Columnistas

Universidad y desigualdad social
Autor: Jorge Alberto Vel醩quez Betancur
7 de Agosto de 2014


Un cambio de gobierno debe suscitar alg鷑 grado de inter閟 entre los ciudadanos. No digo emoci髇 ni esperanza porque esos sentimientos no se corresponden con la pol韙ica, dada la creciente desconfianza que cobija a los ciudadanos.

Un cambio de gobierno debe suscitar algún grado de interés entre los ciudadanos. No digo emoción ni esperanza porque esos sentimientos no se corresponden con la política, dada la creciente desconfianza que cobija a los ciudadanos. Pero ese interés no es de las mayorías que saben ya, por experiencia propia, que de los gobiernos no esperan nada bueno, porque gobernar es contratar y los contratos son para los amigos y socios de la empresa política que los mantiene en el poder. Además, la tradición colombiana indica que cada gobierno es peor que el anterior, lo cual explica la desigualdad social existente y la condición de Estado fallido que ostentamos en los índices internacionales, porque el Estado colombiano no satisface las necesidades de su población ni tiene el control del territorio ni de las armas ni de la justicia.


El escepticismo se debe a que no sabemos las fórmulas que aplicará el gobierno para solucionar cada una de las crisis que afectan al país: crisis de seguridad, de la salud, de la justicia, de la educación, pensional, penitenciaria, del agua y de los recursos naturales y así podríamos seguir la lista hasta agotar todos los derechos humanos y los sectores sociales y económicos.


En materia educativa, por ejemplo, no sabemos qué hará el gobierno para que la educación no sea un peso ni un motivo de frustración para las familias colombianas. Cada familia sueña con que su hijo o hija bachiller vaya a la Universidad. En ir a la Universidad y “sacar” un título profesional se enfocan las aspiraciones de movilidad social y de realización personal de numerosas familias que ponen sobre la mesa sus ingresos, sus ahorros y su capacidad de crédito, pero ese juego de posibilidades se reduce para un amplio número de colombianos porque la educación superior es costosa y la calidad de muchas instituciones ofrece dudas. Además, ya la Universidad no es garantía de trabajo o empleo porque la economía formal no dispone de las plazas necesarias para acoger a los miles de profesionales que se gradúan anualmente. Los gobernantes se han ocupado en los últimos años de ampliar la cobertura, lo que está bien como objetivo específico, pero la mayor cobertura no se compadece con la calidad ni guarda proporción con las ofertas de trabajo.


Estamos en presencia de un grave fenómeno, no reconocido, de desempleo y subempleo profesional. ¿Cuánto cuesta al Estado, a la sociedad y a las familias la formación de un profesional? Hoy los nuevos profesionales colombianos tienen que salir a la economía del rebusque o del subempleo que no compensa los gastos de su formación y a duras penas sí da para pagar las cuotas del Icetex. Como sucede con los jóvenes de los países europeos afectados por la crisis, los colombianos también están buscando para donde irse, ya que el país no les ofrece oportunidades. 


La educación superior sin oportunidades solo contribuye a elevar los niveles de frustración y de desigualdad social. O si no, ¿Cómo se explica que en Colombia declaren renta 2.100.000 personas mientras la población económicamente activa es de 22.441.388 ciudadanos, según datos del Ministerio del Trabajo correspondientes al año 2011? ¿Dónde están 20 millones de colombianos en capacidad de trabajar que no obtienen ingresos anuales superiores a 37 millones de pesos como hoy exige el estatuto tributario para obligar a la presentación de la declaración de renta por el año gravable 2013?


El dato del número de personas que declaran renta en Colombia es muy grave, si se tienen en cuenta los requisitos mínimos, porque pone de presente la inmensa y vergonzosa desigualdad social existente en el país.


Ese dato, así mismo, confirma los niveles de desempleo y subempleo profesional, pues de la población económicamente activa hacen parte 6.3 millones de personas que solo tienen educación primaria, 5.9 millones con educación media y 5.2 millones con formación superior o universitaria cuyo nivel de ingresos es insuficiente y no guarda relación con las expectativas profesionales.


Detrás de estas cifras se esconde una crisis social profunda, de la que nadie habla y, por supuesto, a la que tampoco se le buscan soluciones, porque a la gente le cuesta mucho reconocer que está desempleada o subempleada y mucho más si se tiene un título universitario.