Columnistas

El derrumbe de la economía venezolana
Autor: Rafael Bravo
15 de Agosto de 2014


La economía venezolana se cae a pedazos. Con una inflación galopante y una crisis fiscal sin precedentes, el ciudadano común debe hacer largas filas para acceder a los productos de la canasta familiar.

La economía venezolana se cae a pedazos. Con una inflación galopante y una crisis fiscal sin precedentes, el ciudadano común debe hacer largas filas para acceder a los productos de la canasta familiar. No puede salir del país pues a las aerolíneas se les debe dinero. Si protesta se expone a un carcelazo o es tildado de enemigo de la revolución. El sector privado es visto como una lacra del capitalismo y es permanentemente acosado por un gobierno que determina precios, impone sanciones y maneja el mercado cambiario. No hay divisas ni incentivos para crear empresa. En síntesis, ser empresario en Venezuela es una odisea.  


Entretanto, el país es hoy día altamente dependiente de sus exportaciones de petróleo cuyos ingresos andan pignorados a los chinos quienes garantizan la financiación de producción, como la única forma de mantener el elevado gasto social que permita la permanencia del chavismo en el poder. Nicolás Maduro está ad portas de decretar un aumento en los precios de la gasolina pues es inaudito que se cobren 4 centavos de dólar por galón de gasolina mientras no hay comida.  El plan es multiplicar por 30 el valor actual, lo que permitiría reducir los susidios en un monto cercano a los 13.000 millones de dólares que mucho bien le harían a las finanzas públicas.


Pero para la mayoría de venezolanos ello es injusto teniendo en cuenta que el gobierno regala o subsidia a Cuba, Nicaragua y otros países caribeños cerca de 7.000 millones anuales en su diplomacia petrolera. Para un gobierno tan débil como el de Maduro, atrapado en el laberinto de sus indecisiones y sin oposición efectiva, cualquier medida que afecte los ya depreciados ingresos de los venezolanos podría terminar en otro ‘’Caracazo’’ o un levantamiento popular. 


Maduro en su más reciente desesperada movida ha decidido poner en venta uno de los activos más valiosos en el exterior: Citgo la red petrolera de Venezuela en los Estados Unidos. Hace ya meses que se rumora de esta posibilidad. Se calcula un precio entre  12.000 a 15.000 millones de dólares lo que valdrían las tres refinerías en Illinois, Luisiana y Texas, así como las 6.000 estaciones de servicio casi todas ubicadas en la costa este de Estados Unidos. Un botín nada despreciable sobre todo ahora cuando la insaciable voracidad fiscal del régimen se ve sin salida.


El Estado venezolano, a través de la estatal Petróleos de Venezuela-Pdvsa compró en dos tramos la totalidad de Citgo entre 1986 y 1990. Para esa época la compañía con sede en Houston, era la joya del plan de internacionalización de la industria petrolera venezolana. El plan era  avanzar en la integración vertical del negocio a escala global y garantizar la colocación de los crudos pesados venezolanos. 


Más allá de la coyuntura, la venta tiene otro propósito estratégico. En medio de las tensiones crecientes entre Estados y Venezuela, los activos de la empresa constituyen un blanco perfecto para eventuales sanciones. Venezuela se enfrenta hoy a 23 demandas de arbitraje ante el Centro Internacional de Arreglos de Diferencias en Inversiones (Ciadi) del Banco Mundial. Entre los demandantes hay petroleras como ExxonMobil y Conoco-Phillips. Si el tribunal llegase a fallar en contra de Venezuela, los bienes de Citgo podrían convertirse en objetos de embargo, un escenario al que Caracas trata de alejarse.


Hasta cuándo podrá el régimen chavista sobrevivir es lo que habría que preguntarse. La capacidad de endeudamiento se agota, la venta de activos que representan caja se van escaseando. Mientras tanto, desde La Habana se imparten instrucciones de como reprimir y asegurándose que haya un suministro oportuno de petróleo. Una tragedia para el sufrido pueblo venezolano.