Columnistas

Mateo
Autor: Henry Horacio Chaves P.
21 de Agosto de 2014


Mientras la primera delegación de víctimas escuchaba en La Habana un perdón sin precedentes por parte de las Farc, otra fracción de esa guerrilla producía nuevas heridas en el norte antioqueño.

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@HenryHoracio


Mientras la primera delegación de víctimas escuchaba en La Habana un perdón sin precedentes por parte de las Farc, otra fracción de esa guerrilla producía nuevas heridas en el norte antioqueño. Soldados muertos, civiles heridos, vehículos quemados, confianzas lesionadas. Más víctimas para un país en el que se cuentan por millones y quedan faltando “datos de otros municipios”. 


Es difícil entender la lógica de reconocer a las víctimas en Cuba y generar otras en el país. Pero si algo ha padecido la guerrilla por décadas es de lógica, de sindéresis y de coherencia. No podemos seguir pidiéndole peras al olmo, ni razones a quienes han sustentado su protagonismo en el concierto nacional a punta de fusiles, tatucos y bombas incendiarias. Es menester avanzar en la construcción de un escenario que sea favorable al perdón y a la reconciliación, poniendo en el centro de gravedad a quienes deben ser los protagonistas de la nueva historia: las víctimas.


Ese es el eje desde el que apunta el ángulo cinematográfico de María Gamboa, una documentalista bogotana que acaba de presentar su Ópera Prima: Mateo. Una historia de amor que refleja a las víctimas, pero sobre todo que reivindica la dignidad como opción individual y colectiva para mantener a raya a los violentos. Una película que se estrenará la semana entrante en el país, pero que ya ha cosechado ocho premios internacionales, y que tuvimos ocasión de ver como aperitivo de la décima segunda versión del Festival de Cine Colombiano en Medellín. 


El ritmo de la película, el guión, los planos, los ángulos desde los que se cuenta una historia en el Magdalena Medio, están llenos de una poesía que enamora, pero sobre todo, de un profundo respeto por la comunidad que ayudó a construir la trama y que actúa en ella. Un filme que sin reducirse al panfleto o a la militancia social, nos da cuenta de los lazos que se trenzan en nuestros pueblos, de la vida y de la época que les tocó vivir a nuestros jóvenes. Su trama pudo ocurrir a orillas del Magdalena, pero también del Cauca o cualquier río, incluso en la ladera de cualquiera de nuestras montañas. Es un drama que se repite en toda nuestra geografía. 


Y como es una oda a la dignidad, la película trata a cada personaje con ella. Cada historia, cada personaje, tiene lo suyo. Solo una mujer con la mirada decente de María Gamboa, entiende que esa historia no aguanta la voluptuosidad a la que nos ha mal acostumbrado el cine, como estereotipo de un erotismo forzado. Su protagonista es una mujer a la que le es suficiente su hermosura natural y una sonrisa que delata la limpieza de su alma. Tampoco requiere la velocidad de motores rugiendo, los planos acelerados o la imponencia de sofisticado armamento para que el miedo se sienta real.


En un país en el que los dirigentes de todos los niveles, los líderes, nos han acostumbrado más al volumen de su voz que a la fuerza de sus argumentos; en donde más que razones escuchamos epítetos y otros adjetivos; en donde expresiones como “Don” se las quitamos a los señores para designar a bandidos y en donde le hemos construido un altar a cada delincuente; conviene y refresca escuchar un guión lleno de reflexión sin otra pretensión que la de hacer arte y dar cuenta de una época. Mateo es la historia contada desde el lugar de las víctimas, pero es ante todo, un buen producto audiovisual. Por eso ha cosechado premios y por eso vale la pena verla con pañuelo y crispetas. . 


@HenryHoracio




Comentarios
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Elena
2014/08/21 02:38:42 pm
Hola. El Cha Cha Cha Martínez juega en el Porto de Portugal, no en el Oporto, que es un licor.