Columnistas

Hablando claro
Autor: Sergio De La Torre
27 de Julio de 2014


La reelección de Santos no se dio por un margen muy ancho pero, de cualquier modo, significó una victoria clara de su nombre. Y de su política, cuyo eje es el proceso de paz.

La reelección de Santos no se dio por un margen muy ancho pero, de cualquier modo, significó una victoria clara de su nombre. Y de su política, cuyo eje es el proceso de paz. Por cuya continuidad se consignó el voto. Vale decir, para atajar a Zuluaga, que amagaba con ganar los comicios y asumir el mando para empantanar dicha empresa, poniéndole requisitos y condiciones que las Farc jamás concederían por anticipado, siendo como son su baza principal para lo que buscan sacarle al forcejeo final y decisivo de la negociación.


Es fácil entender que a la guerrilla no le conviene cesar, motu propio, sus hostilidades, erradicar las minas antipersonal, etcétera, como lo quiere el uribismo, sin que las tratativas hayan concluido. Si lo hiciera desde ya ¿qué podría ofrecer entonces a cambio del grado de impunidad que reclaman sus cabecillas y que es la base irrenunciable de sus aspiraciones? Ellos (como se adivina con solo observar lo tranquilos y orondos que se encuentran en su nueva condición de turistas habaneros) están ansiosos por reinsertarse, para poder disfrutar a sus anchas de los lujos y placeres que aquí en su patria tanto le censuran a los banqueros y terratenientes. Cuya riqueza, en promedio, es muy inferior a la que han amasado merced al secuestro, la extorsión, el narcotráfico y la minería ilegal del oro, amén de otras actividades, bien rentables y lucrativas, propias de ese odiado capitalismo, salvaje y ruin, a que se entregaron como buenos prosélitos (prosélitos, digo, no discípulos) de Marx en estos tiempos . Siguiendo, como por supuesto era de esperarse entre leales camaradas, los pasos de sus pares eslavos y chinos (que, sucumbiendo a sus encantos, regresaron al libre mercado por caminos distintos), y de los venezolanos de hoy. Tarde o temprano todos vuelven, con cierto disimulo, sin declararlo, y guardando las formas, por pudor, hasta donde les es posible. El balance final es claro: lo único que de veras “revolucionaron”, hasta pulverizarlo, es el dogma marxista (con la connotación religiosa que le cabe al vocablo) su aparente consistencia , su intangibilidad probada en tantos años de confrontación y debate, esa cierta coherencia formal que lo distingue y la atracción irresistible que ejerce sobre las almas simples y subalternas, no dadas a discernir por cuenta propia y menos a interrogar, pero sí proclives a la acción colectiva o de grupo, que al igualar y uniformar a los hombres, les exige menos en el marco de la “militancia”. Palabra que siempre será sinónimo de disciplina y obediencia.


Lo arriba dicho busca resaltar el leit-motiv de la disposición dialogante de la guerrilla, que no es otro que el de ponerle fin a un conflicto estéril y que ya se sabe perdido. Fuera de que el entorno internacional hoy no la favorece tanto como antes: juraría que la propia Cuba (la primera en querer reinsertarse) en privado le censura sus prácticas criminales y su terrorismo recurrente, para no hablar de la cúpula en Venezuela y Nicaragua, que se los aguanta no muy a gusto, me imagino. 


Aquí parece que no supiéramos medir o calibrar el trasfondo de los diálogos, sus móviles de orden sicológico, lo que hay en la penumbra. Así no lo confiesen ni demuestren, tienen más afán Timochenko y compañía en terminar la guerra que el propio establecimiento oficial. El cerco se les está cerrando. Razón por la cual el Gobierno, recién revalidado en las urnas, sin alterar la marcha de las conversaciones ni perturbar la mesa, debiera hablarle claro a los comandantes con respecto a la voladura de oleoductos, el derrame de combustible y el daño ambiental irreparable -con visibles secuelas para las comunidades afectadas- a que se han dedicado en los últimos meses, copiando a los elenos. Menester es que ellos sepan que la contraparte no admite que tales actos se repitan y prolonguen. Entre otras cosas porque atentan contra el proceso de paz. Los peores enemigos del cual hoy parecieran ser, no Uribe y la ultraderecha , sino las mismas Farc que, con tales excesos demenciales, están fatigando a la opinión pública nacional e internacional. Y minando las posibilidades de que el referendo previsto para ratificar un eventual acuerdo, se gane. Además porque están demorando los diálogos más de lo que la paciencia de la sociedad puede soportar. Ha llegado el momento pues de decirlo así, en recinto cerrado pero sin tapujos. E involucrar en la faena a los países facilitadores o mediadores, Noruega, Chile, Venezuela y Cuba, que para eso fueron designados y aceptaron el encargo hace dos años.