Columnistas

Cosecha de tempestades
8 de Agosto de 2014


Si hay un conflicto que para la mayor韆 de la opini髇 p鷅lica resulta dif韈il de comprender y juzgar es el a馿jo pero siempre violentamente renovado antagonismo entre israel韊s y palestinos.

Jorge Simon Abulefe*


Si hay un conflicto que para la mayoría de la opinión pública resulta difícil de comprender y juzgar es el añejo pero siempre violentamente renovado antagonismo entre israelíes y palestinos. El ¿por qué?, cada una de las partes alega desde su plano una razón intrínseca y no minúscula o gratuita, sino mayúscula y vital. La razón de los judíos es que Israel es el fruto de muchas viejas heridas y sufrimientos padecidos en Europa y su Estado constituye un baluarte contra el antisemitismo. La de los palestinos es que, si era menester tener un Estado judío, por qué era a ellos y solamente a ellos, a quienes les correspondía asumir las consecuencias de los crímenes que únicamente los europeos y jamás los palestinos cometieron contra los judíos.


La realidad histórica registra que el gestor para la creación de un Estado judío, Theodore Herzl, inicialmente no pensó en Palestina, país que se sabía estaba habitado. En efecto, en su clamor a las potencias occidentales expresó: “Dadnos una porción del planeta lo suficientemente amplia para sostener a una nación y nosotros nos encargaremos del resto”. La creación del Estado de Israel en Palestina fue la consecuencia de una simbiosis entre el movimiento sionista y el Imperio Británico durante el período de oro del colonialismo -albores del siglo XX- cuando ese imperio se caracterizó por una acelerada expansión que buscaba consolidar su dominio en el Medio Oriente por su importancia estratégica y el canal de Suez, pero principalmente por su petróleo.


Terminada la Gran Guerra, Inglaterra consiguió ser designada como potencia mandataria sobre Palestina; es a partir de entonces que en vez de la independencia prometida a los palestinos terminó fomentando la inmigración masiva de judíos (con el controvertible argumento de supuestos derechos históricos, no obstante el vacío de 2000 años), convirtiendo así la región en una zona de permanente perturbación a efectos de impedir los brotes nacionalistas encaminados a obtener la soberanía petrolera para los árabes.


Lo grave no fue inundar un pequeño país como Palestina con inmigrantes de muy distinta idiosincrasia, idioma y religión a la de los nativos sino hacerlo a sabiendas de que sus aspiraciones eran totalmente incompatibles: los palestinos anhelaban su prometida independencia nacional y los inmigrantes la creación en Palestina de un Estado Judío libre de elementos nativos. 


Así fue como sembraron los vientos cuyas interminables y violentas tempestades han venido sacudiendo implacable y recurrentemente esa martirizada región.


Al término de la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos emergió como superpotencia, desplazando a Inglaterra; sus intereses geopolíticos en esa parte del mundo no le permitieron asumir un papel de mediador neutral, sino como un incondicional aliado de Israel, su base militar en el Medio Oriente, condenando así a esa región a seguir inmersa en una trágica crisis permanente.


*Ciudadano de origen palestino. Autor del libro Mitos y Realidades del conflicto palestino-israelí.