Editorial

La elección del contralor
21 de Agosto de 2014


Como lo ha sostenido, frente a las inquietudes que generó el denodado apoyo del presidente Santos a su candidatura, del doctor Maya Villazón queda esperar una gestión independiente y a la altura de su predecesora.

Con mayor holgura de la que imaginaron los escépticos, la plenaria del Congreso eligió al abogado Edgardo Maya Villazón, ex procurador General de la Nación que había obtenido el favor del presidente Santos, como nuevo contralor General de la República. Su victoria (37-21) en la votación de la bancada liberal y el respaldo del Partido Conservador abrieron paso a su elección, que también recibió apoyo del Partido de la U y de Cambio Radical, las otras colectividades de la Unidad Liberal. En el camino quedaron las aspiraciones de los doctores Carlos Rondón, ternado por el Consejo de Estado y candidato del expresidente Gaviria, y de Carlos Ardila Ballesteros, candidato de la Corte Suprema de Justicia, quien al final no obtuvo ni un solo voto.


Con la designación del jurista, queda superado un episodio que puso de presente las graves fallas del sistema de nominación de las cabezas del control fiscal y disciplinario, hoy a cargo de las altas cortes, y los daños que el modelo causó a los tribunales de los que se espera sean afectos a las ciencias jurídicas, no a las artimañas de la manipulación electoral que terminaron influenciándolos. El abierto apoyo del presidente a uno de los candidatos, las dudas por la violación de la Corte Constitucional a su propio reglamento a fin de garantizar la designación del doctor Maya Villazón, y el tono de pulso político entre casas que pretenden controlar el Estado, contribuyeron a que la votación se hiciera más en apoyo o contra los padrinos políticos que respaldaban a uno u otro candidato y fueron telón que impidió las discusiones más técnicas y necesarias, sobre el modelo de control que cada uno proponía, así como a las prioridades en su gestión. 


Quien suceda a la doctora Sandra Morelli deberá escoger si continúa el camino que ella marcó al promover la reforma al control fiscal, consignada en la Ley 1471 de 2011, para fortalecer su carácter punitivo, dándole incluso calidades de Policía judicial a sus funcionarios, y acrecentar sus responsabilidades en la vigilancia a la gestión de recursos en seguridad social, tema que está en la base de sus fuertes enfrentamientos con otros altos dignatarios del Estado, muy especialmente con el fiscal General. Si el doctor Maya Villazón va a mantener el estilo que caracterizó su gestión en la Procuraduría, cabría esperar que se enfoque especialmente al carácter preventivo del control fiscal, y sobre todo a la acción en procura de garantizar eficacia, economía, equidad y eficiencia en la intervención del Estado.


En efecto, y aunque en su gestión incurrió en algunos desmanes punitivos frente a funcionarios que le eran desafectos, la gestión del procurador Maya Villazón sobresalió por intervenciones que preservaron al Estado, sus organismos y protegieron a ciudadanos especialmente vulnerables. Se destacan en su gestión, entre muchos otros momentos relevantes, la intervención ante el Congreso que permitió salvar la justicia contenciosa, amenazada por interesados que pretendieron erigir el arbitramiento privado como forma de resolución de conflictos del Estado y sus contratistas. También fue notoria su decisión de dar prioridad a la vigilancia de la Procuraduría a la forma como los planes de desarrollo incluyen la infancia y la adolescencia y al seguimiento a las realizaciones en este campo. 


Además de los logros de una trayectoria de control con más profundidad que espectáculo, se ha difundido que el doctor Maya propuso dar prioridad a “vigilar que los recursos públicos se inviertan en la reparación de víctimas”. Según la escasa información sobre su audiencia ante el Congreso, se conoció, también, su propuesta de eliminar las contralorías territoriales, recogiendo una iniciativa centralizadora que ha hecho curso en otros momentos y que es respuesta trivial, y peligrosa, a los errores y actos de corrupción en algunas contralorías departamentales y municipales que han faltado a su deber. La ausencia de discusión temática en esta elección hizo aplazar, entonces, el necesario debate sobre el modelo del control fiscal que debe regir para una Constitución, la del 91, que pretende la descentralización del país, no la recentralización que rigió en el marco de la Carta de Núñez y Caro.


Como lo ha sostenido, frente a las inquietudes que generó el denodado apoyo del presidente Santos a su candidatura, del doctor Maya Villazón queda esperar una gestión independiente  y a la altura de su predecesora, funcionaria que terminó involucrada en tempestuosas confrontaciones que no podrán ocultar su estilo, su modelo de control fiscal ni sus contribuciones en la vigilancia al sistema ambiental, al uso de recursos en campos sensibles como los servicios públicos domiciliarios y su especial foco en la vigilancia al sistema de seguridad social y a aquellas entidades que han abusado de los recursos ahorrados por los ciudadanos y empresarios para generar bienestar.