Columnistas

Unidad Nacional por la paz
Autor: Gabriel Zapata Correa
8 de Agosto de 2014


El principal reto que se ha propuesto el presidente Santos para estos cuatro años que le faltan de gobierno, es lograr la paz.

El principal reto que se ha propuesto el presidente Santos para estos cuatro años que le faltan de gobierno, es lograr la paz. Lo ratificó el pasado 20 de julio, fecha en la cual posesionó el nuevo Congreso y lo reafirmó ayer desde la plazoleta Núñez en el Capitolio en el acto de su posesión para su segundo período.


Pero para llegar a este máximo propósito, consagrado por la Constitución, el presidente deberá conseguir unos pasos fundamentales que lo van a coadyuvar en su meta: Le debe apostar a la unidad nacional por la paz. Aunque el presidente ya cuenta con amplias mayorías en el Congreso y el respaldo ciudadano, debe abrir su espectro para convocar al sector privado, a las minorías, a los diversos actores sociales, a la oposición y también a la izquierda para que le ayuden a fortalecer la gobernabilidad, de cara a la etapa final de las conversaciones en La Habana y la aprobación popular a los eventuales acuerdos.


El Presidente ha sido coherente. No solo retó a los nuevos congresistas en la jornada legislativa que les espera, sino frente a la paz. - “Este será el Congreso de la paz”, les dijo. Pero su mensaje es que entre todos se debe buscar la unidad nacional alrededor de la paz. Y dando un paso al frente, les dijo: - “Seré el Presidente de todos los colombianos”, como un llamado a la oposición para que recoja las banderas y se una a los propósitos que deben ser nacionales.


Y en estos propósitos, como lo dijo ayer, está el de consolidar la seguridad nacional, pues en el 81% de los 1.102 municipios del país no se registró ningún acto terrorista desde el 2010 y en el 86% se logró la erradicación de las bandas criminales.


Otra de las banderas que quiere mantener en alto, es la aproximación del Estado a los territorios olvidados con una mayor eficiencia del ICBF y del Sena. En el Pacífico anunció una inversión de 400 millones de dólares.


La inversión en infraestructura será de 62 billones de pesos, especialmente para las vías de cuarta generación, y secundarias y terciarias, que permitan conectar a país rural con el urbano. Y en esa misma línea de una importante presencia del Estado, el Presidente buscará repotenciar la lucha contra la pobreza. Aunque las cifras son muy positivas, 2,5 millones de colombianos salieron de pobres, buscará que sus programas lleguen a 14 millones de compatriotas que aún sufren esa condición.


En su Gobierno se pasó de atender a 482 mil adultos mayores a 1 millón 273 mil, más la atención que se les ha prodigado a más de 1 millón de niños menores de cinco años. Y en inversión extranjera directa se consiguieron resultados superiores en un 149% a los registrados en 2010 y en el año pasado este índice se ubicó en un histórico de 16.722 millones de dólares.


Como se ve, las cifras favorecen al Gobierno en lo que ha pretendido: una mayor equidad, pensando en las personas de menores recursos económicos.


Pero el Presidente se ha planteado otro reto no menos trascendental que los ya anunciados: La reforma del Estado que busca fortalecer la institucionalidad, realmente debilitada por el desequilibrio de los poderes. Lo primero que se propone es acabar con la figura de la reelección y ampliar el período presidencial a cinco o seis años. La reforma del Estado tocará a las ramas del poder público, como Procuraduría, Contraloría, Fiscalía y las altas cortes. El clientelismo, la cooptación, el tráfico de influencias y el amiguismo han diezmado la administración de la justicia, hasta el punto que la credibilidad de la gente en el poder judicial está en el punto más bajo de la historia.


En este marco de reformas no se escapará el sistema electoral, incluida la perversa circunscripción nacional. Hoy en día 14 departamentos no tienen representación en el Congreso. Como se ve el panorama es halagador, pero a la vez significa un reto enorme, no solo para el Presidente, sino para el Congreso en pleno, con la oposición a bordo, si queremos que dentro de cuatro años podamos tener un país, son solo en paz, sino más justo y con mayor participación democrática.