Columnistas

Cien años de soledad
Autor: Dario Ruiz Gómez
4 de Agosto de 2014


La mejor crítica política, quién lo imaginara, es siempre la propia realidad, una realidad de miseria, olvido, corrupción, de afrenta al paisaje.

La mejor crítica política, quién lo imaginara, es siempre la propia realidad, una realidad de miseria, olvido, corrupción, de afrenta al paisaje. Porque una situación meteorológica como la que vivimos se encarga siempre de poner al desnudo las falencias en infraestructuras, en planificación, en salud y educación, - lo que no se hizo en cuatro años- en uso adecuado de la tecnología  para racionalizar las respuestas al cambio climático. Prácticamente desde el comienzo de la civilización la  regularización de las fuentes de agua mediante canales, la construcción de diques, esclusas, permitió en tierras desérticas la existencia de la agricultura. Los zenúes antes de Colón ya habían construido un sistema de canales  pero en la Colombia actual los kilómetros de canales construidos es ridícula. Recordemos las últimas inundaciones en el canal del Dique y el fracaso para hacerles frente dejando en la miseria a miles de habitantes.


¿Qué no hay agua en La Guajira? En 1934 Eduardo Zalamea Borda escribe esa obra maestra que transcurre en el árido paisaje guajiro, “Cuatro años a bordo de mí mismo”. Pero, ¿cuándo se ha puesto la tecnología al servicio de sus habitantes abandonados a su suerte entre bandas de malechores y dirigentes corruptos? El argumento de que se han gastado grandes sumas de dinero en construir pozos que no han servido para nada lo único que demuestra es los extremos ha que ha llegado el contratismo impidiendo la debida planificación de estas obras. El Levante español carece de agua y ésta es sacada de reservas subterráneas pero sus regadíos permiten que no desfallezca la producción naranjera. ¿Ausencia de mentalidad tecnológica? ¿No es debida esta ausencia -véase el atraso de nuestra ingeniería- al obstáculo planteado por una clase corrupta y un caciquismo feudal que ha impedido los cambios necesarios en la estructura social para sacar del atraso y la miseria a una población diezmada por las enfermedades, carente de futuro para sus niños?


¿Cuentan con agua potable los alucinantes cordones de miseria de Cartagena, Montería, Barranquilla? ¿Cuántos pueblos de los departamentos de la Costa cuentan hoy con agua potable? ¿Cuántos del Golfo de Morrosquillo cuentan con acueducto después de que los corruptos se quedaran con los miles y miles de millones por las regalías del petróleo? Desde la adolescencia estuve ligado a la Costa en Córdoba, Sucre donde me adentré en su grandioso patrimonio musical y humano, respuesta a la afrenta de la desigualdad mantenida por torcidos latifundistas. ¿Cuántos miles de niños mueren anualmente de enfermedades del estómago a causa de beber aguas podridas? ¿Cuántos han sido masacrados para desplazarlos de sus tierras? ¿Cuántos cientos de millones destinados a la salud se han robado? El narcotráfico sólo ha servido para que se tecnifiquen las estructuras del latifundio y se mantengan las mismas condiciones de miseria. ¿De qué sirvió la sevicia de los grupos guerrilleros luchando “a favor del pueblo”? ¿No es el renovado caciquismo lo que las últimas elecciones han legalizado? 


Un verso inmortal de  Toño  Fernández describe certeramente este dolor, esta soledad. :”¿A quién le contaré yo lo que a mí me está pasando/ Se lo contaré a la tierra cuando me la estén echando” El bello paisaje goajiro donde en medio del desierto, impávida avanza al ritmo de su burro, una madre wayú, el fata morgana me hace ver un mar destellante, una bahía donde dormitan unos flamencos rosados, y en medio de la sabana cordobesa el aroma intenso de los mata-ratones florecidos me sacude como si fuera el efluvio de un paraíso que se niega a morir. Al sol de los venados el rojo círculo del sol se va hundiendo en las aguas rumorosas, en una ranchería un niño me mira con ojos tranquilos y me saluda. Amén.