Columnistas

Matar a un periodista
Autor: Iván Guzmán López
19 de Agosto de 2014


Una sociedad que acosa y mata a sus periodistas, es una sociedad enferma.

ivanguzman790@gmail.com


Una sociedad que acosa y mata a sus periodistas, es una sociedad enferma. Lo grave, es que con esos asesinatos llegan las demandas y condenas nacionales e internacionales al Estado y, simplemente “se pagan”; entonces, los ciudadanos quedamos como cómplices de los asesinos y de la corrupción, porque esas demandas se pagan con nuestros impuestos. ¡Y no decimos nada!, pero los asesinos siguen libres, paseándose por campos y ciudades y alardeando del crimen, sin que la justicia llegue.  Pasa en Colombia, pasó la semana anterior en Antioquia (donde dicen que no hay corrupción, donde dicen que no se pierde un peso y a la que apodan “la más educada”). Se llamaba Luis Carlos Cervantes; tenía apenas 30 años, un hijo de 8 años y mucho valor para denunciar la corrupción (aunque dicen que en Antioquia no existe). Hace tan sólo dos semanas, la Unidad Nacional de Protección (UNP), en cabeza del cuestionado director Andrés Villamizar, le quitó su esquema de seguridad, por considerar que “ya no lo necesitaba”. El martes lo mataron tras ser interceptado por tres hombres, cuando viajaba en moto por un barrio de Tarazá. La primera amenaza contra Luis Carlos, dice la crónica, fue el 5 de septiembre de 2010. “Era un mensaje de texto en el que le advirtieron: “te vamos a matar por sapo”. Desde ese día, recibió más de treinta amenazas y fue blanco de dos atentados”. Pero justo quince días antes de que lo mataran, el señor Villamizar y compañía, le quitó su cutre esquema de seguridad, “porque ya no lo necesitaba”.


Las crónicas parecidas, son innúmeras: hace doce años, un sicario segó la vida del periodista e investigador Orlando Sierra Hernández, frente a una de sus hijas y a escasos metros del periódico La Patria, de Manizales, del que era subdirector. El crimen continúa en la impunidad, pues el único vinculado al proceso era el dirigente político de Caldas Ferney Tapasco, quien recobró la libertad en una polémica decisión de un juez de Pereira a finales de diciembre pasado. Sobre estos casos, el lugar común es el recuerdo de hombres y periodistas honestos, que denunciaban corrupción: Enrique Santos Calderón, expresidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) recuerda a Sierra Hernández como a “uno de los periodistas más valientes de Colombia, sin pelos en la lengua, de impresionante valor civil para denunciar entuertos y que libró una feroz batalla de muchos años, muy frontal en su columna, que al final le costó la vida”.


A su turno, Ignacio Gómez, presidente de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), conceptuó que la muerte de Orlando Sierra Hernández,  le ha dolido tanto “como la muerte de otros 35 colegas, amigos personales, que han sido asesinados en ejercicio de la profesión”. Por eso dice que siente “vergüenza de pertenecer al país más asesino de periodistas”.


El año pasado, para rechazar tanto asesinato de colegas, tanta impunidad, habíamos escrito en esta columna: hemos leído con fruición y dolor el libro Matar a un periodista. El peligroso oficio de informar, del periodista  norteamericano Terry Gould, nacido en 1949, en el barrio Brooklyn de Nueva York. En él, usando un lenguaje sencillo, directo, y con notables recursos literarios, “en un ejercicio excepcional de periodismo narrativo”, según opinión de algunos colegas, nuestro colega reconstruye las vidas y el trabajo (y las muertes) de unos  periodistas honestos, “cuyo único crimen fue contar lo que sabían”. El libro, Premio José María Portell a la Libertad de Expresión, 2010 (Asociación de Periodistas Vascos), Premio Tara Singh Hayer al Mejor Libro en Defensa de la Libertad de Expresión, 2009 (Asociación de la Prensa Canadiense) y  Premio al Mejor Libro de No Ficción, 2009 (Asociación Canadiense de Escritores de Novela Policíaca), narra las historias de Anna Politkovskaya (esa valerosa periodista rusa, famosa por denunciar los horrores y crímenes de la Rusia de Putin), y de otros seis periodistas de Colombia, Rusia, Filipinas, Bangladesh e Irak, las mismas que fueron investigadas por Gould, en el país y lugar donde ocurrieron los hechos, por espacio de cuatro años. Matar a un periodista. El peligroso oficio de informar, dice Joel Simon, director ejecutivo del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), “nos recuerda que el periodismo puede ser un oficio bello y cargado de significado, que su capacidad de combatir la injusticia es enorme y que en todo el mundo sigue habiendo periodistas dispuestos a dar sus vidas por contar la verdad”.


Puntada final: amigo y colega Terry Gould: venga otra vez a Colombia, para que se duela del asesinato y de la impunidad, en el caso de Orlando Sierra Hernández, entre otros; venga a la más educada, específicamente al Bajo Cauca, para que conozca la vida (las denuncias), pasión y muerte de Luis Carlos Cervantes, cuyos únicos haberes registrados, eran 30 años de vida, un hijo de 8 años y mucho valor para denunciar la corrupción.