Columnistas

Adelantar esa hora – Sobrado de lote
Autor: Alberto Maya Restrepo
18 de Agosto de 2014


Cuando los actuales diálogos que se adelantan en La Habana, sabrá Dios hasta qué fecha, lleguen al punto de decirles a las Farc: ¿cuándo y dónde devolverán a los niños que han reclutado y a los secuestrados que aun tienen?

Cuando los actuales diálogos que se adelantan en La Habana, sabrá Dios hasta qué fecha, lleguen al punto de decirles a las Farc: ¿cuándo y dónde devolverán a los niños que han reclutado y a los secuestrados que aun tienen? ¿Cuándo nos van a indicar en dónde enterraron a quienes mataron estando secuestrados? ¿Cuándo y dónde van a entregar las armas? ¿Cuándo y dónde nos van a informar sobre sus cultivos de coca y laboratorios? ¿Cuándo y dónde nos van a hacer entrega de planos de rutas y de contactos de narcotráfico? ¿Cuándo y cómo van a devolver, para auxiliar a las víctimas, el dinero que han recogido con el negocio de la droga, con el cobro de rescates y de extorsiones? ¿Cuándo y dónde se van a entregar ustedes para proceder con los planes de reinserción? ¿Cuándo y dónde van a indicarnos los lugares en los que han sembrado minas antipersonal? En ese momento, en consecuencia con su discurso público, las Farc se levantarían de la mesa, o sea, ahí vendría la desilusión una vez transcurrido un tiempo enorme durante el cual se alimentó la esperanza de todo el mundo en unos resultados inciertos, que solamente, hasta hoy, han mostrado ser estrategias para que Santos fuera reelegido. En fin, tantas preguntas que deben responder los guerrilleros antes de “firmar” el acuerdo final que tendrá que ser refrendado por los colombianos. 


Lo que Óscar Iván Zuluaga quería con sus propuestas, me parece, era adelantar esa hora de desilusión y de pesar que Santos ha dejado para que ocurra cuando esté a punto de salir de la Casa de Nariño y así cosechar, entre tanto, “logros y triunfos” de nada, sobre nada. Zuluaga tenía razón: primero que la guerrilla muestre voluntad y hechos de paz y, entonces, sí, a negociar.


Se infiere del bombo con el que han presentado ciertos “resultados” que todo es propaganda, construcción de castillos de naipes y, en medio de ese panorama gris sobre lo que finalmente sucederá, Santos alienta proyectos para cuando termine el conflicto, hasta buscando el respaldo de personas y entidades de talla internacional que, claro, como el 99% de los colombianos, quieren que haya paz, pero algunos ni entienden cómo se emprendieron y adelantan conversaciones en medio del conflicto. Ya veremos qué acuerdan cuando todo esté acordado. La meta de Santos es el Nobel de Paz y… como subproducto, ¿lograr alguito con las Farc?


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Tras su reelección, a Santos se lo ve con aires de “estoy sobrado de lote”. Como que los problemas serios del país le resbalan y pretende dejar la impresión de que todo está bajo su control, cuando es suficiente ver los noticieros cada día para entender que no es tan así, o, digamos, ¿a qué velocidad van todas las locomotoras que hace 4 años dijo echaría a andar?


Los hechos indicarían que Santos opina como ese político cachaco que decía que la democracia es muy bonita pero huele muy maluco. En su discurso del 7 de agosto, por no ser de su estrato 25, Santos ni mencionó ni, mucho menos, agradeció a Angelino Garzón que hubiese sido su vicepresidente, a quien escogió en su campaña de 2010 porque así atraía los votos del sector sindical, pero a sabiendas de que sería luego algo como un cero a la izquierda. Elitista y malagradecido. 


Mauricio Cárdenas, minHacienda, en una entrevista en el canal Cablenoticias, le abrió una puerta de escape a Santos; dijo que hacer carreteras y otras obras también es construir la paz, de tal manera que si lo de La Habana se convierte en fracaso entonces Santos tendrá disculpa para decir que en lo de la paz se ven resultados con dichas obras. Con cara gana él y con sello perdemos nosotros.


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PS.- ¿Qué podrá hacer Santos II, en cualquier campo, estando tan atado a la politiquería que solo funciona con burocracia y mermelada? Aunque… también puede ocurrir, a algunos sectores que lo apoyaron para su reelección los olvidará porque ya no le sirven, ya cumplieron con su ego y con su objetivo.