, Corso, Ginsberg, dudo mucho que hubiese habido una influencia, por lo que también ya había indicado. Una conexión no de por sí determina una influencia. Hablar con una poeta, de manera ocasional o circunstancial, puede ser tan decisivo como quedarse hablando con él toda una vida y una muerte; pero Dylan no estuvo muy cercano a este movimiento, ni diría yo, quiso estarlo”. “Es muy claro que no se menciona entre los Beatnik a Dylan, y es raro que el biógrafo de Kerouac, Gerald Nicosia, no lo mencione. Eso nos hace observar, como Dylan no  es quien más propicie encuentros y prefiera desistir claramente de la irrupción en la vida y obra de los Beatnik. Hay vidas que no soportan los innecesarios relacionismos poéticos y menos una poesía como la de Dylan, pues él  era  un poeta de esos que no tenían sino una causa, la causa poética, y por lo mismo tiene que probar esa causa de la que hablamos, que no tolera la imposición ni la impostura”.  


“Tal como lo hace ver al lector en su: Retrato del artista cachorro o en El visitante y otras historias. No siendo ni perteneciendo a los Beatnik, Rexroth, en su ensayo: Desconexión: "El arte de la generación Beat", nos dice de Dylan: ‘La última vez que vi a Dylan, su autodestrucción no solo había traspasado los límites de lo racional sino que había adquirido la terrible inercia de la materia inanimada. Estar con él era como si te barriera un torrente de rocas desprendidas’”. 



El autor

Dylan Marlais Thomas nació en Swansea, Gales, en 1914. A los 4 años fue capaz de recitar de memoria “Ricardo II”, de Shakespeare, con lo que dejó en evidencia sus dotes histriónicas. 


Su padre, David John Thomas (1876–1952), quien fue un escritor frustrado, graduado con honores de la Universidad de Aberystwyth y profesor de una escuela primaria (la Swansea Grammar School, donde estudió Dylan) vio en su hijo el enorme talento que estaba germinando e impulsó su formación.


A los 16 años, Thomas abandonó la escuela para convertirse en periodista del South Wales Evening Post. En labores para dicha publicación logró dar a conocer sus talentos como escritor.


Redactó obituarios poéticamente, y críticas de cine y teatro, en las cuales presentó una gran mirada crítica.


Se unió a un grupo teatral en Mumbles llamado Little Theatre, aunque prosiguió con su labor periodística de manera independiente.




Su estilo de vida

-¿El aura de leyenda de Thomas tiene que ver más con su estilo de vida y su muerte prematura o realmente fue un fenómeno de la literatura?


“Nadie se ha muerto antes de morirse. La muerte (lo tanático) siempre estaba ahí para él, no había por qué ocluir su sensación y su expiración e inspiración, son de la misma medida y la misma sensación que la de la vida. En uno de sus relatos, lo dice: "Conocía el último portento antes de la muerte y el misterio que desconcierta  y aúna los cielos y la tierra. Sabía que no había sido capaz de mantener intacto su milagro ante el ojo de Dios y el ojo de Sirio". (El ratón y la mujer)”.


“No, la muerte de Dylan ocurre en el momento en que la quiso, pero no sobra quien quiera relatarla de nuevo, mostrarla como un hecho trascendental, cuando no es más que un incidente. Y entonces se hace interesante por la manera en que muere, cuando lo que ha de llamarnos es su poesía, como en Pizarnik. Hay que leer a Pizarnik, eso es todo.  


“La tendencia al suicidio hace interesante a Dylan, pero hay que tener prudencia con esto. Löwry es un inmenso poeta y se burla macabramente de eso, pero también de su constante relación con el licor, que se hace entonces para ellos o ellas, "licor místico" (Mircea Eliade), o sea medio de creación y destrucción, de visión y de extravío, como ha de ser. E irresistible en su dinámica, dynaton”.   


“Hay y no hay fantasma y la forma de liberarlo es por medio del licor (whisky) como prueba de una insurrección invocante y de la naturaleza del drama existencial que cada uno se da a sí mismo; y eso demuestra cómo lo que está en el interior inabordable de quien ha decidido llevar una vida, haciendo uso y consumiendo sin medida, la membrana y la sustancia de su libertad. Eso es lo que hace e hizo en toda su vida el poeta  Dylan Thomas”.


“Hay que provocarse para llevar una vida que no sea sino eso, fascinación por la provocación hasta en la muerte. Lo de  menos, es el teatralizar la vida y hay que hacerlo. No muestren más a Dylan  con su brandy en la taberna (Brandy para el soñador, brandy para el peregrino, dijo la voz de madera. – Prólogo a una aventura-), lean su poesía: "Veinticinco años rememoran las lágrimas de mis ojos o  avanzo mientras dura la existencia para siempre, se decía"”. 


“No tenía estilo de vida, Dylan  tenía una estética, basada en unos principios inexorables e irreductibles, vivir  como un poseído. Es posesión luciferina, como en Baudelaire o Rimbaud, o en su querido Milton, quizá.   "Yo era el niño de aquel sueño, y me quedé muy quieto al saberme solo, al saber que aquella voz era la mía y que la oscuridad no era la muerte del sol, sino la luz oscura y encerrada entre las paredes de aquellos corredores sin ventanas. Saqué el brazo y se convirtió en un árbol. ("El limón")"”.