Columnistas

Televisi髇 cercana
Autor: Henry Horacio Chaves P.
31 de Julio de 2014


Los pol韙icos tienen muy clara la diferencia entre una aparici髇 de propaganda y una de inter閟 com鷑, conocen la medida exacta en la que el televidente debe ver al alcalde o al gobernador.

@HenryHoracio


La gran promesa de la televisión pública, regional y local, es mostrar el entorno cercano. Los canales asociados a los gobiernos departamentales o locales, han usado el presupuesto público para fortalecer aspectos culturales y cívicos propios del entorno, con el precepto de reflejar a sus sociedades. Así ha sido, con más o menores aciertos, en épocas y administraciones diversas.


La dificultad frecuente es distinguir entre los temas de interés general y la visión política que sobre ellos tienen las administraciones de turno. Allí nacen discusiones de contenido, valoraciones diversas del reflejo de la cultura, de la pertinencia de programas y enfoques. Pero sin duda, la almendra de la discusión está en el contenido de los noticieros y programas informativos. En el comienzo de la televisión hecha fuera de Bogotá no hubo muchos inconvenientes porque, como toda la programación, los informativos y espacios de opinión, eran hechos por productores independientes y entregados en licitación. Pero los canales tomaron cada vez mayor control de sus contenidos y las programadoras fueron desapareciendo, entonces los líos fueron aumentando.


Los políticos tienen muy clara la diferencia entre una aparición de propaganda y una de interés común, conocen la medida exacta en la que el televidente debe ver al alcalde o al gobernador. Pero cuando llegan a esos cargos la frontera se hace borrosa. Como no suelen ver la distancia entre el interés público y el público de interés, cada vez más gobernantes, asesores, gerentes, jefes de prensa y funcionarios, intervienen –o pretenden hacerlo- en los contenidos informativos y de opinión. 


Además de la experiencia en esas arenas movedizas, en las que se requiere una mezcla de criterio y carácter para sobrevivir, recuerdo las palabras María Teresa Herrán, quien advirtió en la cátedra anual de historia de 2002, que “en la televisión local sin ánimo lucro se entremezclan de manera desordenada intereses políticos, comerciales y aun religiosos, y no se vislumbran posibilidades de crear un sistema paralelo”: Males extensivos a la televisión en general pues, “los contenidos de la televisión son, sin duda, el reflejo de la sociedad en la que se desarrollan”, como dice ella.


En la televisión pública, lo deseable sería que los contenidos reflejaran lo mejor de la sociedad y atendieran las demandas informativas más allá de la propaganda política o del culto a la personalidad. Pero incluso en estos canales, es potestad del gerente decidir con quién trabaja, a quién contrata o le renueva un contrato. Así lo he defendido aun cuando decisiones como esa me afectaran en primera persona. Lo que no puede ocurrir, como denuncia Mauricio Arroyave en el caso de Canal Capital, es que se ejerza censura sobre los contenidos. Y eso resulta más intolerable cuando quien es señalado de esas prácticas prohibidas por la constitución y la ética, es una persona que como Holman Morris, se ha vendido a sí mismo como una víctima de la libertad de expresión. Vale recordar que todo atentado contra esa libertad lo es en esencia contra el ciudadano que tiene derecho a estar informado, como tiene derecho a que le muestren su entorno sin moraleja oficial.